Crítica de Matar a un muerto, de Hugo Giménez. Las aguas bajan turbias

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Coproducida entre Paraguay, Argentina y Francia, bien podemos considerar a Matar a un muerto, ópera prima de Hugo Giménez, como un nuevo escalón en el creciente e importante cine paraguayo. La productora involucrada había sido la de aquel film inaugural de este cine que fue Hamaca paraguaya. Inaugural en el sentido que a partir de allí Paraguay sorprendió con películas como 7 cajas, Las herederas o la misma Las acacias (también producida por Sabaté Films) y se instaló una cinematografía de recorrido internacional, y claro que lo celebramos.

Aunque filmada íntegramente en exteriores, el film de Giménez que también escribe el guión, logra un clima de claustrofobia y encierro realmente destacable. Dos hombres tienen una tarea monótona pero perversa: enterrar a los muertos que el ejército deja en las orillas del río, un río que funciona como frontera entre la vida y la muerte y como no lugar también. Viven en una precaria casa en el bosque. Es época de Dictaduras en Latinoamérica, unidas por los macabros designios del Plan Cóndor, un sistema de colaboración para ejercer el Terrorismo de Estado: en Paraguay Stroessner, en Argentina Videla. Es el año del mundial 1978, y la única radio que tienen, devuelve algunas pocas noticias del desarrollo de los partidos. Los muertos llegan muertos, hasta que uno llega vivo. Y habrá que decidir qué hacer con él.

Muchos años después las aguas vuelven a bajar turbias.

Giménez maneja con sobriedad los movimientos de su actores, sus gestos, invitando más a la sugerencia y por lo tanto a desentrañar quiénes son esos hombres, qué piensan, a qué le temen y fundamentalmente cómo enfrentan esa nueva e inesperada decisión que cuestiona el tema de la obediencia debida, desde lo más humano. La cámara funciona así en un lugar de pregunta antes que de respuesta. Los seguirá entre los árboles, en las fosas, se aquietará en el momento de la lluvia. No habrá juicio sobre sus actos pero sí capta con fuerza poderosa el miedo ante el superior. Tiene espacio también para el pensamiento mágico y allí el fantasma de un perro salvaje y un amuleto en un pequeño frasco funcionará como amenaza o castigo.

Gran film de actores. Recomiendo mucho Matar a un muerto.