Crítica de “Familia de bien”, de Ricardo González Aguirre

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Gadito es el protagonista de los cuentos que forman parte de Familia de bien: desde una Navidad durante los comienzos de la dictadura hasta que es adulto y se recibe de arquitecto. Durante esos años, lo acompañamos en los hitos que forman parte de su crecimiento con relatos familiares, pero también relacionados con los amigos y con los vecinos. La de Gadito es una historia como la de tantos otros, pero lo que la diferencia es la manera en la que el autor elige narrarla.

Cuando se publica un volumen de cuentos, siempre existe algo que los une: los temas, el espacio, los personajes, etc. En este caso, en todos no solo está presente el protagonista, sino que cada relato se transforma en una instancia del camino que implica vivir y crecer. Los dos cuentos que abren y cierran el libro nos hablan del amor, de las ilusiones; del mundo infantil y sus sueños, pero también de choque contra el universo de los adultos donde el desengaño y el fracaso están a la orden del día. En el medio, conocemos acerca de los padres de Gadito, de su iniciación sexual, de sus miedos y de sus obsesiones, y además sobre el contexto social y político: la lucha de clases, la oligarquía venida a menos, la inestabilidad política, la patria financiera. No faltan fragmentos en los que aparece un toque de humor, aunque siempre se resuelve en nostalgia o tristeza que nacen a partir de la pérdida. Crecer es siempre perder algo, es aprender a vivir sin aquello que nos acompañó durante un tramo de nuestra vida.

Ricardo González Aguirre tiene muy claro lo que implica la construcción de un cuento: sabe cómo lograr personajes verosímiles y dotarlos de individualidad, aun en medio de argumentos muy simples. Lo que él trabaja muy bien, además, es el planteo de los conflictos como choque entre los deseos del personaje y la realidad que se le opone. En este sentido, hay un deseo que opera como una metáfora de todo el libro: Gadito y su prima Julieta miran el globo terráqueo e imaginan viajar a Namibia, ese lugar lejano que simboliza las fantasías infantiles que con el tiempo se van diluyendo. Sin embargo, el autor no cae en la oscuridad ni en el nihilismo, sino que este vaivén entre lo que el protagonista quiere y lo que obtiene se muestra como una perfecta síntesis de lo que ocurre en la vida de cada uno de nosotros.

El libro, finalmente, también nos recuerda ciertos mandatos, esos que se incluyen dentro de ese concepto amplio que es el de “familia de bien”: una frase estereotipada que da cuenta de un modelo que la realidad actual pone en tela de juicio a partir de nuevas formas de relacionarnos.

Ricardo González Aguirre, Familia de bien, La Parte Maldita, 2019, 116 págs.

Ricardo González Aguirre participó en los talleres de escritura de Claudia Piñeiro, de Inés Garland y de Liliana Heker. Su primer volumen de cuentos fue Vida de club, en el 2016.