Entrevista a Florencia Aroldi: “La cultura no es un negocio, es un derecho”

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Florencia Aroldi, dramaturga y autora del libro Celosía, teatro por cuartos 15/20 (obras breves), presenta el ciclo Celosía 15/20, integrado por Controlate Begonia, Calefón y No me arrepiento.

Una gran trayectoria y varios premios hacen de Florencia alguien que conoce a fondo el teatro en cada una de sus manifestaciones: como texto y como guion para una puesta. Ella, además, estudió actuación con Raúl Serrano, escribe para la revista Amalgama Cultural, Alerta Cultural y coordina talleres de dramaturgia, lo que permite que tenga una mirada muy amplia y autorizada.

Hace un tiempo viene pisando fuerte el teatro breve, ¿qué te plantea como dramaturga escribir una obra en la que la síntesis es la premisa?

Cada obra es un desafío diferente, quiero decir que propone un riesgo más allá de su longitud. Tal vez en el caso de las llamadas obras breves el desafío es contar una historia con valor metafórico en un tiempo acotado. Esa historia tiene que tener un principio un desarrollo y un final, es decir tiene que ser autosuficiente. Lo que hago es tomar un extracto que contenga el conflicto de una manera latente, pero a punto de hervor. Utilizo la metonimia (la parte por el todo) para construir una situación dramática compacta y a punto de florecer a la vez. Ahí, ese tiempo poético que está a punto de amanecer, anochecer, nacer o morir.

El grotesco y el sainete remiten a una época y a una sociedad determinada, sin embargo, cada tanto el teatro recoge elementos de ellos. ¿En tus producciones, quiénes son los personajes, las situaciones o los espacios que heredan la estética y la ideología que transmitían esas obras?

En mis obras, en las últimas, las que están en Molinete Conventillo o Celosía 15/20 se respira una atmosfera de Biblia junto al calefón; hay un clima de identidad de riachuelo. La realidad económica y social de estos personajes impone una estética desde el humor y lo trágico. Esos personajes no nacieron del aire: son hijos, nietos, de inmigrantes. Son argentinos; sus infancias sucedieron en un tiempo determinado con una realidad determinada. Lo que sucede en la actualidad contiene el pasado, son personajes contemporáneos. No encuentro manera que, siendo así, mis personajes no tengan ese aire familiar con el sainete y el grotesco.

¿Cuánto hay de denuncia en tus obras y cómo aparece?

No sé si hablar de denuncias, sino de conflicto; conflicto en términos teatrales, pero también sociales. Yo no denuncio, sino que escribo teatro, que es algo muy distinto. Es más complejo. En el escenario, la justicia es otra cosa. Los personajes están en contradicción, en ebullición permanente. Las reglas son otras; el misterio del ser humano es también otro. La moral es otra: no hay bueno y malos, ni está el bien y el mal. El teatro no es un expediente que contiene denuncias, porque eso implica que hay alguien afuera que evalúa, o que tiene la Verdad. En el teatro uno es el juez y el condenado, el abogado defensor y la víctima. En todo caso, ese conflicto, aparece como pregunta, como contradicción, como ignorancia.

La celosía remite al ocultamiento, ¿de qué manera trabajás el contraste entre lo que se muestra y lo que se esconde en función de generar el trabajo del espectador?

La celosía también es la frontera, el límite, lo que separa. Sin ese límite no hay Uno, sin Uno no hay Otro. Trabajo esa intimidad desde el misterio. Teatralmente se escucha más lo que el personaje no verbaliza que lo que dice; si lo dice ya no hay conflicto. La celosía también remite a lo celoso. El celoso siempre anhela algo que otro tiene y que uno no. Siempre está con la mirada fuera de sí, espiando del otro lado de la celosía, sea cual sea.

Vos no solo sos dramaturga, sino que publicás tus obras, cosa que no siempre ocurre con otros creadores, ¿cómo ves el mercado de lectores de teatro?

No sé si un lector cualquiera va a comprar un libro de obras de teatro. Lo que sí sucede es que me consultan muchos estudiantes de teatro, actores, directores. Mis obras se trabajan en muchos lugares de formación de actuación. Sabemos que el mercado editorial está sufriendo, como casi todos los rubros, las consecuencias de las políticas económicas que afectan no solo a los lectores, sino a la calidad de vida de los argentinos. Si comer está siendo un bien de lujo, imaginémonos comprar un libro de obras de teatro.

Actualmente, también hay en cartel varias obras a la gorra. ¿Cuál es tu experiencia con la respuesta del público? ¿Sentís que el que sea a la gorra influye en la valoración de una obra por parte del espectador?

El recurso de la modalidad de teatro a la gorra, que no quiere decir para nada que sea gratuito, favorece tanto a los artistas como a los espectadores. No es que yo como artista le hago un favor al público. Yo como artista necesito del público. Es preferible tener 50 espectadores en la platea y no 10. Y esos 50 me van a dejar a lo mejor la misma recaudación que los 10. El precio es una cosa y la valoración es otra. Lo concreto es que al ser a la gorra la gente concurre más. Y es lindo tener la platea habitada. La gente de teatro hace cosas más allá del dinero, aunque por supuesto que merecemos y corresponde que nos paguen porque es nuestro trabajo. Pero también es cierto que la pasión, el deseo y algo que no sé bien qué es hacen que lo hagamos a pesar de los factores económicos. Por supuesto que quiero un país donde el espectador tenga los recursos económicos, culturales y sociales para elegir qué espectáculo ver. Y por supuesto que, con igual intensidad, deseo que los artistas de mi país puedan vivir de su trabajo. La cultura no es un negocio, es un derecho. Acá es donde el Estado tiene que implementar políticas culturales que sostengan esta actividad; este gobierno no garantiza esto, porque no le interesa. Una muestra concreta es el retroceso de Ministerio a Secretaría de Cultura. Mientras escribo, hay gente que se está muriendo de hambre y de frío, gente que no puede llegar al teatro ni a la gorra porque no son sujetos de derecho. Escribo y hago teatro para una clase determinada que todavía puede sentirse convocada por esta clase de espectáculos. Con esto quiero decir que hacer teatro a la gorra tampoco incluye a la totalidad. Todavía, como artista y como argentina, tengo mucho por hacer.

autora original AbadiJueves 20 horas; Teatro IFT, Boulogne Sur Mer 549; Entrada: a la gorra