Crítica de “Principio de incertidumbre”, de Laura Yasan: la poesía como resistencia

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“La poesía es militancia […] la poesía es resistencia”: así presenta Laura Yasan este libro de poemas que corresponden a distintos períodos de su producción, pero que tienen el denominador común de expresar su compromiso. No es esta, entonces, una poesía escrita desde una torre de marfil, sino una que da cuenta de la crisis de valores en la que vivimos y de la vulneración de los derechos humanos en su sentido más amplio.

Desde el comienzo de la antología, es muy evidente que estamos frente a una gran poeta que maneja la palabra con una precisión y una riqueza destacables. Es esta una poesía del término justo, de metáforas nuevas, de adjetivos contundentes que nos remiten al campo semántico de esa incertidumbre que propone el título, del dolor de asistir a una realidad que golpea, de la impotencia de ser testigos de un mundo que se desmorona: “babea en las terrazas una furia homicida”; “como si el aire fuese un espejo de agua / impulsar un vaivén que alcance apenas para una hamaca de fastidio”; “cruzar una ciudad en donde el agua es negra / y negra es la saliva de los perros / y negro el semen que descargan los ángeles”.

Como decíamos al comienzo, la poesía es militancia, y esto se relaciona con el valor performático de la palabra –decir es hacer– , lo que se transforma en una poética que se manifiesta a lo largo del libro. La autora viene a “testimoniar palabra” porque “a destiempo se escribe / en la mugre de un vidrio / en el borde escarpado de los sueños / sobre la piel fregada de la muerte / en las manos ardidas de una madre cualquiera”.  Esa misma palabra también adquiere profundidad en su relación con el silencio: “hago trinchera en el silencio / y es la palabra que no digo / el ladrillo de furia en la cara del miedo”. Sin embargo, a veces no alcanzan las palabras si solo se quedan en letra muerta; ellas deben transformarse en acción, deben promover la acción: “no hay nada verdadero en las palabras (…) / no llegaré a la noche esperando palabras / ya fui sequía / si es necesario un bosque para que el fuego arda un día más / ahora seré rayo”.

En esa poética que van tejiendo los versos, el poema queda definido a partir de metáforas que remiten a la provocación: “el poema es un espantapájaros / irrumpiendo en la línea del horizonte (…) / el poema es un ancla que ha perdido su barco / el poema es un iceberg en medio del desierto”; y ser poeta supone testimoniar a través de esa belleza que implica toda creación artística: “no podría  / como una traductora soldada en su oficio / dejar de convertir / enfermedad en belleza / lo vivido eslabón de oro entre lo sucio materia prima / sólo para escribirlo”, porque después de todo la fe poética se erige por encima de la realidad: “creo en lo que se mueve detrás de la aspereza / en la instancia agotada de una promesa rota (…) / en los cuerpos vencidos por el peso de la parte que falta”.

En este libro, además, no podía faltar lo femenino como protagonista, pero también como metáfora de múltiples significaciones. En este sentido, el poema “Genealógica” retrata tres generaciones de mujeres a partir de imágenes que describen los mandatos sociales a los que venimos respondiendo a lo largo de la historia: “las hijas del nuevo mundo (…) / anhelan despertar / con los dedos más largos cada día / para hundirlos hasta el fin de sus amígdalas / y vomitar sin voluntad / lo que resta del siglo”. Ellas “son las hijas huérfanas de las madres frígidas del viejo mundo”, esas que querían “las curvas mullidas de la marylin / y el aspecto latino de una amante del che”; y las madres de estas madres son las que “querían una historia sumergida en channel / casarse vírgenes con una réplica de cary grant”.

Principio de incertidumbre es de esos libros imprescindibles, uno de esos gritos repetidos por mil centinelas de los que hablaba Charles Baudelaire, y un llamado a tomar conciencia y empatizar con el dolor del otro: “puede pasar que un día comas barro / y diez años más tarde sientas el gusto / (…) que una mañana abras los ojos / en el fondo del mar / puede pasar que pierdas el trabajo / a fuerza de voluntad / los escrúpulos a viva voz / las ganas de mandar todo a la mierda/.

Principio de incertidumbre, Laura Yasan, Ruinas circulares, 2018, 68 págs.

Laura Yasan tiene publicados más de 14 poemarios. Recibió, entre otros, el Premio Carmen Conde, Madrid, España, 2011; el Premio Casa de las Américas, Cuba, 2008; y el Premio Nacional de las Artes, 1998. Su obra fue parcialmente traducida al inglés, al francés, al italiano.