Delfina Giuntini y el teatro inmersivo, o el futuro del teatro

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La argentina Delfina Giuntini (25) actúa, dirige y produce teatro inmersivo en New York. Luego de trabajar con Roslyn Hart, su gran mentora, tuvo un rol en Never Sleep Alone, un show que se presenta en Joe’s Pub del Public Theater y en Confidential:  un juego de espías muy glamoroso que se realizó en distintos hoteles de diseño en SoHo y el Lower East Side. También fue anfitriona en el show Meta-7 de John Sully, que sucede en una plataforma multisensorial llamada XIX Collective,  una experiencia inmersiva u “ópera alquímica” que reflexiona sobre el número 7. En 2018, produjo, actuó y dirigió la versión neoyorquina de la obra Torres Gemelas, del argentino Nelson Ansiporovich.

Actualmente, Giuntini espera que se ponga en marcha el proyecto que la tiene entusiasmada (el Manhattan Camerata Transclassical Institute), mientras trabaja en ManiFaeStation, una performance en la que el espectador realiza un pequeño ritual con un ”Hada de la Manifestación” para ayudar a concretar un deseo. La obra está inspirada en el libro Psicomagia, de Alejandro Jodorowsky.

Asegura que el futuro del teatro está en este espacio donde conviven actores y espectadores, atravesados por tecnología y contacto humano por partes iguales.

Alejandra Correa: ¿Qué se entiende exactamente como “teatro inmersivo”?

Delfina Giuntini: Dentro de lo que se consideran “experiencias inmersivas” hay un gran rango de espectáculos que podrían describirse como tales. Principalmente se caracteriza por una interacción más directa y personal entre los espectadores y los actores, en las que muchas veces el espectador tiene una participación en el curso de acción, convirtiéndose en una parte activa de la ficción. El libro Creating worlds – How to make immersive theatre, de Jason Warren, es el único que encontré en el que se teoriza en profundidad sobre éste tipo de teatro. Él dice que los aspectos más innovadores de estas producciones generalmente son el rol que la audiencia juega en ellas y el uso particular del espacio escénico.

AC: En Argentina, ¿cuáles serían las experiencias más recientes de teatro inmersivo que recordás?

DG: En Buenos Aires, se ha hablado mucho de Lapsus en la teatro la Casona; Perfil bajo,  una obra para un espectador a la vez que sucede en las calles de distintos barrios; Acá no hay fantasmas, en el Teatro Cervantes… Puedo hablar particularmente de Torres Gemelas, obra en la que actué en Buenos Aires en el 2015 y 2016 antes de mudarme a New York, porque además la produje, dirigí y actué en la versión que presentamos en la Gran Manzana, durante 2018.

AC: ¿Cuál ha sido la propuesta de Torres Gemelas?

DF: Torres Gemelas es una obra de teatro participativo en la que jugamos un juego dramático donde todos somos actores. Se propone una situación ficticia: una fiesta de cumpleaños, en la que todos -actores y espectadores- somos los invitados, creando nuestro propio personaje. A medida que la fiesta avanza, esta ficción se empieza a ver amenazada por la realidad de que esto es una obra de teatro; siendo interrumpida con escenas y “happenings” que pertenecen al orden de los espectacular/performático, más que a una fiesta de cumpleaños. Esta obra ya estrenó su novena temporada en Buenos Aires, tercera en Córdoba y acaba de estrenar su primera versión europea en Barcelona.

AC: ¿Cómo surgió la idea de llevar la obra a New York?

DF: Mientras vivía en Buenos Aires audicioné para ingresar a la American Academy of Dramatic Arts. Conseguí una beca de mérito por haber tenido una buena audición. Mis padres me apoyaron y gracias a eso me pude instalar acá. En la última función de la obra en la que había trabajado en la Argentina, Nelson Ansiporovich -creador y director de la obra- me dijo que si quería llevarla a New York, él me daba los derechos para realizar mi adaptación en la Gran Manzana. Yo sabía que cuando terminara con el programa de Conservatorio le iba a poner toda mi energía a esto y así fue. Juanki Lo Sasso -actor y productor de Torres Gemelas en Buenos Aires- fue mi mano derecha a la hora de gestar el proyecto en New York. Hicimos un workshop en junio del 2018 que reunió al elenco de aproximadamente 10 personas que se comprometieron y vinieron a ensayar todas las semanas. Desempeñé el rol de directora por primera vez y descubrí en esta experiencia, una nueva vocación. Vi evolucionar al colectivo muy rápidamente y logré llevar a los actores hacia el estado que quería generar. La obra se presentó en Rubulad, un espacio en Brooklyn. Actualmente, estoy buscando productores para hacer crecer el proyecto.

AC: ¿A qué se refiere el título Torres Gemelas y cómo fue tomado ese nombre justamente en New York?

DF: La obra no habla del atentado sucedido en el 2001 de forma directa en ningún momento. Se lo podría relacionar desde un sentido metafórico. Obviamente, esa decisión no es azarosa, ya que la obra juega todo el tiempo con dobles sentidos. El hecho de que fuera así, desconcertaba mucho a los americanos. Fue por eso que decidí continuar el proyecto bajo el nombre “Two Towers”, para evitar que se cierren a la propuesta por un prejuicio.

AC: El caso más conocido de teatro inmersivo en New York, es la obra Sleep No more que hace tiempo que está en cartel…

DF: Sí, es el espectáculo inmersivo más famoso de los últimos tiempos en el cual los espectadores merodean libremente por la escenografía de cuatro pisos en las que hay performances sucediendo simultáneamente en distintos cuartos. Antes de entrar te dan unas máscaras blancas, que diferencian quién es actor y quién no. Los miembros del público deben hacer silencio en las salas, mientras siguen las distintas escenas, no pueden interactuar verbalmente con los actores. La historia está basada en Macbeth y para ver todo lo que sucede hay que ir al show más de una vez.

AC_ ¿Qué implica este formato desde lo actoral?

DF: Se trata de un trabajo desafiante porque requiere mucha soltura y solidez en la improvisación. Durante toda la primera parte yo jugaba a estar de incógnito y la gente tardaba en descubrir que en realidad era una actriz y no una espectadora más. Es también un trabajo profundo, porque se puede llevar el juego tan lejos como se quiera. Por ejemplo, cuando Leti -la cumpleañera de las primeras temporadas- se fue del elenco, el director decidió que hubiera dos cumpleañeros, uno “cheto” y uno “villero”. Todos los actores tenían que elegir de quién eran invitados. Yo elegí ser una chica de clase social baja, embarazada. En la fiesta, el objetivo de mi personaje era emborracharse para olvidar las penas de este embarazo no deseado y para eso le pedía a la gente que me compartieran de sus bebidas, poniéndolos en un desafío moral. Recuerdo una función en la que un espectador no me quiso convidar de su cerveza, yo protesté e insistí diciéndole que el embarazo no había sido mi decisión y que no me habían dejado abortar en el hospital. Terminamos llorando y abrazándonos juntos. Fue un momento muy real y de mucha catarsis dentro de la ficción. Sentí que esa era la esencia del teatro y de actuación en su estado más puro.
AC: ¿Cómo fue actuar en Buenos Aires y después en New York, teniendo en cuenta que son ciudades muy diferentes?

DF: En Buenos Aires noto un público más crítico, que antes de aceptar una convención primero la cuestiona. Una vez que la aceptó, juega a fondo. En New York noté que el público acepta las propuestas más rápido, pero también tiene más timidez en avanzar y experimentar a fondo. Como actriz es clave poder adaptarse a las necesidades del espectador para poder guiarlo dentro de la ficción.

AC: ¿Por qué el teatro inmersivo aparece como “el futuro del teatro”?

DF: Porque nuestra sociedad hoy en día está tan acostumbrada a las interacciones virtuales que los espectadores buscan una experiencia que rompa con eso y les ofrezca un espacio de conexión humana o buscan lo último en tecnología para sumergirse en la realidad virtual. El teatro inmersivo provee ambas opciones.  Pareciera que el público está abandonando el rol voyeurista que predominó por años para involucrarse más activamente en la creación colectiva o, al menos, para exponerse a una mayor cercanía y vivir la experiencia “desde adentro”. Para mí este formato, generalmente, ofrece un nivel de intimidad que es único y extremadamente efectivo para la teatralidad. Si está bien logrado, te hace entrar en una profundidad emocional que es más intensa que la que provoca un espectáculo convencional, mirando desde la butaca.