#FICIC2019: Crítica de El río, de Santiago Canel

0
75

A pesar de lo que diga el director Santiago Canel, su .opera prima Río (2019), es un film de texturas. Digo a pesar, porque es lo que dio a entender en la charla que tuvo con el público luego de proyectarse la película en una de las salas de la ciudad de Cosquín, en donde se desarrolla la novena edición del FICIC. Texturas en cuanto está rodada en diferentes soportes, siendo el súper 8 el más interesante y el más extraño, hoy en día en que la calidad de la imagen se mide por su nitidez y en su casi nula granulosidad. De todos modos, este tipo de cinta es la que acompaña el film en diferentes momentos puntuales, siendo una especie de hilo conductor y no su totalidad.

Y si hablamos de hilo conductor también podríamos decir que detrás de cada una de las historias que entablan los personajes de Río, esta precisamente esa palabra que parece englobarlo todo. El río como un camino de fluidez en donde la tristeza, el abandono, la melancolía por la pérdida y la búsqueda de continuas redenciones por medio del alcohol, la filmación en su modo obsesivo de querer capturar todo a su paso o algo tan surrealista como comer un helado con un fantasma, se convierten en un río sin orillas, parafraseando a Juan José Saer.

Las historias son narradas con la voz en off de dos de los personajes masculinos que ubican al espectador en las diferntes situaciones que encarnan los personajes. Seres quebrados emocionalmente que padecen sus fragilidades en diferentes ciudades: Río de Janeiro, Buenos Aires y Los Ángeles.

Las actrices Ailín Salas, Julia Martínez Rubio y Paula Carruega son las que direccionan las diferentes situaciones. Y cada una de ellas lo hacen de manera excepcional. De hecho, y en palabras del director, son tres de las mejores actrices de su generación. Y lo hacen a pura emoción pero sin dejar de lado una sutil cuota de extrañeza, furia y apagada tristeza.

Y si hablamos sobre el uso de Canel de rescatar materiales anacrónicos como la filmación en súper 8, también vemos con sorpresa la aparición de una máquina de escribir conviviendo plácidamente con un celular. Y es que parece que las diferentes tecnologías parecen querer convivir en pos de una apertura creativa (que aglutinaría todo) y que mira con cierta melancolía todo lo que dejamos atrás. No en vano vuelve el vinilo, el súper 8 y la fotografìa analógica.

Y si lo digital parece querer invadirlo todo, creadores como Canel se encargan, no de desterrarlo sino de hacerlo convivir con lo pasado, como lo hace su película Río, que transmite un poco eso: el rescate de las cosas perdidas.

El amor perdido, una hija perdida, una pasión perdida, son algunas de esas pérdidas. Y si el río es una metáfora en cuanto todo se va y ya no vuelve, Canel parece querer dar a entender que hay que detenerse un poco para congelar este tiempo que irremediablemente avanza sin mirar atrás, porque si el río está presente como idea, el hielo, también lo hace de una manera más solapada en esta película. En definitiva no olvidemos que un film hace eso: congelar el tiempo como lo hace el hielo con las cosas animadas, a pesar de que el río, en su otro estado, el líquido, siga avanzando sin remedio hacia adelante.