Ginger, el descanso merecido de BROCKHAMPTON

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La historia de BROCKHAMPTON es una compleja y triste. Y para los que piensan que se debe separar al arte del artista (y, por consiguiente, al arte del contexto en el que fue creado), un grupo como BROCKHAMPTON hará lo posible para que su historia sea recordada y tenida en cuenta. Luego de que este grupo seminar de la escena del hip hop contemporáneo tuviese que echar a Ameer Vann, miembro clave del grupo, a mediados de 2018 por acusaciones de acoso sexual (y quién sabe qué más), todos los miembros subsecuentemente se encontraron tanto en sus propias crisis personales, como en una crisis grupal. El cambio de sonido de su disco anterior, iridescence, reflejaba esto: más agresivo, distorsionado, abstracto en su estructura y letras, con una resolución poco clara e insatisfactoria, el disco terminando en un limbo sin fin. Un gran disco, a la altura de todo lo que habían hecho, pero se notaba que dependían de él; era una oportunidad para que todos puedan expurgar sus demonios y encontrar una nueva dinámica grupal. Ahora, un año después, los volvemos a encontrar en GINGER, un proyecto que prueba que a veces, incluso cuando las cosas cambian, mucho permanece igual.

Esto no significa que GINGER tenga mucho en común sonoramente con iridescence: todo lo contrario, BROCKHAMPTON parecen haber abandonado ese sonido completamente, volviendo a tonos más amenos y amigables, con tonos y líneas de sintetizadores, trompetas y percusión que deliberadamente remontan a los momentos más livianos de la era SATURATION. Pero no traen estos tonos de vuelta sin ningún cambio: la atmósfera de este disco es más cansada, más fatigada que nunca. Los pocos momentos de catarsis vienen sin anunciarse y se van así de fácil, todavía están pasando por un proceso del que no saben lidiar, y se nota que les está afectando profundamente. El tema titular logra brillar, con un teclado apropiadamente esperanzado pero desanimado (salido casi de un tema de Gorillaz); “SUGAR”, uno de sus mejores temas pop, tiene melodías por doquier, y logra dominar una atmósfera impaciente y frustrada; y “DEARLY DEPARTED” parece hacer que el tiempo pase en cámara lenta para que cada miembro pueda expresarse sin compromisos. Pero estas son excepciones, y gran parte del resto del disco tiene instrumentales que no parecen ir a ninguna parte (sobre todo los últimos 3 temas), y con excepción de la amenaza juguetona de “I BEEN BORN AGAIN”, los temas más uptempo no tienen la fuerza que tenían antes.

Algo que no ha deteriorado y, es más, ha sido desarrollado en GINGER es la dinámica de grupo. Kevin sigue siendo el excelente maestro de ceremonia, esta vez quedándose más al margen, dándole a Dom la posición del rapero más potente y vicioso; JOBA sigue siendo el comodín del grupo, con su inestabilidad vocal que descoloca en la medida justa cualquier tema en el que él esté; Merlyn sigue siendo no tan utilizado como podría serlo, probablemente porque este disco es más meloso que otros, y él tiene una intensidad en su voz que es difícil apagar; y bearface siguió desarrollando su papel en iridescence de figura diabólica cuasi-sensual, pero que no abandona su voz angelical y su don para melodías tanto hermosas como desgarrantes. Entre sí, logran encontrar una dinámica que, cuando funciona, los ayuda a todos. Es en este disco donde claramente necesitan apoyarse entre sí para poder sobrevivir. Líricamente, sienten que tienen que enfrentar sus demonios una vez más, y esa fatiga emocional resuena.

Lo que sucede es que, por primera vez en sus carreras, los resultados no son tan atractivos como antes. Este es el disco más lúgubre de su carrera, en donde las letras y los sonidos no evocan salidas con amigos en donde discuten sus bagajes, si no pasar el día en la cama, reflexionando para uno mismo las propias victorias y fracasos de uno. Y aunque logran construir esa atmósfera gran parte del disco, BROCKHAMPTON siempre funcionaron cuando no se apegaban a un solo estado de humor, su eclecticidad es parte de lo que los hace tan especiales. No hay un balance entre las baladas introspectivas (que dominan el disco) y las canciones más potentes, sueltas y divertidas (de las cuales hay máximo 3), lo que genera que al escuchar la tercer balada triste de corrido, todo empiece a sonar parecido, ya que sus productores no tienen demasiados tonos interesantes. Verlos tocando la misma nota una y otra vez es una experiencia frustrante; GINGER es un disco demasiado monótono para este grupo.

Sin embargo, es importante tomar a este disco por lo que es, y no por lo que uno querría que fuese. GINGER no es un disco de autocompasión penosa, es el disco luego de la tormenta, luego de la catarsis, más alejados del dolor que antes. El último tema, “VICTOR ROBERTS”, termina con Kevin apreciando a sus amigos y a sus fans por acompañarlo siempre, pero más que todo, da gracias por él, por no bajar los brazos al enfrentarse con tantos desafíos. Es ese mensaje de universalidad y perseverancia el que hace que el disco sea como es. Están cansados de pelear, claramente, pero rendirse no es una opción, y lo saben. Y al tener esa claridad de mente, un descanso sonoro es bien merecido, y aunque la calidad sufra marginalmente por esto, es bueno escucharlos así.

Spotify: https://open.spotify.com/album/1BrBVH1v92OAzRDijSyhj9

Apple Music: https://music.apple.com/ar/album/ginger/1476858989