Crítica de “Trastorno. Un culebrón metafísico”, de Pompeyo Audivert

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Trastorno es una versión libre de El pasado de Florencio Sánchez, estrenada en 1906, pero con una vigencia enorme, no solo por el tema, sino también por la concepción que tenía el autor rioplatense acerca del teatro.

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La obra de Pompeyo Audivert puede leerse no solo en clave individual, sino necesariamente en clave social. Todo gira alrededor de una familia que pertenece a la oligarquía, metonimia de un país donde se contraponen dos miradas acerca de la realidad, de la sociedad; dos concepciones políticas antitéticas: liberales o conservadores, y populistas, por llamarlas de alguna manera. De este modo, la historia original de Sánchez sale del círculo íntimo de la familia y de los conflictos personales para erigirse en campo de lucha de clases. Dice Audivert sobre su obra: “Pero a veces el destino empecinado / teje redes confusas, de pasado de presente y de futuro. / Entonces la tragedia se avecina, / por senderos o por cauces tenebrosos / y nos toma por sorpresa a la deriva, / sin resguardo, sin amparo, en un recodo. / Y ese sueño y la ficción en la que habitas, / se derrumba en un instante y quedas solo”.

Si bien algunas características de los personajes son diferentes –aunque mantienen los nombres y sus roles– o el final de la obra aparece resignificado a la luz de su contexto político-social, la huella de Florencio Sánchez persiste, más allá de lo argumental. El suyo es un teatro de actualidad en tanto propone una profunda identificación entre protagonista y espacio; un trabajo con el lenguaje dialectal y sociolectal que delata marcas de clase, estereotipos y prejuicios; y un manejo perfecto del tempo dramático cronometrado a través de las entradas y salidas de los personajes.

Ya sea como enajenación mental o como alteración de la normalidad, el trastorno nos remite a lo que viene a romper con una situación dada. En este caso, no conviene contar demasiado sobre lo argumental, pero sí hablar de algunas cuestiones genéricas. El título habla de un “culebrón metafísico”, y esto se exacerba desde el principio por la manera de expresarse de los personajes: todos son gritos, exageraciones; hay además una solemnidad en el tono que se contrapone muchas veces con el contenido de lo que se dice. No es fácil sostener personajes de estas características, y esto se logra con las actuaciones excelentes de Pompeyo Audivert, Juan Manuel Correa, Pablo Díaz, Ivana Zacharski, Fernando Khabie, Julieta Carrera y Fernando Naval, quienes logran pasar de la comedia a la tragedia de manera natural y sin perder la verosimilitud. Por supuesto, detrás de todo está la dirección del mismo Audivert y de Andrés Mangone que proponen una puesta en escena donde los objetos son además metáforas: un baúl que oculta algo, un teléfono que comunica con el afuera, un busto encima del piano que contempla mudo, un espejo que refleja más que lo exterior.

Trastorno es una obra impecable que también nos habla de la Argentina actual, donde todavía estamos discutiendo el país que queremos.

Ficha artístico-técnica

Personajes: Rosario: Pompeyo Audivert; Ernesto: Juan Manuel Correa; José Antonio: Pablo Díaz; Silvia: Ivana Zacharski; Mameca: Fernando Khabie: Titi: Julieta Carrera y Arce: Fernando Naval / Música: Claudio Peña / Iluminación: Leandra Rodríguez / Escenografía: Pompeyo Audivert y Lucía Rabey / Vestuario: Julio Suarez / Prensa: Daniel Franco / Dirección: Pompeyo Audivert y Andrés Mangone

Funciones: viernes y sábado a las 20 h; Teatro: Centro Cultural de la Cooperación, Sala: Solidaridad; Dirección: Av. Corrientes 1543; Entradas: $400; Informes y reservas: 5077-8000; Duración: 100 minutos

Fb: teatrotrastorno

IG: @teatrotrastorno