#FICIC 2019: Crítica de “De nuevo otra vez”, de Romina Paula

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Podríamos decir que la opera prima de Romina Paula, De nuevo otra vez (2019) es la continuación en fílmico de su última obra literaria llamada “Acá todavía”. No solo por la similitud de los títulos que encierran un juego de palabras, sino porque en Acá todavía el personaje —Andrea— está embarazada. En el caso de esta película, que acaba de hacer su premiere internacional en el FICIC, Romina —el alter ego de su creadora— ya está con su pequeño hijo, Ramón, de tres años, aunque claro, el entorno familiar y el contexto social son diferentes.

De nuevo otra vez —como dijimos antes— es un juego de palabras que preanuncia una repetición, un apostar otra vez, un barajar de nuevo, un volver a empezar, pero ¿de qué manera? Esa es la pregunta que todos nos hacemos en algún punto de nuestra vida. Aunque en el caso de Romina, nada está claro, y ese limbo en el que se encuentra —personal, emocional y sentimental— la inmoviliza y no sabe dar una explicación precisa de lo que le está pasando. ¿Te estás separando?, le preguntan sus amigas. “No, no creo”, contesta, y esa ambigüedad la traslada a su vida como madre y como hija.

La escritora Romina Paula —autora de “¿Vos me querés a mí?”, “Agosto”, “Acá todavía”, entre otros— no es ajena al mundo del cine. Como actriz ha interpretado varios papeles en películas como La punta del diablo (2006) de Marcelo Paván, Medianeras (2011) de Gustavo Taretto, El estudiante (2011) de Santiao Mitre y Viola (2012) de Matìas Piñeiro. Su paso a dirigir su propia película era inevitable en una artista que se mueve en varios planos creativos como la literatura, la dramaturgia —ha dirigido obras teatrales como “El silencio” (2006), “Algo de vida hace” (2008) y “Fauna” (2013) y ahora como directora.

La historia de Romina comienza cuando decide tomarse un tiempo —de común acuerdo con su novio— para tratar de entender que es lo que les sucede puertas adentro; adónde quedó varada la magia de antaño, la complicidad y el deseo.

Ese tiempo pausado lo utiliza para convivir un tiempo con su madre en su casa de Buenos Aires, dedicar tiempo completo a su pequeño hijo y visitar a sus amigas de la adolescencia, las que dejó de ver cuando decidió irse a vivir a las sierras de Córdoba.

A punto de cumplir 40 años, Romina tratar de hacer equilibrio entre un pasado idealista, un presente realista —tan realista que duele— y un futuro pesimista, aunque no del todo. En ella la llama de la esperanza y el final feliz de los cuentos de hadas, todavía sigue encendida.

Como directora, Romina Paula, logra retratar la vida de una pareja que no logra consolidarse ni hacer pie; que se sienten mejor estando separados que juntos, pero que así y todo se quieren y se necesitan. Una situación que se palpa a diario en un mundo que parece querer borrarlo todo a su paso. Por eso la directora hace foco en esas pausas que decide hacer en su vida, esas pausas que se expresan en los momentos más pequeños, pero no por eso menos trascendentes.

La contemplación de un álbum familiar, el encuentro en una plaza con sus amigas, las clases de alemán que le da a un amigo de una amiga, la visita a una exposición de arte, o los recuerdos de su pasado familiar que nos presenta a través de fotografías que desglosa como una suerte de documento autobiográfico.

De nuevo otra vez es un film excelentemente dirigido, sólido, personal, intimista y con un trasfondo que podríamos llamar existencial, en el sentido que todo lo que existe es y todo lo que es tiene que encontrar un lugar para su propia existencia, ese lugar específico que Romina no logra encontrar.

“Cuando estamos más cerca de algo, más feo se ve”, dice en un momento. Por eso su alejamiento, para encontrarse a sí misma y de esa manera volver a tener la posibilidad de un final feliz en su vida. Un final que se le antoja de diferentes maneras: con su novio y su hijo; con su amiga y su hijo, con su amigo y su hijo, sin su hijo pero con alguno de los tres. También sola. Todos los escenarios son posibles. Y Paula directora nos hace partícipes de eso. Las puertas están abiertas, todas a la vez. Lo que decida Romina va a ser el producto de su propia búsqueda interior. Y lograda esta, todo es posible.