Entrevista a Raquel Albéniz y Paula Etchebehere: “La escritura en acción”

0
30

Raquel Silvia Álbeniz es actriz, docente y directora, y junto con Paula Etchebehere –directora teatral, actriz, bailarina y docente– dirigen Mientras se vuelan los campos, en el Centro Cultural de la Cooperación. La obra, ambientada en un espacio rural, deviene en una metáfora que nos habla del “suelo fértil o infértil de los deseos humanos”.

La puesta, el significado del texto y el trabajo conjunto son algunos de los temas que charlamos con ambas directoras.

En general hay un predominio de obras con escenarios urbanos, ¿por qué elegiste el campo como escenario para esta propuesta?

Raquel: Muchos de mis materiales dramáticos recorren la temática rural. Puedo decir que en realidad no la elijo, me elige, ya que ahí me crie, en el campo. Es un universo que me resulta fecundo para la escritura, me voy hacia él con mucha asiduidad. Las voces del campo son para mí una forma ideal de escribir lo que pienso, lo que me ocupa, lo que me preocupa, lo que necesito desentrañar.

¿Qué mirada sobre el campo expone la obra?

Paula: La mirada es particular, de no solo alguien que entiende (la autora) porque ha vivido en el campo, sino porque pone el acento en lo pregnante que resulta ese ámbito en la construcción poética de un universo y de las conductas propias de esos personajes. La mirada es también abierta y no estereotipada, al nutrir la palabra escrita con aporte actoral y plástico en el caso de la puesta lumínica y los recursos escenográficos, que hacen de ese espacio un prisma de texturas e interpretaciones posibles de algo que, si bien pareciera local, se transforma en universal a la vez. Es aridez, es una mirada filosa, dura, de palabras justas que no permiten la duda, pero sí sale al encuentro de la ternura que trasmiten los personajes en una trama aparentemente sencilla, pero profunda e inquietante; una mirada sin tapujos, como es el campo, crudo, expuesto en su inmensidad, y sin vueltas que enrarezcan los deseos, los temores, y las ilusiones.

¿De qué manera el campo se transforma en símbolo o en metáfora de otra cosa?

Paula: Se transforma en metáfora porque habla de las personas, estén o habiten donde sea; de sus ilusiones, el amor por la tierra que habitan, la contradicción de mantenerse en un lugar o migrar para “progresar”; el campo como lugar de encuentro de lo inesperado, de lo aparentemente conocido representado en la cultura en general, transformado ahora en una reflexión sensible, no brutal o estereotipada. El campo como “suelo fértil o infértil” de los deseos humanos. También vale la pena destacar a la mujer, Elena, como símbolo de resistencia, del amor y el cuidado por lo frágil, de la fortaleza para plantear sus decisiones y para conciliar entre partes (Silvio y Aira / irse o quedarse) con inteligencia y sensibilidad, como símbolo de la defensa de su tierra y de lo que le pertenece.

¿Cómo concibieron la puesta y cómo fueron intercambiando ideas entre las dos al respecto?

Paula: Sabíamos que el lenguaje escrito contenía el absurdo como característica. Entendimos que una exacerbación en la expresividad no era justa en relación con la austeridad de la palabra escrita. Acordamos entonces que este universo poético real y particular debía ser tratado con un borde muy delgado que no deviniera en extrañar más aún al espectador. Revelar un espacio real escénico en el que la veracidad de la actuación conjugara con la sobriedad de los elementos fue otra premisa. A partir de allí, tensamos la discusión (que fue puro acuerdo y crecimiento) entre cuán realista o no debía ser cada recurso escenográfico. Por ejemplo, la gallina, personaje importantísimo en la trama, fue motivo de profunda investigación. Debía tener movilidad, pero no parecer títere, pero al mismo tiempo no llegar a ser un animal inerte, embalsamado. Es decir que buscamos no construir un dispositivo escénico ligado más a lo operístico, lograr que los pocos pero necesarios elementos que suman al relato y prestan su condición a los actores en sus acciones, articulen y sumen belleza y agilidad.

Lo lumínico y lo sonoro (viento provocado por los mismos actores) resultan también un aporte sustancial que completan el modo de ver (y pregnarse) de esta textura que quisimos ofrecer.

¿Cómo interviene el humor dentro de un argumento que tiende al dramatismo?

Paula: El humor es una impronta fundamental del texto. Está presente en la composición de los personajes, en los diálogos, en una lógica que naturalizan al extremo del absurdo. Construir un gallinero en la casa, el pueblo que no está (dice uno de sus personajes), la chacra tampoco, le faltan los sonidos a “ella” (a la gallina) son parte de una pintura claramente graciosa que empieza a develar la vulnerabilidad de las relaciones y de los deseos profundos del ser humano transformando ese juego de mucha empatía y diversión en un contexto árido, en una profunda reflexión sobre la desesperanza y los ideales.

¿Raquel, qué lecturas de teatro sentís que te fueron formando como dramaturga?

Los clásicos, desde ya, y después todo el teatro del mundo. Estoy muy atenta a la dramaturgia que generan nuestros autores/as porque considero que la potencialidad de los argentinos en la escritura es impresionante. Aprendí casi todo de mi maestra Patricia Zangaro. Y me introduje y me introduzco en la escritura sirviéndome de mi condición de actriz, porque es ahí, sobre todo, donde aprendí a poner la palabra en acción.

Raquel Albéniz - Paula Etchebehere - credito Catalina Sikorski

Funciones: sábados a las 22:30 horas

Centro Cultural de la Cooperación –Av. Corrientes 1543– CABA / 5077-8000

Fotos: Catalina Sikorski