Entrevista a Natalia Sordi: revelación en los encuentros que vivifican

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A la cabeza de la productora musical Femio, Sordi nos permite con La letra en el agua (La docta ignorancia), conocer otra faceta de su personalidad artística. Toca el piano, organiza conciertos con grandes talentos de la música y ahora se presentará en Pre-Textos para piano y voz, un ciclo en el que la literatura, la música y la interpretación dialogan para generar un espectáculo diferente, cargado de emociones, donde los espectadores vibran al ritmo de las palabras, las melodías y los silencios.

La cita es los domingos 12, 19 y 26 de mayo a las 18 h en Borges 1975 (el ciclo es dirigido por Edgardo Kawior). En esta entrevista, la poeta nos habla de su libro, donde confluyen los sonidos y el silencio, y donde hay un juego lúcido con el lenguaje. Sordi nos comparte sus valiosas reflexiones y una vez más nos propone el encuentro como fuente de vida.

El agua y la música aparecen con frecuencia en tus textos, ¿te parece que hay una vinculación entre ellas? En un poema repetís la frase, “agüémonos…”.

Seguramente. El agua es un elemento maravilloso, porque es esencialmente vida. Tiene la cualidad de transformar con suavidad las cosas, y también posee una fuerza descomunal que insiste, inagotable. Hay algo vital en el agua que siempre me enseñó, me dio paz, me conectó con algo muy genuino, de raíz. Y la música para mí es el lenguaje en que el agua podría expresarse perfectamente. La música podría ser la voz del agua, ¿por qué no? La poesía también, porque yo creo que la poesía es musicalidad, una musicalidad del lenguaje que toca al cuerpo por fuera de los sentidos propios del lenguaje a los que tanto estamos acostumbrados cuando hablamos cotidianamente. Por eso, la música, la poesía y el agua transforman, despiertan, vivifican.

Hay un contraste en tu poesía entre los silencios (ejemplo: “silencio que perfora la tarde”) y el sonido que se aparece: (ejemplo: “La voz pasa y es música del agua”), ¿cómo ves vos la utilización de estos contrastes?

No sé. Cuando escribo no tengo ninguna intención de utilizar recursos o formas, ni siquiera formas poéticas. Me siento a escribir como algo que me resulta natural, tampoco es impulso. A veces hay una necesidad de escribir, otras busco y me hago el momento porque me gusta lo que me encuentro en ese ámbito de la escritura. Tengo una sensación, algo que quiero decir o simplemente me dispongo a la hoja en blanco y algo aparece. Eso que aparece va solo. Confío más en ese acto que en cualquier otra cosa en el mundo, porque siempre me termino sorprendiendo de lo que surge allí, de lo que empezó a decir allí de mí misma, de algo verdadero que se va encontrando en los contrastes que vos mencionas, o en alguna palabra que se repite, en una cadencia, en un ritmo. Pero nunca es desde la intención de utilizar recursos del lenguaje o en la vía de una pretensión de significar algo. Creo la escritura poética esencialmente como un encuentro, como cualquier acto creativo.

También hay una mención a las voces, ¿es una voz exterior o una voz interior la que se menciona?

Eso se lo dejo al lector (risas). Lo más lindo de la poesía es la resonancia, que emocione donde llegue a cada quien desde lo que se lee ahí. Ese es el encuentro, también.

¿Creés que todo el tema de lo auditivo, tan presente en tu poemario, tiene algo que ver con tu profesión como música y productora musical?

Y como psicoanalista. Bueno, sin duda hay una relación a la escucha que está muy presente en mi vida. Lacan decía que se lee con los oídos, imaginate que es un concepto al que adhiero plenamente. Los oídos, además, lo auditivo, es el único sentido que no puede cerrarse… por lo cual, es un punto privilegiado en el cuestionamiento del límite entre un “adentro” y un “afuera”. Aprender a leer con esos agujeros del cuerpo, uno de cada lado, y construir una mirada propia que escuche, que incorpore, que deje pasar. Me resulta interesante pensarlo así. Yo no tengo memoria de mi infancia sin la música, también, te diría que la música fue casi mi lengua materna. Las profesiones se dan por añadidura de otra cosa que es anterior y seguramente tiene que ver con un deseo, en este caso por qué no de escuchar. Entonces, los oídos pasan a ser cualquier parte del cuerpo. La escucha como cuerpo que se escribe.

¿Cómo se diferencia tu voz de pianista de tu voz como poeta?

Toco el piano, porque la palabra “pianista” después de trabajar con pianistas talentosísimos como Pablo Ziegler o Alejandro Manzoni, me queda muy lejos (risas). Pero sí me considero poeta, al menos hoy, porque estoy en eso, es algo que está ocurriendo en acto, estoy escribiendo poesía y cosas hermosas están pasando con eso. No sé si se diferencia una voz de otra, son aspectos de lo mismo. Hace poco alguien me dijo algo que me hizo pensar justamente en esto: “Vos hablás como tocas el piano”. Y creo que no le erró. Hay algo “anterior”, y después se despliega y va salpicando cada una de las cosas que hacemos. Yo no puedo distinguir demasiado entre tocar, escribir, pensar, sentir… son expresiones de una voz propia que va creciendo si seguimos haciendo y disponiéndonos a un hacer.

Siguiendo con los contrastes, noto en varios fragmentos el recurso del oxímoron (música muda, intimidad lejana, abismo sólido). ¿Cómo trabajaste este recurso?

Ese sí es un recurso al que reconozco tener un cariño especial (risas). Pero porque me gusta desarmar el sentido, cuestionarlo, ponerlo en duda, hacerlo parir otra cosa. Un oxímoron es maravilloso porque nos exime de la coherencia con la legalidad que tiene dentro del lenguaje, una fuerza infernal desde donde explotan imágenes, sensaciones, sentidos, escalofríos. Me gusta que un oxímoron me provoque todo eso. Y algo en el oxímoron me define, eso que siempre está afuera de poder decirse, eso que escapa a la significación. La vida es como un oxímoron permanente, el suave golpe del agua en la roca blanda.

Siguiendo con la exploración de los opuestos uno de los poemas dice : “es la música que vierte todo su silencio”. ¿Cómo ves vos la relación entre el silencio y la música? El silencio, como dice el yo poético, puede ser comparable a un orgasmo…

No tengo duda alguna de que la música es silencio. El silencio convoca a la música a existir, no hay una sin el otro. El silencio está dentro del lenguaje, es posibilidad del mismo lenguaje. Y te diría que el silencio se produce como encuentro en un “después” de haber hablado, no “antes” de producir el acto de haber dicho algo, esta es una dimensión donde se juega una posición en el habla. No es tan obvio de qué se trata hablar, decir. Yo veo una clara diferencia entre el silencio y la mudez. No decir nada no es habitar el silencio, porque recién al hablar éste puede producirse. Se puede hablar desde el silencio, también, y decir muchas cosas con palabras que exploran la dimensión silenciosa de la vida. Y considero que es la mejor manera de hablar y decir. Además, ¿la poesía no es eso?

¿Te parece que todo poeta y todo músico debe encontrar el silencio para componer o escribir sus obras? ¿Se puede crear en medio del ruido?

Hay un silencio que no tiene que ver con la falta de ruido ambiental. Podemos estar en una isla desierta y estar llenos de ruido. El silencio al que me refería en tu pregunta anterior es un silencio que se habita, que se lleva, con el que se habla y con el que también se escribe. Después están los gustos de cada quien, por supuesto. A mí me gusta también escribir o sobre todo componer o tocar el piano cuando hay más silencio en el contexto en que estoy.

Creo que el sentido al que más apelan tus poemas, aparte del visual, es el auditivo, por sobre el táctil y el olfativo, por ejemplo, ¿estás de acuerdo?

Sí, antes hablé de eso y estoy de acuerdo, es posible.

Según percibo hay en tus poemas un intento de atrapar lo fugitivo, por ejemplo: “somos ese instante siempre a punto de revelarse” y el arte parece como una fuerza que permite que esa fugacidad se ancle de alguna manera, ¿no es así?

Si los seres humanos, en este cosmos que nos ha arrojado a la existencia, no deseáramos -no atrapar, sino arañar- algo de lo eterno a través de alguna creación, sea la que fuere, no existiría ya la humanidad. El arte es creación y es lazo, transformación también hacia lo nuevo. De todos modos, en la frase que citas como ejemplo yo no veo un intento de atrapar la fugacidad, sino más bien y por sobre todas las cosas una verdad como revelación. Revelación en los encuentros que vivifican.