El Marconetti o el Hotel Chelsea porteño

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Bueno, tal vez el título sea un poco exagerado, pero llama la atención, sobre todo tomando en cuenta que ya no existe más, que el Gobierno de la Ciudad lo demolió, debido a la construcción del metrobús. El progreso contra la cultura, podríamos haber titulado en forma catastrófica. No sé si tanto, pero entre broma y broma, la verdad se asoma. Y lo cierto es que un edificio más en la ciudad, cayó víctima del “progreso”.

El Marconetti era un edificio emblemático de la zona del Parque Lezama. Fue construido en 1929 para albergar a los empleados de la fábrica de pastas “Santa Clara”, propiedad de la familia Marconetti. Eran otras épocas, donde aún cabían los restos de las utopías de Fourier, los falansterios del siglo XIX, donde parecía que el capitalismo podía ser un sistema equitativo o donde se lo podía transformar en un sistema revolucionario.

A partir de los años 70, el edificio, debido a sus alquileres baratos, o inexistentes(?) y a la localización, en pleno corazón del barrio de San Telmo, se transformó en una suerte de refugio del underground porteño. Artistas de cien mil raleas habitaron sus departamentos, transformándolo en una suerte de Hotel Chelsea porteño. Pintores, actores, músicos, escritores o bien vivían ahí o bien iban a visitar a sus amigos o bien desarrollaban su arte en esas paredes.

Bueno, tal vez sea un poco exagerada la comparación, pero también es cierto que el underground vernáculo tampoco nunca fue tan grande como el neoyorquino. Para quien no conozca la historia del Hotel Chelsea, acá va un breve resumen: El Hotel Chelsea se encuentra en el barrio del mismo nombre en la ciudad de Nueva York. Fue construido a fines del siglo XIX y desde la década del ‘50 hasta la década del ‘80, fue el hogar de una multitud de pintores, escritores, actores y músicos. La vida cultural subterránea neoyorquina pasó por sus habitaciones y muchos de sus protagonistas vivieron en el emblemático edificio. Para tener una linda idea del ambiente que se vivía allí a fines de los ‘70, pueden consultar el libro de Patti Smith “Eramos unos niños” donde cuenta sus desventuras y aventuras con Robert Mapplethorpe, uno de cuyos principales escenarios era el Hotel Chelsea.

En el Marconetti vivieron desde Miguel Abuelo hasta Liliana Maresca, pasando por Horacio Fontova, Daniel Riga, la redacción de la revista “El cazador” y, como dijimos, una multitud de artistas e intelectuales. Muchas de las acciones de la movida de los ‘80 pasaron por sus departamentos, o bien como arranque o bien como final. No olvidemos que en aquellos años Palermo era un barrio más de la ciudad y que el epicentro de lo interesante pasaba por San Telmo.

El Marconetti era una parte muy importante de la cultura porteña de los años ‘80. Sin dudas, fue un símbolo concreto de lo que hasta ahora fue la última vanguardia que parió esta ciudad. Pero en lo que ya es un triste clásico del urbanismo vernáculo, el patrimonio otra vez pasó a valores. Con el argumento del “progreso” (vaya a saber qué quiere decir eso) encarnado en un “metrobus”, que es un colectivo con un carril exclusivo (¿será eso el progreso?), demolieron, sin ningún tipo de vergüenza al emblemático edificio.

A pesar de lo que se declama, al gobierno de la ciudad parece importarle muy poco el patrimonio cultural; lo peor es que a los ciudadanos tampoco parece importarles mucho. Siempre es una minoría la que resiste. Asistimos impávidos a la pérdida irreparable de los tesoros que nos rodean. Uno entiende que las ciudades son dinámicas, que es necesario ir modificando el entorno para que se vaya adaptando a las nuevas circunstancias (crecimiento demográfico, del parque automotor, etc.). Pero no se puede sacrificar la propia historia, salvo que quiera negársela, salvo que no se quiera que permanezca, ni siquiera, en la memoria colectiva.

Nadie dijo que iba a ser fácil conjugar la necesidad de la adaptación con la de la preservación, pero es evidente que nuestra identidad como ciudad, lo reclama. Al fin y al cabo nadie los obligó a dedicarse a la política. Ahora háganse cargo.