Entrevista a Luis Alfredo Rosatti: mate y tango en el barrio de la Boca

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Luis Alfredo Rosatti es actor, docente, dramaturgo y director de teatro. Actualmente, en el Teatro del Pasillo, se puede ver su obra Mate y tango. Memorias de una ilusión, ambientada en el barrio de la Boca, con todo lo que connota un espacio tan porteño.

En una entrevista con Leedor, Luis nos habla sobre el origen de la obra, de los temas que aborda y de sus personajes.

Como director o como autor se nota en vos un gusto por el teatro clásico. ¿Cómo te apropias de géneros tan nuestros como el sainete y el grotesco?

Si entendemos por “teatro clásico”, las obras que responden a las características de la poética Aristotélica (acción, tiempo y lugar) no me identifico plenamente con esa construcción dramática. Trato de buscar elementos teatrales como la ruptura del tiempo narrativo, construcción de signos escénicos que remitan a libres asociaciones y montar la puesta en espacios despojados que evoquen determinados lugares señalados en el texto. Por otra parte, creo que podemos ubicar a Mate y tango. Memorias de una ilusión en el rango de comedia brillante, con situaciones grotescas, personajes arquetípicos pero reales y cotidianos de los barrios más populares, con una cadencia de sainete.

¿Por qué elegiste el barrio de la Boca como escenario de Mate y tango?

Es el vecindario elegido por el Turismo, desde hace tiempo, para realizar un pingüe negociado, explotado por muy pocos y auténticamente millonario, utilizando la emblemática Bombonera, o la legendaria calle Caminito, entro otros lugares. Pero los habitantes de la Boca solo comparten necesidades económicas, sociales, culturales y todo tipo de carencias. Mientras, al decir de uno de los personajes “se la llevan en pala”, el resto de la Boca no vio un solo peso.

¿En lo personal, a qué te remiten a vos conceptos como “barrio, tango y mate”?

Me crie en distintos barrios de Buenos Aires: Mataderos, Boedo, Flores y Paternal. En todos ellos, noté un común denominador que los atravesaba: los “cafetuchos” viejos, descuidados, con mesas y sillas devoradas por el tiempo donde compartíamos el espacio, viejos y jóvenes, y donde uno aprendía la historia del barrio; el amor por el fútbol, que nos llevaba a jugar a la pelota en alguna cortada con un final previsible: los vecinos molestos por los ruidos y por nuestros gritos llamaban al patrullero, y en ese momento, se terminaba el partido y, a veces, hasta nuestra querida pelota de goma. En cuanto al tango, por la voz de Julio Sosa, que en la década del 60 fue el sostén más importante del dos por cuatro, frente a la invasión de la “Nueva ola” y la música extranjera. Y el mate siempre fue una especie de institución familiar.

¿En qué medida tu teatro puede leerse como una crítica social?

El planteo de la obra, más que una denuncia o crítica social, es una realidad de lo que pude observar. Mientras buscaba un lugar para abrir un espacio escénico en la Boca, los comentarios de la gente del barrio –comerciantes, inmobiliarias, dueños de cafés cercanos al Estadio Camilo Cichero (verdadero nombre de la Bombonera), antiguos vecinos, descendientes de los primeros habitantes– coincidían en su entendible indignación que producía el hecho que engalanaran para el turismo la cancha, la calle Caminito, el Bodegón de la Boca, el Bar La Perla, por citar algunos, y el resto del barrio, sus calles, veredas, iluminación, conventillos, cloacas, fueran olvidados.

¿Qué nos podés decir acerca de los personajes de Mate y tango? ¿Trabajás con estereotipos o te interesa ahondar en la individualidad de los protagonistas?

Los personajes nacieron de la conjunción, de tantos habitués de bares y cafés que conocí en mi vida: seres olvidados por el tiempo, con la necesidad de compartir su vida, sus vivencias, sus pasiones, y dolores, con quien quiera escucharlos; filósofos de la calle, profetas de ginebra o caña, sabios del dominó, el truco o el mus; voces aguardentosas gritando sus verdades y su dolencias de vida. Con todo este material, se puede construir personajes muy cercanos a la realidad lamentable en que viven, desechando los estereotipos que le quitan autenticidad al relato dramático.

LuisViernes 21 h; Teatro del Pasillo, Colombres 35, CABA.