Madre con hijo muerto o La Piedad de Käthe Kollwitz

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Este 2019 se publicaron las memorias de la artista alemana Käthe Kollwitz, quien esculpió la maravillosa “Madre con hijo muerto” -también conocida como “La Piedad de Kollwitz”-. La artista talló su propio duelo tras la pérdida de su hijo en la guerra.
La escultura muestra a una mujer adulta, anciana y desolada, acompañada de su hijo. Este hijo es en realidad el hijo de la artista, Peter, que reposa entre las piernas de su madre. Es un autorretrato que despoja la piedad, le quita la parte religiosa y pinta un cuadro humano totalmente ajustado a la época de guerras que vivió Kollwitz.

“Si tuviera un hijo, en él habría huellas suyas”, escribe sobre el niño de la escultura, mostrando su desgarro por la muerte del hijo a pesar de tener otro, Hans. La ausencia de Peter es tan fuerte que nunca la pudo aliviar.

Está ubicada a pasos de la catedral de Berlín, el monumento a Marx y Engels y al frente de la Opera de Berlín, en la céntrica avenida Unter der Linden, dentro del edificio de la Nueva Guardia (Die Neue Wache). Entre todo el bullicio de turistas, al entrar a este edificio neoclásico, el silencio es absoluto y toda la habitación está vacía excepto por la escultura de Kollwitz en el centro. De entrada libre, deja sin respiración a todo el que entra y si nieva o llueve puede verse que la escultura también se moja o se tapa de nieve porque en el techo hay un círculo abierto que deja entrar al exterior, acentuando las expresiones de dolor y drama. Lo único protegido es la cabeza del hijo muerto, gracias a la palma de la mano de su madre.

La obra está acompañada de una leyenda que reza “Den opfern von krieg und gewaltherrschaft” y que podría traducirse como “Las víctimas de la guerra y la dominación”. En ese sentido, durante los años de la República Democrática Alemana, la obra era presentada como un homenaje a las víctimas del nazismo, pero hoy en día es considerada como un monumento a las víctimas de las guerras y las dictaduras.

Sobre la obra la artista dice que “no hay nadie que tenga más derecho que yo a realizar este monumento”. Fue una escultura sobre la que fue y vino. Estuvo cerca de entregarla a las autoridades alemanas para que la reubicaran en algún lugar público, pero justo en ese momento el nazismo asciende al poder. Debido a ello decide entregar otra pieza temiendo que el naciente partido nacionalsocialista utilice la obra como un homenaje y exaltación de su hijo Peter y le espanta que su obra pueda aparecer un día escrita y cubierta de cruces gamadas.

Fue la primera mujer en ser aceptada en la Academia de las Bellas Artes de Berlín. Pacifista, con mucho éxito de la crítica y del público. La Primera Guerra Mundial y la violencia en general, han marcado de forma profunda toda su producción. Debido a su temática ha sido una de las figuras más populares del arte germano de la primera parte del siglo veinte.

Diarios
Los diarios personales que vieron la luz este año son un compendio de las alegrías, frustraciones y pensamientos de la artista. También son un relato de las coyunturas intelectuales y políticas de Alemania, las sensaciones de una nueva mujer, criada y formada bajo la República de Weimar -fue en este periodo que se aprobó el voto femenino y el acceso a la universidad de las mujeres-. Sin embargo, a Kollwitz no le preocupan en demasía las mujeres de su clase. Le atraen los avatares de las mujeres pobres y marginadas, a las que conoce de cerca al casarse con Karl Kollwitz, un médico que atiende gratis a los de menos recursos.
Pasaron los años y apareció el nazismo. Una serie de intelectuales y artistas firma la “Llamada de atención”, alertando del ascenso de Hitler. El régimen señala a Käthe y a su marido Karl. Abandonan Berlín. Ella es expulsada de la Academia y se prohíben todas sus obras. Con la Segunda Guerra Mundial vienen, nuevamente, malas noticias: la muerte de su nieto. Intenta ayudar a su nuera, pero se da cuenta que no tiene las herramientas: “De semejante herida, sólo se puede curar uno mismo”, se lee al final del libro.
“Cuando creo haberme convencido del absurdo de la guerra, me vuelvo a preguntar en virtud de qué ley han de vivir los hombres”, escribió en sus diarios.

Murió en el año que terminó la Segunda Guerra Mundial, 1945, a la edad de 77 años.

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