Crítica de 200 golpes de jamón serrano, de Marina Otero

0
42

La asociación entre teatro y biografía (por extensión, un capítulo más entre la amplísima relación entre arte y vida) ha tenido un desarrollo importante en los últimos veinte años en los escenarios del mundo. Como espectadores, cada vez nos resulta más frecuente encontrar una serie de espectáculos que abordan lo biográfico mediante la pronunciación de la liminalidad, término vinculado a la idea de “frontera”.

Las denominadas obras biodramáticas tuvieron en nuestro país un fuerte impulso a partir de los trabajos de Vivi Tellas, quien le dedicó la curaduría de un ciclo (el recordado Biodramas), pero fueron varios los teatristas que abordaron el género. Son obras que están construidas a partir de una serie de procedimientos artísticos que buscan ya no la separación entre el arte y la vida, sino su fusión, su desdelimitación. El interés del artista radica precisamente en modular esos pares opositivos a los que hace, con la intención de borrar los límites sin por ello anular su espesor poético.

200 golpes de jamón serrano es la apuesta biodramática de Gustavo Garzón y Marina Otero. El espectáculo, que lleva varios meses en cartel, comienza con un primerísimo primer plano del actor (con proyección, desde ya), comentando algunos momentos clave de su propia vida. A Garzón lo conocemos como actor de telenovelas, por algunas participaciones televisivas más “jugadas” (en Los machos, por ejemplo), en las muchas obras teatrales que interpretó y en algunas películas (El fondo del mar es un ejemplo de uno de sus mejores films). En esta obra, hará mención a varios de esos trabajos pero, sobre todo, a la “trastienda” de éstos. Hablará del cáncer que superó, del vínculo que tuvo con su fallecida ex mujer (la recordada Alicia Zanca), de sus hijos, de su adhesión al kirchnerismo, de lo difícil que puede ser sostener una carrera actoral y de las disidencias, puntos en común y búsquedas que tuvo (y tiene) con Marina Otero, joven bailarina y actriz independiente a la que convocó para darle forma a 200 golpes

Marina Otero funciona como una “contracara” de este espectáculo que comienza como una obra sobre Gustavo Garzón pero que muta para transformarse en una obra sobre la necesidad de actuar y, en ese acto, cumplir con un deseo, más allá de encontrar el sustento económico. Otero colabora en visibilizar el derrotero de la profesión, en desnudar algunas de sus miserias (incluyendo las de su partenaire).

200 golpes de jamón serrano es un espectáculo “imperfecto” adrede, cuyos desniveles son funcionales a su poética y se amoldan a la cuestión biodramática, en donde la experimentación y el riesgo se convierten en las líneas rectoras del artista. Hay proyecciones, escenas en tono confesional, austeros cuadros musicales (que oscilan entre la parodia y la exposición más descarnada y conmovedora, como en el caso del final), juego escénico, metateatralidad. Todo ese combo redondea una hora plena en emociones, en donde los actores hacen catarsis e invitan al público a asistir a esa ceremonia tan íntima.

200 golpes de jamón serrano
Textos: Gustavo Garzón, Marina Otero / Dramaturgia y dirección: Marina Otero
Miércoles a las 21 en el Chacarerean Teatre