#Derhumalc2019: Bruce Lee and the outlaw

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¿Los derechos del niñx son inalienables? La realidad parece no interpretar lo que el convenio afirma taxativamente. Más bien difiere. Solo en Argentina existen aproximadamente ocho millones de niñxs bajo el umbral de pobreza. El equivalente a seis niñxs pobres sobre diez. Es probable que la cifra oficial no contemple la figura del indocumentado.

En tiempos donde la coyuntura sobre el aborto combustiona, los detractores escupen palabras necias acerca del deber cristiano de dar a luz. Humanizan al cigoto y reafirman ciegamente tradiciones familiares que son tangenciales y ordinarias. No parece haber en ellos un interés real sobre las infancias existentes. Sobre lxs que son aquí y ahora, desprovistxs del orgullo de existir.

El relato internacional resulta semejante. La pobreza infantil no es una problemática propia. Atraviesa punzante cada rincón del planeta.

Bruce Lee and the Outlaw es un vívido documental que exhibe visceralmente la fragilidad de les niñxs que subsisten en las alcantarillas de Bucarest, Rumania. Niñxs huérfanos y marginados, proscritos como Nicu, su protagonista. La caída del comunismo en dicho país dejó en la calle a miles de niñes por la clausura indiscriminada de los orfanatos que a duras penas los contenía.

Rainer Maria Rilke dijo que la verdadera patria es la infancia. La infancia no debiera estar al margen, no debiera ser a esta altura un privilegio de pocos. El documental en cuestión visibiliza aquello que está pero que concienzudamente se ignora. Problema sistemático y estructural que se apaña con la tercerización. Las organizaciones no gubernamentales como ética auxiliar para emparchar infancias proscritas.

Joost Vanderbrug, fotógrafo y documentalista holandés, retratista de los marginados, registra la vida de Nicu a lo largo de seis años. De sus doce hasta el cumpleaños número dieciocho. Con una cámara desenfadada y convulsa. El montaje va y viene, contempla con saltos, distintos momentos de su vida. Vida que comparte con otrxs en igual condición y con Bruce Lee a la cabecera, el estrafalario monarca plateado de las profundidades que gobierna las alcantarillas y oficia a su vez de padre sustituto de lxs niñxs. Un padre errático y guerrero de la miseria que reviste su cuerpo de aurolac como modo de vida, producto industrial que también inhalan todos allí para tratar de matar la inminente finitud que los vuelve prisioneros. El pasar de Nicu transcurre entre las calles y las alcantarillas. Tierno y descarado, su triste e injusta categoría de menos no le quita la ilusión de ser feliz.

Sin embargo, el consumo de aurolac parece borrarlo vertiginosamente. Lo desvanece. Joost no solo documenta, sino que acciona ante la apremiante situación mortífera que acecha al infante. Evidencia su cariño y sirve de enlace para poner en la vida de Nicu a una mujer que inaugurará otro posible. Una altísima fiebre develará una condición clínica preocupante. HIV. Luego de un largo tratamiento hospitalario, Raluca, activista de una ONG, dará casa y amor para Nicu, quien se transformará rápidamente en su hijo putativo. Una vez recuperado de su salud comenzará la escuela. Una escena de Nicu corriendo a los gritos con su mochilita a los hombros demuestra su júbilo. Algo que le había sido negado.

Pasan los años para Nicu. Su rostro robustece y gana peso. Es ahora un adolescente que adolece. Aunque en principio distanciado para sanar, visita de tanto en tanto a su familia de las alcantarillas y a su polémico padre plateado. El aurolac sigue en su entorno y aunque trata de resistir la tentación, vuelve a recaer. Raluca comprende y lo serena. Nunca aplica punitivismo. Su hogar es ahora un espacio habitado también por otros chicxs abandonados que pasan sus horas allí, mirando dibujos animados bajo los efectos narcóticos del producto industrial.

El documento es lacrimoso per se, no porque haya una intencionada estética golpebajista sino por la cruda realidad que allí acontece. Hay algunas pinceladas de optimismo. Hay bondad y hay amor. Joost conoce a éstos chicxs. Fotografió y registró sus vidas. Y aún hoy los acompaña en sus forzadas peripecias (basta ver las redes sociales del director donde tanto Nicu como los otrxs niñxs siguen estando presentes) Así mismo, Joost también creó una entidad para poder ampararlos.

Una realidad triste y precarizada con algunos destellos alegres. Las lágrimas son irrefrenables frente a tal certificada injusticia. Luego del sabor amargo, queda al menos la dicha de saber que en la vida de éstos niñxs existe un Joost y una Raluca. Y por qué no, aunque termine condenado por vivir fuera de la ley, un polémico y enigmático Bruce Lee que supo edificar una morada para todxs los proscritos de la sociedad.

El documental se proyectará durante el Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos que da comienzo el jueves 30 de mayo. El sábado 1 de junio en la Alianza Francesa y el domingo en Cultural San Martin.