#Netflix: Elisa y Marcela

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Tan literal como su título, la última película de Isabel Coixet (La libreria, Nadie quiere la noche) un largo flashback que comienza en la Patagonia argentina, toma una historia real en la que dos mujeres, en plena Galicia de fin del siglo XIX, se conocen, se enamoran y se casan, contra toda regla y ley. Una de ellas se trasviste como hombre para lograrlo y las cosas se complican al punto de sufrir persecución y cárcel antes de soñar con viaje de escape a América.

Coixet tiene entre sus manos una gran historia de amor y una posibilidad de homenajear la historia de la diversidad, y la de las luchas por los derechos igualitarios. La estadística con la que cierra el film es más que elocuente, muchos países todavía hoy no legalizan el matrimonio homosexual y en muchos de ellos las relaciones entre personas del mismo sexo es todavía es un delito.

En España y Portugal, donde la película transcurre, el travestismo era un delito que se castigaba con hasta 20 años de cárcel. Tomar conocimiento de esas aberraciones es algo que tal vez la pelicula logre.

Ahora bien, empezando por las dos actrices protagonistas, éstas nunca terminan de convencer como mujeres del siglo XIX, una belleza demasiado cuidada, cosmética y sensible las aleja de cierta rudeza o tosquedad que hubieran sido más lógicas; no logran por otro lado construir una química que debe tener toda pareja en la pantalla. Y esa relación amorosa, se dice profunda pero aparenta una superficialidad bastante evidente. La fotografía en blanco y negro es una opción interesante que tampoco Coixet logra optimizar o al menos interrelacionar con el tema, mayormente idealizado de una belleza que le es ajena al propio conflicto, denso de por sí, que se va en un esteticismo excesivo. Los paseos de las dos mujeres por los espacios de la cárcel alcanzan la misma dimensión que sus caminatas por las loggias del colegio de A Coruña donde se conocieron. Una identificación que no corresponde, también por lógica.

Rescato el oprimido ambiente familiar de Marcela, con un padre al que no le interesa en lo más mínimo que su hija estudie o prohíbe a su mujer leer libros. Un contexto que lo que hace es describir con alguna que otra pincelada la situación de la mujer en ese momento.

La película estuvo compitiendo en Berlín y es noticia de estos días porque una descendiente se entera que su abuela se casó alguna vez con otra mujer. Esto marca la dimensión de historia verídica que tiene la película y saca hacia lo extradiegético el relato que la película deja en 1923.