Entrevista a Alejandro Genes Radawski: de Rosario a Finlandia

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Alejandro Genes Radawski es director, docente y escenógrafo, licenciado en Artes escénicas. “Me siento rosarino”, afirma, a pesar de que su lugar en el mundo son muchos lugares. Becado en varios países europeos, trabajó en Polonia, Génova, Roma, Finlandia, entre otros, pero nunca deja de estrenar alguna obra en la Argentina.

El teatro, su vida nómade, la cultura son algunos de los temas que desarrolla en esta charla con Leedor.

Polonia, Roma, Esparta, Finlandia, me acordaba de Gombrowicz y este no pertenecer a ningún lado del todo, ¿cómo se da ese sentimiento en vos?

Yo siento que pertenezco a todos lados del todo, y ese estilo de vida me seduce de una manera escandalosa. Este último viaje fue maratónico con trabajos en Cracovia, Génova, Sysmä, Esparta, Madrid, Roma… No puedo imaginarme a largo plazo en ningún lugar porque amo salir de cualquier zona de confort y aventurarme a hacer cosas nuevas con gente que no conozco en ciudades que nunca antes visité

¿De qué manera seguís conectado con la Argentina? ¿O ya te sentís más europeo?

Me siento rosarino, que no es ni ser argentino ni europeo, y eso solo lo podrán entender quienes han nacido a las orillas del Paraná. Soy fanático enfermo de Rosario Central y amo comer un buen carlito. En Argentina tengo a mis actrices con las que adoro trabajar y cada vez que vuelvo pienso en la nueva obra que vamos a montar.

 Contame de las últimas becas para escritores en Finlandia, Esparta y Genova.

La de Finlandia era para escribir una obra teatral sobre la Masacre de Katyn, en Sysmä, una ciudad de menos de tres mil habitantes, gracias a la fundación Nuoren Voiman Liitto, dónde escribí mucho y fui a pescar a los lagos que se fueron congelando. Como siempre me muevo entre el invierno argentino y el europeo, pero en Sysmä estuve a menos 30 grados, con luz diurna de tres horas y nieve constante, un lugar ideal para mí, ideal para escribir.

En Esparta fue una beca gracias a Koumaria Residency para escribir un diario poético sobre la residencia en sí, sobre el vínculo con otros artistas de otras disciplinas, sobre las performance que se presentaban. La residencia estaba en el medio de la nada en una montaña en un pueblito de menos de doscientos habitantes. Otro paraíso.

La de Génova, fue en la Fundación Bogliasco, una de las residencias más reconocidas de Europa, para continuar escribiendo sobre la Masacre de Katyn, en una mansión espectacular a orillas del Mar de Liguria, donde constantemente por las ventanas entraba el sonido de las olas. Fue una increíble experiencia donde escribí en las más hermosas de las playas italianas.

Como si fuera poco, publicaste tu último libro Dramaturgia antysnobistyczna en polaco

Sí, fue un encargo de la Embajada de Polonia en Buenos Aires, es un libro bilingüe de 650 páginas, la primera mitad en polaco y la otra en castellano, publicado por la editorial WFW de Varsovia y contiene cuatro de mis obras teatrales, “El alemán que habita en mí”, “Nueve coma ocho…”, “La negación” y “Muero de ti”.

¿Cómo llegan Carlos Pacheco, de La Nación, y Roberto Perinelli a participar de la redacción del prólogo?

Roberto ya había escrito tres prólogos de los cuatro libros que he publicado en Buenos Aires por Ediciones Corregidor, y como le digo yo, él es mi prologuero favorito. Con Carlos nos conocemos hace menos tiempo; él ha venido a ver algunas de mis obras en calidad de crítico de La Nación, y producto de sus críticas nos conocimos. Le propuse participar y no lo dudó. Yo feliz: es como tener en tu equipo a Messi e Iniesta.

A juzgar por tu experiencia, parecería que las becas para escritores funcionan mejor en Europa, ¿qué dirías vos al respecto?

Claro que funcionan mejor, porque allá los jurados son de diferentes países y es más difícil que los conozcas. Eso vuelve a los concursos y llamados más transparentes y menos corruptos, a diferencia de lo que sucede en nuestro país, pero esto no es algo nuevo en mi crítica a los mecanismos putrefactos del funcionamiento de la cultura en Argentina, donde todo se maneja por amiguismos, y los jurados premian a sus amigos y los programadores a los suyos. Y lo repito una vez más, estamos viviendo un momento muy triste de prostitución artística nunca antes visto. Por ejemplo el año pasado apliqué a cinco llamados en Argentina y a cinco en Europa; el resultado: gané tres becas en Europa y nada en mi país.

De todas maneras, ahora en la Argentina tenés en cartel más de una obra

Los jueves a las 21 en el Camarín de las musas está la obra La primera vez del dramaturgo polaco Micha? Walczak, con las actuaciones de Lujan Bournot, Damián Albariño y María Espina. Es una comedia absurda muy delirante. Lo que me atrapó del texto fue que no tenga didascalias, que es mi forma de escribir también, y aparte lo vi permeable a mi forma de dirigir, a mi búsqueda de lo multidisciplinario, de la creación de un show alejándome férreamente de ese teatro arcaico que se asemeja más a una lectura dramatizada que a un hecho artístico, donde los actores están parados o sentados y ponen voces o prestan sus emociones al servicio del autor. Yo busco fisurar y crear por fuera de lo que está escrito, por eso incluí un tercer personaje que no está en el texto original, y jugué todo lo que quise para crear una obra de teatro, y no la representación de un texto escrito. La primera vez, sobre todo, me parece que toca una problemática hiperactual: la imposibilidad del encuentro con otro. Creo que mi generación, la que oscila entre los 25 y 40, fuimos atropellados por la tecnología de una manera salvaje y no sabemos muy bien cómo usarla. Hoy estamos todos desconectados en la vida real y conectados a través de una pantalla, donde las relaciones se pueden bloquear con un solo clic. Si no es perfecto, se desecha, ya que estamos más pendientes del detalle que de la construcción con un otro, donde cuesta mucho mirarse a los ojos y reconocerse, ya que la realidad está velada por las redes sociales, y ese mundo virtual es más importante que el real, y el amor romántico es detonante de burla, como si ser cursi hoy fuese un delito. Entonces, desde la puesta, planteo una repetición en la búsqueda de la perfección en el amor como perversa maquinaria de construcción imposible con un otro posible donde ellos intentarán el imposible posible de amar. 

Y a partir de estas libertades que te tomás con el texto, también estás propiciando la mayor participación de espectador

Al trabajar con un texto tan abierto que permite múltiples finales e interpretaciones creo que el público puede elegir su propio camino, el de la risa o el de la angustia, el del sentido racional del todo o el del juego donde nada tiene sentido. Para mí como director esa es la clave en todos mis trabajos: nunca jamás definir nada, dejarle al público esa tarea. Yo nunca voy a enjuiciar o dar un veredicto como mensaje final en mis obras; eso no es algo que me interese ni tampoco es mi búsqueda artística, ni creo que deba ser de nadie.

Volvamos a tus obras en cartel

Los miércoles en el teatro La comedia a las 21 vuelve Ferdydurke, la adaptación de la novela de Witold Gombrowicz, y en relación con lo anterior, el pasaje de novela a teatro ya me puso en el lugar de tener que crear un código nuevo. Eso me otorgo libertades y pude crear un bello dispositivo escénico a través de los vestuarios, la ruptura de la cuarta pared y la interacción con el público. También estoy en proceso de ensayos de dos obras, una es El alemán que habita en mí, que está programada para la reapertura del teatro del Pueblo, los viernes a las 22 h, y la otra es El mentidero, una obra nueva de mi autoría que se estrenará en octubre en el Camarín de las Musas.

¿Qué tiene que tener un actor o una actriz para trabajar con vos?

Primero tiene que saber coser vestuarios, saber usar herramientas para realizar escenografías, salir a volantear, saber pintar, saber armar carpetas de subsidios, hacer trámites, ser fleteros, ser agente de prensa, saber de electricidad, ser productores, ser community manager y manejar las redes. Esta es la única manera que entiendo en hacer teatro, el ser parte de una obra, donde lo grupal siempre va a estar por encima de lo individual. Segundo, no deben preguntar nunca “¿por qué?” a nada, o estar dispuestos a escuchar que les responda “porque sí”. No puedo pensar en otra manera de hacer teatro, en que todo es un juego, donde lo racional no tiene lugar, desde el “porque sí” es desde dónde creo yo un teatro lúdico que está en constante guerra con la psicología. Luego me alejo del teatro partidario y de los artistas militantes, porque un artista debe odiar a los políticos, a todos por igual para poder criticarlos. En cuanto un artista se casa con un nombre o un partido, su arte, desde mi punto de vista, tiene olor a podrido y está traicionando la función básica y elemental del arte, que es criticar a la política y a todos los políticos por igual.