Entrevista a Cecilia Troncoso: “Me interesa mostrar el uso del lenguaje del tango en el teatro y en la danza”

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En agosto, Cecilia Troncoso presenta su espectáculo Todos hablamos de amor, que une el tango con la poesía de Karina Macció. La banda de sonido, a cargo de Pablo Isola, ofrece temas clásicos, modernos y electrónicos que bailan Cecilia Vicencio, Leonardo Pankow, Andrea Kuna, Federico Luna, Marcela Conti y Rodrigo Calvet.

Cecilia es coreógrafa, directora y bailarina, y recibió varios premios en su carrera. Es, además, la fundadora de la escuela y milonga La viruta tango, un espacio que se ganó un lugar en Buenos Aires. Con ella charlamos de lo que se viene y de su mirada acerca de la renovación de nuestra “música ciudadana”.

Hablanos un poco de tu escuela La viruta tango y de cómo se transformó en un espacio emblemático.

La Viruta empezó en 1994. Yo venía de una formación en danza contemporánea, pero también en teatro y puesta en escena. Junto con Horacio Godoy y Luis Solanas, que también venían de la danza y la actuación, lo que hicimos en ese momento fue descontracturar y aggiornar el tango a la época actual. La idea generó una gran empatía, sobre todo en el público joven que se acercó a La Viruta como espacio al que podía pertenecer. En ese entonces éramos pocos los jóvenes que hacíamos tango y fuimos muy atrevidos, también, en ser tan jóvenes y abrir una milonga. Yo creo que fui la primera mujer que tuvo una milonga en Buenos Aires, siendo tan jovencita, además. A partir de ahí, sin faltar al código de convivencia de la milonga, incorporamos una innovación que fue dar una clase previa a que se armara la milonga. Creo que ese fue el gran secreto para que mucha gente se acercara a tomar la clase y después se animara a bailar. Convivía gente muy joven con señoras y señores milongueros y se armaba una mezcla interesante. A los jóvenes les interesaba estar con gente más grande que curtían el tango de hace mucho porque eran como la historia viva, y a los más grandes les interesaba intercambiar con los más jóvenes. Creo que La Viruta abrió la puerta a muchísima gente para que se pueda acercar al tango. Siempre respetamos el código de la pista, pero no teníamos código de vestimenta, creo que eso contribuyó a construir del lugar, un club al cualquiera podía venir y pertenecer. Después hubo que sostenerlo. Lo venimos sosteniendo con todas las crisis de este país y también con el enorme trabajo que significa sostener la calidad del espacio, de las clases. Así lo hacemos desde hace 25 años porque amamos La Viruta y nos encanta lo que sucede en ella y estamos muy orgullosos de tener este espacio emblemático de la Ciudad de Buenos Aires, que agradezco mucho que así lo llames.

¿Cómo llegás a la poesía de Karina Macció y cómo surge la idea de unirla con el tango?

Conozco a Karina personalmente de otros ámbitos. Un día le conté que estaba armando una obra que hablaba de amor, y ella me comentó que hacía años estaba escribiendo una trilogía sobre el amor. Me hizo llegar Amor, Atada y Ocre, y el enlace fue instantáneo. Los textos no solo fueron inspiradores, sino que varios poemas están incluidos. En la narrativa de la obra, el tango y los textos son los lenguajes que se ponen en juego.

Relacionado con lo anterior, el tango presenta el amor y la relación hombre/mujer desde ciertos estereotipos machistas. ¿Cómo conjugan ustedes esa impronta que tiene el tango con la poesía de Karina Macció? ¿Es este abordaje poético lo que hace original al espectáculo?

Es verdad que al tango se lo relaciona con estereotipos machistas: en sus letras, aunque de todos modos son siempre hombres que penan de amor; en su estilo arrabalero y del macho que la lleva a la mujer. Pero en el baile, desde hace ya hace unos quince años, esto se fue modificando. El tango se enseña, se aprende y se trabaja como un diálogo entre dos, donde hay espacio para los dos. Hay, por supuesto, un rol conductor, que lo puede llevar adelante un hombre o una mujer. El conducido se entrega al rol conductor en la decisión de qué pasos hacer, pero a partir de la escucha de la música, los juegos y adornos, se crea un diálogo entre ambos roles. Ni siquiera se habla ya del rol del hombre o el rol de la mujer. Esos estereotipos se han ido cayendo. De hecho, en mi obra se baila entre mujeres, hay un trío masculino y hay un montón de lugares muy actuales que tienen que ver con el amor. La narrativa de la obra parte de una pareja que se enamora, y las escenas pasan por distintos momentos del amor, que van mucho más allá del tango y la milonga. Y termina con una síntesis: lo que vale es la emoción del amor. Luego de que los protagonistas pasaron por un montón de experiencias, lo que vale es la emoción del amor. El espectáculo está muy lejos del machismo y los estereotipos. A mí me interesa mostrar el uso del lenguaje del tango en las obras de teatro y de danza.

Con respecto a lo novedoso de Todos hablamos de amor, ¿cuán necesario se hace innovar en el tango pensando en un público que excede lo local?

Es absolutamente fundamental innovar y mostrar el lenguaje del tango desde otro lugar porque desde los años 70, cuando el tango argentino conquistó Broadway, Europa y Asia, con el espectáculo, no hubo una innovación, y la plaza quedó agotada de los shows de tango de grandes compañías, con unos despliegues increíbles. Pero nosotros, con el colectivo Platea (Plataforma de Tango Escénico Actual) y otro montón de coreógrafos, estamos tratando de dar otra vuelta. Las plazas de tango están totalmente agotadas. El tango es como un souvenir argentino, el típico bailarín de tango con un despliegue técnico y mucho más estilizado que hace unos años, pero reproduciendo el cliché. Nuestro intento, nuestra aspiración, es usarlo como un lenguaje que aporte a la escena y a la creación de lo que estamos pensando. No quiero contar lo que pasó en los 40 o en los 50. Quiero contar lo que me es contemporáneo: el tango, las relaciones humanas o las ideas que quiero subir arriba del escenario.

Desde tu experiencia, ¿qué lugar ocupa el tango como expresión artística en la actualidad?

Ocupa un lugar muy importante si se deja de lado el cliché y el estereotipo para convertirlo en un lenguaje de expresión en pos del arte del 2020. Tiene un espectro enorme para indagar. Yo creo que estoy en ese camino. Me encanta utilizar el lenguaje del tango porque tiene esta cosa inmanente de la pareja, esto de que estás abrazado, encastrado con otro, también característico del contact,  y que, mezclado con otros elementos de la danza moderna, puede jugar de una manera muy interesante.

CECILIA TRONCOSO PRENSA OKTodos hablamos de amor 5. Foto_ Paola Evelina

Sábados 17, 24 y 31 de agosto, 23 h; El Galpón de Guevara (Guevara 326)

Fotos: Paola Evelina