Crítica de “Aquí pasa algo raro”, de Susana Guzner

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Susana Guzner es de La Plata y tiene una larga trayectoria relacionada con la escritura. En su novela Aquí pasa algo raro, combina el policial negro con una gran dosis de humor.

Aurora Barragán, la protagonista, es una ejecutiva madrileña que se ve envuelta en una historia de espionaje relacionada con la trata de inmigrantes. Como en todo policial, los hechos se van acomodando en un rompecabezas, y cada pieza nos devela de a poco parte de la verdad manteniendo el suspenso en todo momento.

Se nota en la autora un buen manejo del ritmo: a los diálogos ágiles, se suman las historias secundarias que mantienen la atención del lector y descripciones que no detienen la acción, sino que sirven de marco necesario a lo que se cuenta. Guzner sabe cómo caracterizar personajes con pocas pinceladas y cómo ubicarnos en el espacio. Las Palmas de Gran Canaria, en este caso, es un lugar paradisíaco, lo que resulta un contraste interesante con los sucesos policiales que allí se suceden.

Como en toda buena novela, además, el personaje principal recorre un camino interno que implica una búsqueda personal. Aurora está enamorada de Dione, la mujer con la que descubre una manera de amar diferente; esto le da al texto una dimensión humana que no siempre está presente en el policial negro, donde los personajes no suelen estar abordados desde su interioridad.

Un párrafo aparte merece el tratamiento del lenguaje. Una de las características que apunta a la verosimilitud de la historia es la utilización de palabras dialectales y el manejo de los diferentes registros atendiendo a los distintos personajes. Esto refuerza la creación de un mundo que, sin dejar de ser ficcional, apela al realismo en todo momento.

En una de las tantas entrevistas que le hicieron a la autora, ella define así esta obra: “Se trata básicamente de un divertimento. Estaba inmersa en la concepción de una novela intensa y turbadora cuando mi espíritu –evidentemente agobiado– se insubordinó y me exigió una tregua. (…) El cambio de registro me vino de maravillas, fue el soplo de brisa fresca que necesitaba en ese momento preciso y me lo pasé en grande escribiéndolo”.

Susana Guzner, Aquí pasa algo raro, 368 págs.