Venecia #58Biennale: las primeras 5 mejores obras

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desde Venecia en exclusiva para Leedor

Primeras impresiones de esta edición 58° de la Bienal más importante del mundo. ¿Será sí esta gran Bienal de Venecia la que mide la temperatura del arte global? Me pregunto, es verdad que lo que vemos aquí es lo que se está produciendo en cada uno de los países, regiones, continentes? Son estos los temas, las llamadas de atención, las urgencias del arte contemporanísimo.

Hemos decidido ir marcando nuestras cinco preferidas. No hay impacto sin reflexión, aunque sea mínima. Reconocemos que el vértigo del primer día va en contra de alguna capacidad de análisis. Sobre todo si las obras se presentan más como enciclopedias de conocimiento que objeto de poesía. Nos subyuga el arte renacentista que traemos de Florencia. Nos jugamos al contraste de este mundo 2019 con todas sus miserias y sus desafíos.

Los premios ya se otorgaron y esto también marca cierta tendencia.

Acá van mis 5 elecciones de este primer día.

En el gran pabellón del Arsenale brillan los chinos

 

Teresa Margolles vuelve a apelar a la lucha contra la violencia contra las mujeres que el narcotrafico ejerce en México. Su obra, en un rincón algo apartado, se llama La búsqueda y cuenta con tres paneles de vidrio originales del centro de la ciudad de Juarez, ciudad emblemática de este tipo de violencia. que tienen pegados distintos avisos con fotos de mujeres desaparecidas. Desde el techo de la instalación baja el sonido del tren que atraviesa la ciudad de Juárez, sonido que no se reconoce como tren, ya que está procesado en una frecuencia baja, tal vez la que se incorpora en el cuerpo de tanto escucharlo. El sonido hace vibrar esos paneles de vidrio y nos envuelve también en algo ciertamente terrrorífico.

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Slavs and tartars es un colectivo dedicado desdeel 2006 a investigar las tradiciones culturales que comprende el espacio geográfico entre el Muro de Berlín y la Muralla China. Aquí su instalación cierra la enorme recorrida del pabellón central curado por el curador de esta bienal con una Plaza que han dado en llamar Dillio Plaza y que recupera dos tradiciones: la de la plaza italiana, parada obligada del cuerpo en el recorrido por iglesias, vías, y la tradición de una bebida de las tribus nómadas, bárbaras y turcas producto de la fermentación del repollo. Esta bebida que el espectador podrá adquirir en una maquina expendedora por 3 eu tienen elementos nutrientes únicos y era la bebida natural entre las tribus nómades. En la primera impresión, una enorme fuente verde ubicada en el centro de un gran espacio bordeada simétricamente por maquinas de agua y sillas alrededor. El agua tiene un nombre: es la de Gioergio Hammani “aquello que para unos es estilo, para otros es alma”. Buena definición para este glamoroso pasar por Venecia..

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El Pabellón de Filipinas se suma a la espectacularidad de esta bienal con una instalación inmersiva e interactiva, Island Weather, obra del artista Mark Justiniani. No vale aquí mirar desde la puerta. Habrá que descalzarse en medio de la oscuridad y subirse a una grandes plataformas vidriadas que transparentan un abismo lleno de objetos. Son islas que denotan origen y comunidad (dice el texto curatorial) Hay una ilusión visual en esa repetición especular de cosas, algunas históricas, algunas orgánicas. La sensación del cuerpo es de un vértigo extraño y perturbador. Filipinas aparece como un archipiélago ligado a un pasado denso y un futuro incierto, presa del legado del Colonialismo y de la aprehensión dada de la modernidad prolongada. A tener cuidado al subir a los islotes no tienen barandas, está oscuro y realmente dan vértigo.

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El Pabellón de Rusia tiene un plus más que importante. Uno de los artistas responsables es nada más ni nada menos que Alexander Sokurov, el realizador de El arca rusa, Fausto y Francofonía. Despliega aquí en los dos pisos del pabellón y con teatral magnificencia una instalación cuyo titulo es evangélico Lc. 15:11-32. Referencia de la historia del hijo pródigo según San Lucas, pero también según Rembrandt: la operación de resignificación del Ermitage, su museo más importante, se ejecuta a través de un espectacular sistema de corrimientos mecánicos de  pinturas como escenarios; y a través de una deconstrucción de su pintura más emblemáticas: el cuadro El hijo pródigo de Rembrandt van Rijn. El hijo, el padre, el hermano son reconstruidos en grandes esculturas de terracota y dispuestos a lo largo del espacio. Continuación probable para ese monumento fílmico que es El arca rusa.

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Otra obra inmersiva, pero más chill out es Rubber pencil Devil, del norteamericano Alex da Corte, que narra algo así como una historia del siglo XX utilizando personajes populares proyectados en una pantalla. Un Bart Simpson que fuma, una estatua de la Libertad que roba un televisor de la periferia,  El ambiente iluminado de naranja y con neones blancos reconstruye en el piso una cancha de fútbol. El publico, hipnotizado, como se ve en las fotos.

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