Qué pasa en Venecia, de las playas de Lituania a los pintores tradicionales

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Desde Venecia, exclusivo para leedor

Lo más interesante de las prácticas culturales contemporáneas es su capacidad de poner en conflicto. La Biennale 2019 no escapa de esta potencialidad, amparada en su lema May you live in interesting times.

Explico según lo visto y sentido aquí. Por un lado, una contudente presencia de grandes colecciones y museos hegemoniza la escena desde propuestas centradas en lenguajes tradicionales de las artes plásticas, pintura, dibujo y escultura. Por el otro, el León de Oro al Pabellón de Lituania otorgado a una performance (por segunda edición consecutiva). Seguramente no debemos leer esto como una contradicción, sino más bien como un delicado equilibrio en las pujas de fuerzas en juego: instituciones, mecenas y coleccionistas, artistas, públicos, atravesados a su vez por cuestiones geopolíticas y económicas, modelos de turismo, urbanismo y gestión cultural, aspectos centrales para pensar el flujo del consumo que existe hoy entre Occidente, Medio Oriente rico, y el gran jugador que ha roto los esquemas: China. Este último país es particularmente sensible, por lo que ha invertido en Italia, no solo a través de la empresa de telefonía Huawei, sino con la fabricación directa de productos locales, como los cristales de Murano, aprendidos y copiados con maestría en el país oriental.

Ahora volvamos a las artes, en esta ciudad que recorrimos y vivimos intensamente.¿Venecia ciudad museo? ¿Venecia obra de arte? ¿Venecia museo flotante? Tema de una complejidad que se discute año a año, cuestión central de políticos, historiadores y urbanistas. Una ciudad que tiene un habitante cada 358 turistas.

Por un lado, numerosas iglesias han reabierto y se postulan como espacios de conciertos y museos musicales, una marca de este 2019. Por otro lado, es indudable que el panorama pictórico de formato bidimensional ha desembarcado fuerte en Venecia. Así lo demuestran las exposiciones de Luc Tuymans, George Baselitz, Gely Korzhev, Arshile Gorky, Jean Dubuffet, cinco pintores varones construidos como descollantes por la historiografía del siglo pasado, a los que se suman Adrian Ghenie y Günther Förg. 

Leé la nota sobre la exposición de Gely Korzhev, Back to Venice, aquí.

Lejos de la impronta mucho más política de la edición anterior, aquí donde miremos, parece imperar cierto retorno de una tradición que vuelve a dar la idea de que la maldición de vivir en tiempos interesantes es inseparable de los lenguajes con los que la cultura modeliza y hace circular sus producciones artísticas.

Como contrapartida a esta presencia de materialidades y lenguajes más clásicos, no encontramos obras marcadas desde lo conceptual, sino un todo un conjunto de soportes y productos transmediales y artes en cruce que en algunos casos zozobran en cierta liquidez, con abundancia de instalaciones que se repiten casi en serie. La única excepción quizás sea la de Hito Steyerl, que, como siempre, acierta en las vueltas de tuerca de su llave maestra: el espíritu libertario y crítico y la impecable base teórica, con los que logra hacer estallar las prácticas que integra y construye con su sola presencia. Hito Steyerl con sus dos instalaciones, en la Cordería y en el Pabellón Central de Giardini, sigue descollando en la enorme masa digital, más o menos distópica y futuróloga, que abunda en la Biennale.

Este duelo de lenguajes más tradicionales frente a lenguajes digitales y tecnologizados tiene un atravesamiento ideológico propio que podríamos pensar también desde dicotomías que son solo aparentes.

Finalmente el Pabellón de Lituania, situado en la Celestia, extensión del Arsenale que alberga el proyecto ganador de esta Biennale. Curado por Lucia Pietroiusti, Sun & Sea (Marina), de Lina Lapelyte, Vaiva Grainyte y Rugile Barzdziukaite propone una performance durativa semanal que sucede los sábados, y que, aunque fue leída por algunas voces como una alegre escena de vacaciones, amable y divertida, encierra una melancolía demoledora, frente al consumo, la vida marcada por el mercado. En efecto, si nos tomamos el tiempo de leer el guión de esta ópera lituana, lo que parece leve se transforma en denso. Como dice el texto curatorial: “Imagina una playa: estás ahí, en esta escena, o, mejor aún, la miras desde arriba: el sol abrasador, el protector solar, los disfraces de colores brillantes, las palmas y las piernas sudorosas. Miembros cansados, tendidos ociosos sobre un mosaico de toallas de playa. Imagine los gritos ocasionales de los niños, la risa, el sonido del camión de helados en la distancia. El ritmo musical de las olas rompientes, un sonido relajante (en esta playa, no en ninguna otra). El crepitar de las bolsas de plástico girando en el aire, flotando silenciosamente, como una medusa, debajo de la superficie del agua. El rugido de un volcán, un avión o una lancha a motor. Luego un coro de canciones: canciones de la vida cotidiana, canciones de preocupación y aburrimiento, canciones de casi nada. E inmediatamente debajo el lento crujido de una Tierra exhausta y jadeante.”.

Mirá un video exclusivo de leedor de un fragmento de la performance de Lituania:

Abrumadoramente liviana, angustiante a momentos, hipnótica, voyeurista, de ambiente caldeado como el mismo calentamiento global, Sun&Sea (y su paréntesis: Marina, como el género pictórico), es una reflexión sobre lo cotidiano, el descanso agotador, lo artificial, lo construido, la situación, la convivencia entre el globo y lo global, y hasta cierto desamparo que sobreviene de reflexionar (como lo hacen estas 13 voces que cantan sus historias) qué estamos haciendo aquí y ahora.

Habrá mucho más para decir, seguramente, pero apuntamos aquí estas notas para compartir y aportar a debates e inquietudes, con una Biennale que cuanto más se estetiza más se politiza. Qué puede significar el desafío de vivir en tiempos de crisis, tiempos interesantes, desde la cuna de las artes de Occidente. Interrogantes de un mundo que se mueve, y que, como dice Hito Steyerl en su jardín de flores digitales, nos atrapa en la paradoja de que, cuanto más predecible es el futuro, más impredecible es el presente.o

Más información sobre la Bienal de Venecia 2019, panorama y tendencias del arte contemporáneo, charlas y talleres de reflexión sobre prácticas artísticas, curatoriales y de gestión cultural, escribir a kekena@gmail.com

Leé aquí la premiación de esta Biennale 2019.

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