#6°Edición de Cine Italiano, Crítica de “Ricordi?”, de Valerio Mieli

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Cómo narrar nuestras vidas a través de los recuerdos y no morir en el intento. Esto es lo que sucede con la segunda película del director italiano Valerio Mieli. La primera, Dieci Inverni (2009) ganadora del Nastro d’argento, el Ciak d’oro y el David de Donatello, fue hace diez años y Ricordi? (2018) —algo así como ¿Recuerdas?— parece haber nacido como producto de una década de pura investigación sobre el lado más complejo y autónomo de nuestra psique: la memoria. Y si bien este es un trabajo delicado y sensible de un director que ya había aportado una visión particular en su primera película, podemos decir sin ningún tipo de exageración que es también el trabajo monumental de Desideria Rayner, la que logró con un impecable trabajo de edición y compaginación narrar la vida de sus protagonistas a través de un caleidoscopio de recuerdos que se amalgaman entre sí sin caer nunca en la confusión o la desorientación del espectador. Un flujo de conciencia que hubiese agradado sobremanera a Marcel Proust y su eterna búsqueda del tiempo perdido.

Mieli, graduado en Filosofía en la Universidad La Sapienza de Roma, nos enfrenta con la evidencia —una evidencia que vivimos en el día a día y en el hora a hora sin darnos cuenta— de una parte intrínseca que comanda nuestro propio ser. Cada objeto, cada persona, cada acorde musical, cada perfume que vamos encontrando en nuestro paso, nos remite a algún recuerdo —bueno o malo— que aparece en nuestra mente y en nuestra visión mental invadiéndolo todo. Claro, son flashes, relámpagos, destellos que aparecen y desparecen como por arte de magia; de otra manera nos sería imposible vivir. El relato “Funes, el memorioso” de Borges, es un buen ejemplo de ello.

La historia es sencilla en su estructura narrativa y compleja en su desarrollo que navega a dos aguas entre el tiempo presente — mínimo— y el tiempo pasado —el que invade toda la estructura narrativa— como si de vidas paralelas se tratara. Y este es uno de los aciertos de este trabajo de Mieli: el darnos cuenta de que vivimos en un continuo despliegue existencial, el presente inmediato y el de los recuerdos que están entretejidos —y que se sigue entretejiendo continuamente— entre lo que vemos y lo que vimos.

Los protagonistas —Luca Marinelli y Linda Caridi— no tienen nombre. Son el arquetipo del Hombre y la Mujer que se conocen, se enamoran y comienzan a vivir una vida juntos. Él es el típico ser melancólico y atado a un pasado de dolorosos recuerdos. Ella es la que apuesta al eterno presente con algún atisbo de futuro, sin pasado que lamentar y con la sonrisa y la alegría a flor de piel. Deciden mudarse a la casa en donde él vivió sus primeros años. Y es aquí, en este escenario, en que cada habitación, cada corredor, cada reflejo le trae a la memoria su paso por esa casa paterna, ahora habitada por ellos dos.

Ella lo acompaña como puede, pero no puede acompañar sus recuerdos. Y como en todo viaje iniciático tiene que haber un conflicto, al poco tiempo las cosas se invierten: ella se vuelve oscura y dubitativa, mientras que él empieza a domar sus propios demonios y a ver todo con una luz más brillante y esperanzadora. Pero la magia desaparece, el idilio parece haberse agotado.

En medio de este gran puzle de imágenes que se recortan, se esfuman, se entrelazan entre pasado y presente con absoluta fluidez —entre arpegios musicales de Bach, de Debussy, de Tchaicovski, de Brahms, entre otros muchos compositores clásicos— aparecen claros simbolismos que el tiempo va idealizando o, en su defecto, van tornándolo más terribles. Tanto para él como para ella. De un lado, la aparición constante  del deseo idealizado de Camilla Diana transformado en recuerdo. El primer beso adolescente que le dio en medio de un patio congelado se va acrecentando con el paso del tiempo. Su pelo rojo —la pasión en su estado más puro— ¿fue real o es producto de su idealización?

Por el lado de ella, cuando lo vio a él por primera vez, ¿fue así de luminoso o simplemente su mente fue adornándolo con brillos celestiales? Todo el tiempo tendemos a la exageración, tanto para elevar los recuerdos más bellos como para hundir en la oscuridad los recuerdos más desagradables.

Hay varias lecturas en esta gran obra existencialista de Mieli que podríamos ubicar, sin temor a equivocarnos, al lado de grandes títulos como El árbol de la vida de Terrence Malick o Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos de Michel Gondry, hay incluso una escena muy parecida en cuanto a su estética entre el film de Mieli y el de Gondry. Escenas de alto impacto emotivo como cuando él descubre el perfume exacto que lo lleva al pasado deseado y que lo hunde en un llanto desgarrador, o cuando ella se entera de la muerte de su padre, mientras por detrás se escuchan los fuegos artificiales de Año Nuevo. Pero por sobre todo, la labor más increíble y titánica fue la de la compaginación de Rayner. Una edición magistral que fue todo un desafío. No es fácil narrar una historia casi sin historia, es decir, una historia en que sus dos protagonistas se pasan todo el tiempo entre un presente que solo actúa de soporte para adentrarnos en los vericuetos más insondables de sus mentes plagadas de recuerdos. Traumáticos, luminosos, surrealistas —la escena de las medusas es de una poesía bellísima—, absurdos o simplemente trastocados por el paso del tiempo.

Mieli y Rayner realizaron una obra que, encuadrada como una simple historia de amor, es en realidad una obra magistral y compleja. Y más cuando aparecen otros puntos de vista, otras percepciones que difieren de las de los protagonistas principales. Toda esta sumatoria de cosas hacen de Ricordi? una gran pieza de orfebrería en lo técnico y una experiencia emocional y altamente filosófica.

Funciones:

Domingo 9 de Junio, 14.30 hs. – Village Recoleta

Lunes 10 de Junio, 22.00 hs. – Village Recoleta