Uruguay, Grecia, Suiza, Brasil y Rusia: Recomendaciones #58Biennale

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Exclusivo para leedor desde Venecia

Dentro de la contundencia de los 29 pabellones nacionales (leé aquí sobre años de construcción y arquitectos) que se presentan en I Giardini, estas son las recomendaciones que propongo para esta edición:

Suiza: con curaduría de Charlotte Laubard y arte de Pauline Boudry y Renate Lorenz, Moving Backwards es un proyecto bien representativo de una de las líneas principales de este May you libe in interesting times, en tanto eje en el cuerpo, la danza y los diálogos multimediales. Como venimos comentando, el concepto de coreografía es clave de las prácticas más contemporáneas, como vía de acceso al cuerpo en tanto soporte no solo de expresividades sino sobre todo, de conflictos y luchas políticas. Teatralidad, crítica política, sensibilidad y forma y una reflexión sobre cómo se experimentan temporalidades en la cultura occidental.

Brasil: Otro proyecto donde el baile es protagonista, Swinguerra, curado por Gabriel Pérez-Barreiro y realizado por Bárbara Wagner & Benjamin de Burca. Muy efectivo, repolitiza desde cierta erótica de la lucha la impronta tan líquida, digital y también constipada de las ligas mayores del arte contemporáneo. “La lucha es de las mujeres”, a la vez que la imagen de cuerpos disidentes hace estallar ese concepto de mujer, con un afrobrasil que contagia deseo.

Uruguay: La casa empática, con curaduría de David Armengol y Patricia Bentancur, y la obra de Yamandú Canosa. De una fineza entrañable, se rescata el gesto poético y también el gesto político, a partir del concepto de empatía, de este país pequeño en tamaño que abre sus puertas a lo global desde su singularidad, el recuerdo, los vínculos, una geopolítica de los cotidiano, el color, la forma, el pequeño formato. Casi un susurro de afectividad pura, de lo mejor de esta bienal, tocando uno de los temas más sensibles de la política colonial histórica de Europa: la cuestión del otro no como un enemigo, ni alguien que sobra, sino como un hermane a abrazar. Dentra de este espacio, nada sobra ni falta. No exagero si lo propongo como el mejor lugar de I Giardini para encontrarse a conversar, mirarse a los ojos y sentirse abierta al mundo, una más en la multitud, felizmente.

Grecia: Uno de los toques de crítica institucional más contundentes, porque pone en foco una doble tensión: dentro de Grecia, en la historia de sus guerras civiles, enfrentamientos y políticas internas, y en la figura de Peggy Guggenheim, su rol de “benefactora” del arte con un rol central en la creación de modelos de museos e historiografías centrales, mecenas, amante de Venezia y creadora de lecturas memorables sobre lo clásico, la tradición, la innovación. Material de archivo que alterna con producción de poéticas más crípticas. Con Katerina Tselou y trabajos de Panos Charalambous, Eva Stefani y Zafos Xagoraris.

Rusia: Segunda edición consecutiva en la que Rusia nos impacta y moviliza. Con curaduria de Mikhail Piotrovsky, ofrece en su planta superior una instalación del gran Alexander Sokurov, una perla sensible que, como en El Arca Rusa, en el Fausto  o en Francofonía, vuelve a indagar, a partir de la obra El regreso del hijo pródigo, de Rembrandt, sobre las relaciones de Europa con sus modernidades, sus conflictos políticos y sus modelizaciones de mundo. Descendiendo la escalera del pabellón de 1914 diseñado por Aleksej V. Scusev, encontramos la propuesta de Alexander Shishkin-Hokusai, donde se anima la pintura flamenca mediante un sistema de dioramas, haciendo un guiño a lo mecánico de la factura del arte, la teatralidad y la musealidad, y homenajeando al gran artista japonés a su apellido.

 

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