Antonin Artaud, poeta y dramaturgo

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    Antonin Artaud (1896-1948) fue un poeta, dramaturgo y actor francés, cuyas teorías y trabajos influyeron en el desarrollo del teatro experimental. Fue cofundador del Théâtre Alfred Jarry en 1927, en el que produjo varias obras, incluyendo una suya The Cenci (1935), representante de su concepto de Teatro de la Crueldad.

    Para Artaud el Teatro de la Crueldad debía minimizar la palabra hablada y dejarse llevar por una combinación de movimiento físico y gesto, sonidos inusuales, y eliminación de las disposiciones habituales de escenario y decorados. Con los sentidos desorientados, el espectador, entonces, se vería forzado a enfrentarse a su ser esencial.

    Impedido por sus enfermedades, Artaud fue incapaz de poner sus teorías en práctica. Su libro El Teatro y su Doble (1938) describe fórmulas teatrales que más tarde, sin embargo, influyeron en el teatro posterior como el del absurdo.

    Poeta negro, de El ombligo de los limbos

    Poeta negro, un seno de doncella
    te obsesiona
    poeta amargo, la vida bulle
    y la ciudad arde,
    y el cielo se resuelve en lluvia,
    y tu pluma araña el corazón de la vida.

    Selva, selva, hormiguean ojos
    en los pináculos multiplicados;
    cabellera de tormenta, los poetas
    montan sobre caballos, perros.

    Los ojos se enfurecen, las lenguas giran
    el cielo afluye las narices
    como azul leche nutricia;
    estoy pendiente de vuestras bocas
    mujeres, duros corazones de vinagre.

    Texto surrealista

    El mundo físico todavía está allí. Es el parapeto del yo el que mira y sobre el cual ha quedado un pez color ocre rojizo, un pez hecho de aire seco, de una coagulación de agua que refluye.
    Pero algo sucedió de golpe.
    Nació una aborrecencia quebradiza, con reflejos de frentes, gastados, y algo como un ombligo perfecto, pero vago y que tenía color de sangre aguada y por delante era una granada que derramaba también sangre mezclada con agua, que derramaba sangre cuyas líneas colgaban; y en esas líneas, círculos de senos trazados en la sangre del cerebro.
    Pero el aire era como un vacío aspirante en el cual ese busto de mujer venía en el temblor general, en las sacudidas de ese mundo vítreo, que giraba en añicos de frentes, y sacudía su vegetación de columnas, sus nidadas de huevos, sus nudos en espiras, sus montañas mentales, sus frontones estupefactos. Y, en los frontones de las columnas, soles habían quedado aprisionados al azar, soles sostenidos por chorros de aire como si fueran huevos, y mi frente separaba esas columnas, y el aire en copos y los espejos de soles y las espiras nacientes, hacia la línea preciosa de los senos, y el hueco del ombligo, y el vientre que faltaba.
    Pero todas las columnas pierden sus huevos, y en la ruptura de la línea de las columnas nacen huevos en ovarios, huevos en sexos invertidos.
    La montaña está muerta, el aire esta eternamente muerto. En esta ruptura decisiva de un mundo, todos los ruidos están aprisionados en el hielo; y el esfuerzo de mi frente se ha congelado.
    Pero bajo el hielo un ruido espantoso atravesado por capullos de fuego rodea el silencio del vientre desnudo y privado de hielo, y ascienden soles dados vuelta y que se miran, lunas negras, fuegos terrestres, trombas de leche.
    La fría agitación de las columnas divide en dos mi espíritu, y yo toco el sexo mío, el sexo de lo bajo de mi alma, que surge como un triángulo en llamas.

    No

    No
    pero cuando tenía hambre
    todo retrocedía con mi cuerpo
    y no me comí a mí mismo
    pero todo esto se ha corrompido
    una operación insólita se efectuaba
    yo no estaba enfermo
    yo reconquistaba la salud
    siempre por un retorno hacia atrás del cuerpo
    mi cuerpo me traicionó él no me conocía bien aún
    comer es llevar adelante aquello que debe quedar atrás
    ¿Dormía yo?
    No, no dormía
    hay que ser casto para saber no comer
    Abrir la boca, es ofrecerse a las miasmas
    Entonces ¡nada de boca!
    Nada de boca
    nada de lengua
    nada de dientes
    nada e laringe
    nada de esófago
    nada de estómago
    nada de vientre
    nada de ano
    Yo reconstruiré el hombre que soy

    Junto a mí, el dios-perro

    Junto a mí, el dios-perro, y su lengua
    atravesando como una flecha la costra
    del doble cráneo abovedado
    de la tierra que lo escuece.

    He aquí el triángulo de agua
    caminando con su paso de chinche,
    pero que bajo la chinche ardiente
    se da vuelta como un cuchillo.

    Bajo los senos de la tierra odiosa
    la perra-dios se ha retirado,
    senos de tierra y de agua helada
    que hacen pudrir su lengua hueca.

    He aquí la virgen-del-martillo,
    para moler los sótanos de tierra
    cuyo horrible nivel el cráneo
    del perro estelar siente subir.

    Noche

    Los mostradores del cinc pasan por las cloacas,
    la lluvia vuelve a ascender hasta la luna;
    en la avenida una ventana
    nos revela una mujer desnuda.

    En los odres de las sábanas hinchadas
    en los que respira la noche entera
    el poeta siente que sus cabellos
    crecen y se multiplican.

    El rostro obtuso de los techos
    contempla los cuerpos extendidos.
    Entre el suelo y los pavimentos
    la vida es una pitanza profunda.

    Poeta, lo que te preocupa
    nada tiene que ver con la luna;
    la lluvia es fresca,
    el vientre está bien.

    Mira cómo se llenan los vasos
    en los mostradores de la tierra
    la vida está vacía,
    la cabeza está lejos.

    En alguna parte un poeta piensa.
    No tenemos necesidad de la luna,
    la cabeza es grande,
    el mundo está atestado.

    En cada aposento
    el mundo tiembla,
    la vida engendra algo
    que asciende hacia los techos.

    Un mazo de cartas flota en el aire
    alrededor de los vasos;
    humo de vinos, humo de vasos
    y de las pipas de la tarde.

    En el ángulo oblicuo de los techos
    de todos los aposentos que tiemblan
    se acumulan los humos marinos
    de los sueños mal construidos.

    Porque aquí se cuestiona la Vida
    y el vientre del pensamiento;
    las botellas chocan los cráneos
    de la asamblea aérea.

    El Verbo brota del sueño
    como una flor o como un vaso
    lleno de formas y de humos.

    El vaso y el vientre chocan:
    la vida es clara
    en los cráneos vitrificados.

    El areópago ardiente de los poetas
    se congrega alrededor del tapete verde,
    el vacío gira.

    La vida pasa por el pensamiento
    del poeta melenudo.