Murió Leopoldo Brizuela

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“Creo que la narrativa en general no es una manera de contar lo que ya sabés sino de ir descubriendo cosas. A mí me parece que ese es el gran momento en el que ‘pasa’ la literatura, cuando además de escribir, además de trabajar con oficio (estoy de acuerdo con esa premisa), te animás a descubrir cosas y a que la historia vaya a lugares que te descubran cosas a vos. Es el momento de iluminación que uno busca”: así se refería Leopoldo Brizuela a la escritura literaria; y como escritor, pero también como una gran persona, se lo recordó hoy cuando se conoció la noticia de su muerte.

Desde el 2016 trabajaba en la Biblioteca Nacional, donde estaba encagado de rastrear archivos de escritores argentinos. Brizuela era también traductor –tradujo a Henry James, Flannery O’Connor, Eudora Welty, entre otros–, tenía 55 años y estaba haciendo un tratamiento oncológico. En 2012 obtuvo el Premio Alfaguara por Una misma noche, novela de la que Rosa Montero –una de las jurados del concurso– dijo que estaba “escrita en la penumbra, desde los interiores de la intimidad cotidiana que refleja la sociedad. Un thriller existencial”.

Otras distinciones por el autor fueron el Premio Fortabat de Novela 1985 por Tejiendo agua; el Premio Edelap de Cuento 1996; el Premio Clarín de Novela 1999 por Inglaterra. Una fábula; el Premio Municipal Ciudad de Buenos Aires para el bienio 1999-2000 por la novela Inglaterra. Una fábula (2001); y el Premio Konex 2004: Diploma al Mérito en la categoría Cuento: quinquenio 1999-2003.

“Esa es la gran felicidad, cuando lográs convertirte en una antena por la que pasan cosas sin que siquiera te des cuenta (por suerte). El tema es que pasa muy pocas veces, y en las obras de grandes escritores se notan los momentos en los que de golpe se colocaron en el lugar exacto donde pasaba eso. Porque además, ya que estamos hablando de oficio, yo tengo una teoría muy simple: creo que escribir correctamente, si tenés alguna mínima habilidad o talento, es bastante fácil. Si le sacás el aura y lo convertís en un procedimiento (como podría ser un guionista de telenovelas), vas a lo seguro: en el primer capítulo los novios se conocen, en el segundo van a la cama, en el tercero se traicionan, y ya armaste una historia, eso más o menos lo puede hacer cualquier persona que sepa escribir aceptablemente bien. Pero la literatura es otra cosa. Y, ¿qué es la literatura? ¿Cuándo empieza? Cuando uno se anima a trabajar ese otro lado, ese lado oscuro, no en términos de siniestro sino en términos de desconocido, de aquello que uno no maneja. Que no solo es oscuro cuando uno lo está trabajando, sino que muy frecuentemente uno lo sigue desconociendo al publicarlo”. Gran narrador y conocedor de los resortes que se mueven detrás del texto, Leopoldo Brizuela publicó el año pasado Ensenada. Una memoria.

Fuente fragmentos de Leopoldo Brizuela: entrevista publicada por el blog de Eterna Cadencia