Crítica de “Un café en Buenos Aires”, de Pablo Di Marco

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“Preguntar es detener por un instante el mundo y someterlo a un examen. Desde la inmolación de Sócrates, el gran preguntador, el tábano de los griegos, hasta nuestros días, las preguntas son socialmente más incómodas que las respuestas. Pertenecen, claro al campo de lo incierto y, en consecuencia, es comprensible que puedan desatar cortocircuitos”, dice Jorge Halperín al referirse a la entrevista, y me da pie para empezar a hablar de Pablo Di Marco como entrevistador, alguien que sabe crear climas, hacer la pregunta justa; alguien que se toma el tiempo de escuchar al otro, pero sobre todo, alguien que conoce a fondo a su interlocutor y que se propone sacar lo mejor de él o de ella.

La entrevista como género, además, presenta todas las características del diálogo privado –proximidad, interrupciones, espontaneidad, intimidad–, pero está construida para transformarse en algo público. En ese oxímoron que la constituye, está su riqueza, pero también sus riesgos. Ser un buen entrevistador no es fácil: hay que orientar la conversación, invitar a que el otro se abra, generar confianza, realizar preguntas que permitan que el entrevistado se explaye. En síntesis, el periodista debe ser capaz de crear un buen vínculo, como hace Pablo con cada uno de los escritores, los lectores y los libreros que pasan por Un café en Buenos Aires. Y si bien es cierto que no es común encontrarnos con libros de entrevistas, también es cierto que para que estos sean disfrutables requieren una muy buena edición presente, sin duda, en este volumen.

La propuesta del autor está claramente explicitada en una suerte de prólogo (“Entrando en el bar”): “Quiero hacer entrevistas que parezcan una charla de café, quiero preguntar sin vueltas, repreguntar,  molestar. Quiero hablar de la parte de atrás del mundo del librero, quiero hablar de por qué hay tantas editoriales y tan pocos editores, quiero hablar de los concursos literarios arreglados, quiero hablar de lo que no se habla en voz alta…”. Y allí también nos enteramos de cómo nace esta propuesta a partir de una afortunada invitación de Jorge Consuegra para publicar en su revista Libros&Letras.

Lo interesante de este libro, además, es ofrecernos conocer más a fondo a nuestros escritores y escritoras –Oche Califa, Sergio Olguín, Adriana Romano, Ana María Shua, Ariel Urquiza, Damián Blas Vives, Andrés Ehrenhaus, Marcelo Luján, Marcelo Di Marco y Nicolás Correa–, pero también a creadores de Colombia o de México que pertenecen a un campo cultural al que no siempre tenemos acceso. Entonces, esos temas que Pablo nos propone “entrando en el bar” se van desplegando por medio de preguntas y respuestas que se destacan también por la cuidada edición y por la arquitectura del libro –la manera de presentar a cada uno de los entrevistados, los títulos elegidos para cada parte, el marco que contiene a todas las charlas a modo de prólogo y epílogo–.

“Juzga a un hombre por sus preguntas en vez de hacerlo por sus respuestas”, dice el epígrafe de Voltaire al comienzo. Y las preguntas de Pablo Di Marco nos muestran a un gran lector, a un conocedor de la lengua y a alguien que sabe de lo que habla, cosa que no siempre es usual en un entrevistador.

Un café en Buenos Aires se disfruta como si fuera un texto literario porque, quizás, en el fondo lo sea: después de todo, un buen escritor no puede dejar de serlo y deja su impronta en todo lo que produce.

Pablo Di Marco, Un café en Buenos Aires. Conversaciones con escritores, lectores y libreros, Ediciones Unaula, 2019, 274 págs.

Pablo Di Marco es autor de las novelas Las horas derramadas, Tríptico del desamparo (ganadora en Colombia de la XIII Bienal Internacional de Novela José Eustasio Rivera) y Espiral; también compilador de Relatos para una Antología Rota / Selección de cuento latinoamericano.