Crítica de “Ese oleaje hirviente”, de María Evangelina Vázquez

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Ese oleaje hirviente es un libro de poemas que hablan de la mujer, de lo femenino en tanto cuestiona los valores tradicionales: la maternidad, el matrimonio, los roles socialmente asignados. De este cuestionamiento, surge una nueva mujer que ya no es modelo de nada, sino que se propone como una individualidad que escapa a cualquier encasillamiento.

Romper un molde implica valentía, pero también asumir la soledad, uno de los temas que recorren el libro. “Soy la extranjera la que genera sospechas / La que todos miran de costado porque no quiere / formar parte / Prefiere ser solo la espectadora  / de una pintura que se dilata y amenaza con incluirme / o devorarme”, dice la protagonista de estos poemas, un yo que transita un movimiento pendular desde su propia interioridad hacia el vos -como objeto de ese deseo-, o hacia los otros, territorio de lo ajeno. Si el yo está presente en cada uno de los poemas, el vos, espacio masculino, viene a establecer un diálogo sin interlocutores, un soliloquio que nombra al otro ante la imposibilidad de tenerlo, o ante la elección de dejarlo ir: “Podría llenarme de tus latidos / conservarlos bien cerca de los míos // Podría llenarme de todas las versiones / que existen de nuestros encuentros / Pero elijo vaciarme / para ir más ligera”.

Poesía metafísica, Ese oleaje hirviente, narra además un camino de autoconocimiento y de reconocimiento, cuyo eje es la palabra. Así, el poema establece un segundo diálogo, que conversa también con la tradición y con la literatura, a través de los epígrafes de diferentes autores. Para llegar al autoconocimiento, ese yo femenino se aleja de lo convencional, como ya dijimos, rompe con estereotipos y traduce esa ruptura en el plano del lenguaje: “Te eufemizo porque no puedo nombrarte / te arranco y arremolino / te acerebro y acuerpo y te voy almando / no me alcanza con amarte”.

El libro de María Evangelina Vázquez contiene, asimismo, una reflexión sobre la poesía, sobre sus límites, sobre lo que significa la escritura poética en la que “nuestra voz / se vuelca en las palabras / y suena por dentro / vibra / esa piedra / deja ondas en el estanque del lenguaje”. El poema así se transforma en fondo y forma, en continente y contenido: “La gran paradoja es / que aquello que nos deja al descubierto / puede ser justo el traje / que estábamos buscando”.

En cuanto a lo estilístico, la autora despliega toda una serie de recursos expresivos que dan cuenta de un manejo acertado del lenguaje poético, en especial de las imágenes y las metáforas que buscan nuevas resonancias que escapan a otras ya gastadas. “el poema es un desnudo involuntario”, “un cuento / sin desenlace / como el sexo inacabado”, “el oleaje hirviente de la vida”, la agonía de la tarde que “lanza la espuma naranja de un día que no volverá”.

En un contexto en el que se publica y se lee más poesía, Ese oleaje hirviente es una invitación a disfrutar de un buen libro que nos permitirá también descubrirnos en esa lectura.

María Evangelina Vázquez, Ese oleaje hirviente, Alción Editora, 2018, 126 págs.