Crítica de “Nada contra qué chocar”, de Jorge Abel Muñoz

0
77

Nada contra qué chocar es un volumen de cuentos precedido de dos epígrafes significativos de Franz Kafka y Philip Dick. Ambos nos introducen en una atmósfera muy particular que sobrevuela todas las historias y adelantan ciertos motivos repetidos a lo largo del libro y relacionados con el fracaso que de antemano implica enfrentar lo que nos impone la cotidianeidad.

Después de leer unas páginas, ya percibimos que los lectores nos vemos arrojados dentro de relatos que empezaron mucho antes de la primera línea, como si llegáramos tarde al cine y comenzáramos la película con el conflicto ya planteado. Nada de morosas descripciones acerca de quién es el personaje: lo vemos en acción, en medio de alguna lucha diaria que tiene que ver con la supervivencia que le exige un entorno no muy amigable. Dos amigos que se quedan varados en medio de la ruta; un paseador de perros o un pibe que sale de una fiesta sumergidos en una realidad paralela bajo los efectos de la droga; chicos que se defienden como pueden de su familia o de sus pares; adultos resentidos, obsesivos, fracasados, son algunos de los personajes que no tienen “nada contra qué chocar”, nada que los frene o que les dé un respiro.

En esa galería de seres que suelen ver la vida desde afuera, están las madres, grandes “colaboradoras”  –conscientes o no– de las angustias de sus hijos: la que quiere que su hijo vuelva a vivir con ella, la que provoca “sin querer” a los amigos del nene, la que sobreprotege, la que miente. También están aquellos que viven vidas que con gusto cambiarían, pero que no se animan; o los que se sienten humillados y planean situaciones donde, como superhéroes de historietas, revierten su situación. En medio de todo, la violencia se hace presente por medio de palabras, gestos y acciones. Muchos de los cuentos relatan escenas que remiten a la crueldad que se ve en Abelardo Castillo, esa que el mismo definía “como la inversión de una manera piadosa de ver el mundo”. Precisamente, lo que no hay en el libro de Jorge Abel Muñoz es piedad: ni entre los personajes, ni desde el narrador hacia sus creaciones, a las que deja libradas a su suerte. Sin embargo, la presencia del humor y de la ironía son dos características que lo diferencian de Castillo, incluso en medio de descripciones muy crudas.

Si los comienzos nos meten de lleno en la historia, los finales nos dejan suspendidos, casi siempre noqueados después del golpe maestro: algunos cuentos viran hacia lo fantástico en las últimas líneas; otros naturalizan la violencia de tal manera que quedamos sin aliento; otros nos sorprenden dando un giro totalmente inesperado. En el medio de este arco que se dibuja con gran eficacia, el narrador se da el lujo de realizar descripciones que detienen la acción y que generan suspenso.

Nada contra qué chocar recibió en el 2016 el Premio del Régimen de Fomento a la Creación Literaria que otorga el Fondo Nacional de las Artes. Después de leer el libro es totalmente entendible que haya sido premiado.

Nada contra qué chocar, Jorge Abel Muñoz, La Parte Maldita, 2017, 124 págs.

Jorge Abel Muñoz nació en 1978. Es redactor creativo y docente, y se formó en los talleres de Guillermo Saccomanno, Liliana Heker y Juan Forn.