Jorge Rigaud, o la muerte en andrajos

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Este actor, recordado ahora sólo por los cinéfilos, despachó a varias damas en películas argentinas. Por ejemplo, Tita Merello y Fanny Navarro en DESHONRA (Daniel Tinayre)-1952) y entre otras, Juana Sujo en LA TRAMPA (Carlos Hugo Christensem-1949).

Nacido en Argentina en 1905, su madre decidió llevarlos a París cuando niño y allí se afincaron ambos. Cuando en la Sala Lugones vimos LE MILLON (René Clair-1931) reconocimos al apuesto joven que había colocado a Juana Sujo en un baúl de la leñera luego de estrangularla. Empezó entonces nuestro recorrido por el curioso destino de este hombre –que además de asesino era un excelente comediante- y nos asombramos cuando leímos los directores franceses que lo habían dirigido. Era, en verdad. argentino-francés, según consta en su partida de defunción.

El EMBRUJO de Alicia Barrié

Pedro Jorge Rigato Delissetche –este segundo apellido de origen vasco- apareció en Argentina y su apostura logró que LUMITON lo contratara para rodar las andanzas de Pedro I de Brasil y IV de Portugal, a la sazón embrujado por la intrigante Domitila de Castro. Mujeres y también hombres suspiraron frente a la apostura de aquel Pedro I en un desastre hoy poco visto. Rigaud se vio inundado de contratos y acompañó a las importantes damas de los años 40 y 50 en Argentina.

Sin embargo, comenzó a ir y venir acompañado por su mujer, Luisa, que moriría poco antes que él. En 1947 filmaría en Hollywood I WALK ALONE (Byron Haskin) junto a Lizabeth Scott, Burt Lancaster y Kirk Douglas. Aquí lo aguardarán títulos peculiares como EL BALDÍO (Carlos Rinaldi-1952) única película de ficción dedicada a exaltar el peronismo. Y, además, entre las cinco películas que filmaba por año hacia el final de su estadía en Argentina, ESCUELA DE CAMPEONES (Ralph Pappier-1950)  Se cansó luego de 1955 debido a que las películas desaparecían sin estrenarse o bien las consideraba de muy baja estofa. Confiaba quizás demasiado en su físico. El hecho es que se fue a España.

Gozó allí de una importancia no esperada gracias a EL DÍA DE LOS ENAMORADOS (Fernando Palacios-1959) y a una segunda parte que no gozó del favor del público. Sin embargo, Madrid le servía como centro de operaciones para llegarse a filmar algún peplum en Italia y hasta una extraña cinta con Diana Dors. Sí, Rigaud sospechaba varias lenguas y el inglés le permitió que Pierre Chenal lo dirigiera aquí en Argentina en SANGRE NEGRA (1951).

A decir verdad, su filmografía es tan vasta, que figura incluso en el IMDB como integrante del elenco de CAÍDOS EN EL INFIERNO (Luis César Amadori-1955). Debe haber alguna confusión porque este hombre no aparece, ni delante ni detrás de la cámara. Tuvo sí oportunidad de conseguir un secundario en PAMPA SALVAJE (Hugo Fregonese, 1966) la remake de PAMPA BARBARA que Fregonese codirigiera con Lucas Demare en 1948.

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No se habla aquí de la calidad sino de la cantidad de películas en las que asomó este hombre hoy olvidado. Nacido, como se dijo, en 1905, tenía 60 años en 1965 y el cine había cambiado. No era solamente la edad la que le jugaba en contra sino también una cierta tendencia a aislarse. Contaba con el apoyo de su mujer. Cuando ésta murió, se dejó estar asomando en papeles ínfimos. Necesidad económica? Veamos, entre su pensión y los ahorros del banco totalizaba unos seis mil dólares mensuales. El conserje del edificio donde vivía Rigaud, aclaró que rara vez se veía con gente en su piso.

UN ADIOS MISERABLE

Es verdad que fue atropellado por una motocicleta a los 78 años. También es cierto que el conserje mencionado y su mujer lo encontraron internado en el Hostal Provincial de Leganés, un suburbio de Madrid. A los dos días le dieron el alta pero nadie explicó nunca las consecuencias del accidente. El hecho es que Rigaud -siempre omnipotente-, salió a caminar indocumentado dos días después, cuando ya estaba en su departamento. Fue entonces cuando sufrió la caída definitiva. Nuevamente lo encontraron en el Provincial de Leganés cuyas autoridades trataban de sacarse de encima a un anciano que no tenía salvación. Cuando el conserje, su mujer y una sobrina de Rigaud llegada en vuelo desde París lo vieron por última vez, estaba sentado junto a una cama ya ocupada por otro enfermo.

Tenía la ropa destrozada y carecía de memoria y de habla. Qué es de suponer? Un ACV? Porque a los 78 ni siquiera un diabético como este hombre debería morir sin siquiera un certificado de defunción que aclare la causa de la muerte. Los facultativos de ese Hospital no se dignaron expedirlo. Lo metieron en una ambulancia donde apenas cabía –era muy alto- y lo enviaron a un geriátrico de 75.000 –setenta y cinco mil- pesetas. No les sirvió de nada: a las dos horas el paciente había fallecido.

Aquí dos reflexiones: hay muchísimos actores en la tercera y cuarta edad que ya se han retirado y, sin embargo, los hispanos los exhiben como doradas momias. Por otra parte, es grotesco hablar de estos temas desde Argentina, que por algo es otra hija de España.