Crítica de “Los bordes del mundo”, de Gilda Manso

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Un “borde” es un extremo u orilla de algo, y los bordes de Gilda Manso conforman un pasaje de lo real a lo fantástico, una delgada línea a través de la cual los personajes van y vienen. “Lo que me cautiva del insomnio –dice uno de los personajes– es el mundo lateral. Basta que no pueda dormir para que en la oscuridad de mi pieza se abra una puerta irresistible; esa puerta da a otro lugar, no sé exactamente a dónde, pero no puedo dejar de atravesarla”. El mundo en el que habitan los protagonistas ofrece esas “puertas irresistibles” que atraviesan casi sin proponérselo.

Con reminiscencias del fantástico de Bestiario de Julio Cortázar o del de Pájaros en la boca de Samanta Schweblin, lo extraño irrumpe por casualidad, en esos “intersticios” de los que hablaba el autor de Rayuela. En el caso de Gilda Manso, ella construye una mitología formada por una nena gigante, otra con alas, un mendigo que se cree Jesús, un capitán de un barco sin mujeres, un coleccionista compulsivo, entre otros. Ellos habitan en bosques, en sueños, en casas con olores persistentes; traspasan espejos, se internan en perturbadoras pesadillas: estos y otros espacios delimitan lo interior y lo exterior, el afuera y el adentro, ámbitos que a veces protegen, pero que otras –la mayoría– oprimen, acechan, persiguen. Como toda buena mitología, también hay seres extraordinarios: mamuts que habitan al final de un túnel, sirenas, maniquíes con vida, elefantes que salen del sombrero de un mago, pelícanos que cumplen deseos.

Por supuesto, la creación de una mitología por sí misma no hace a un buen libro. Lo que hace de Manso una excelente escritora es su perfecto manejo de la elipsis, sus finales inesperados, su capacidad de describir situaciones terribles en dos líneas. Sin embargo, hay más. En medio de atmósferas que rozan por momentos el cuento de hadas, surgen temas que nos interpelan, temas actuales que nos atraviesan como hombres y como mujeres: la muerte, el deseo de pertenecer, la crueldad, la violencia, la soledad, el abuso, el amor y el desamor.

Los bordes del mundo nos lleva a un universo que parece no tener lógica, aunque tiene una lógica que escapa al entendimiento de los personajes, como afirma la protagonista de uno de los cuentos. Como decía también Cortázar, quizás el absurdo esté en creer que lo que pasó ayer necesariamente tendrá que pasar hoy: en ese resquicio de duda, de desacomodamiento, de incomodidad radica lo fantástico, y Gilda Manso lo sabe y lo traduce con un enorme oficio de escritora.

Los bordes del mundo, Gilda Manso, Obloshka, 2019, 144 págs.

Gilda Manso nació en Buenos Aires en 1983, es escritora y periodista, y desde el 2001, coordina el ciclo de lecturas Los Fantásticos.