Entrevista a Daniel Paccosi: “Los clásicos son una gran ventana para espiar el alma humana”

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#EdipoEnBarracas es una obra escrita por Daniel Paccosi, dramaturgo, autor y director, pero también psicólogo. El texto cruza a Hamlet con Edipo, ambos trasplantados a uno de nuestros barrios más porteños.

En una charla con Leedor, Daniel nos cuenta sobre su relación con los clásicos y sobre la influencia de su profesión de psicólogo en la escritura teatral.

Tomando la parodia en tanto referencia a un texto previo, ¿qué aspectos de Hamlet y de Edipo te interesaron parodiar en la obra? 

Estos personajes se pueden abordar desde múltiples ángulos y matices. En este caso resaltaría dos aspectos que son el eje de la obra: por un lado, la neurosis familiar en términos de relaciones parentales, rivalidades, amores y odios, dicho resumidamente. Por otro lado –y creo que es hacia donde vira fuertemente la obra–, la cuestión política, la relación de todo sujeto con el poder, el posible orden establecido, pero también la imposibilidad del justo medio aristotélico. Claramente direccionada hacia la comedia, la obra trata de esa imposibilidad.

Una de los procedimientos de la parodia es la descontextualización, ¿por qué elegiste Barracas como escenario de estos personajes tan relacionados con otros contextos?

Barracas tiene mucho de Buenos Aires, es como escuchar un tango de Goyeneche, y la idea de esta obra es traer a dos personajes clásicos como Edipo y Hamlet a la época actual desde la mirada de un taxista y un “loco”, probablemente escapado del Borda aunque no lo podemos afirmar. Todo se desarrolla en un club de barrio, y me pareció que Barracas podía ser una localidad porteña propicia para el encuentro de estos dos personajes.

¿Cuál es tu relación personal con los clásicos del teatro?

En el teatro clásico está todo; me refiero a los grandes temas humanos que desde siempre cada cultura a su manera trata de elaborar. Por eso la vigencia de esas obras. El actor no puede permanecer ajeno a ello, sería como caer en el vacío, como no hacer pie en el escenario a la hora de poner el cuerpo y el alma en la interpretación de un texto, sea el que fuere. Los clásicos son una gran ventana para espiar el alma humana.

Si hablamos de la escritura de la obra, ¿qué te aporta la actuación a la hora de sentarse a escribir un texto?

Cuando escribo, actúo en simultáneo. Probablemente, algo de esto le suceda a todo autor; la imaginación es un componente esencial para dar rienda suelta a las fantasías. En mi caso el hecho de venir del mundo de la actuación me concede un plus, un más allá del placer de escribir, una suerte de puesta en escena y un poner el cuerpo antes de llevar el texto al escenario, su destino final.

¿De qué manera influye tu profesión de psicólogo en la elección de tus personajes o de los temas que venís abordando en tu dramaturgia?

Puedo reconocer en mis textos una mirada psicoanalítica si se quiere. Freud tempranamente advirtió los grandes problemas de la condición humana: la sexualidad no es mera genitalidad, y el deseo presenta un abanico infinito de variedades, todavía negadas por nuestros contemporáneos.  El abuso de poder es una modalidad de goce presente de diferentes maneras en todas las épocas y culturas. De ahí el planteo freudiano, la necesidad de un gran pacto colectivo desde el origen mismo de la especie humana, un pacto ético que acote en algún grado el libre arbitrio del más fuerte, su libre goce en detrimento del más débil. Es el tema central de #EdipoenBarracas, observado por Ana Fouroulis, directora de la obra, y desarrollado en el período de ensayos junto a Matías Alarcón.

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