#FICIC 2019, Crítica de “Ausencia de mí”, de Melina Terribili

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Hablar de Alfredo Zitarrosa es hablar de una parte fundamental de Uruguay en cuanto fue uno de sus mùsicos, poetas y cantautores de la mùsica popular más entrañables y respetados. Con el agregado de que fue un gran defensor de los derechos humanos en el sentido más amplio, es decir, tanto en la defensa de los pueblos oprimidos y en sus libertades censuradas, como también hacia la naturaleza en todas sus formas, a ese sentimiento de pertenencia que mantenía con su país a través de su familia, de sus amigos, del arte, de la vida misma. Un deambular nostálgico que mantenía con su entorno y que lo llevó a recorrer a la fuerza diferentes continentes buscando la paz y la libertad que en el suyo se había hecho añicos.

La directora Melina Terribili realizó en Ausencia de mi (2019) un trabajo extraordinario. Una especie de búsqueda arqueológica que abarca el período 74/86 en la vida de Zitarrosa. Un período desgarrador que lo mantuvo fuera de Uruguay por más de 10 años.

Segmentada en cuatro grandes bloques (Exilio I, Exilio II, Exilio III y Desexilio) lo vemos a un Zitarrosa en fotos y videos caseros hablando con esa voz grave tan particular, narrando parte de lo que estaba viviendo en esos momentos. Su llegada a la Argentina en el 76, su llegada a España, luego de que Argentina también cayera en manos de una dictadura militar como había ocurrido en Uruguay y, por si fuera poco, su ida a México luego de que también España empezara a sufrir situaciones de gran turbulencia política.

Ausencia de mí es una pelìcula sobre el desarraigo, sobre el exilio, sobre el compromiso polìtico que tiene que tener todo artista que siente amenazada sus libertades, no solo artísticas sino humanitarias. Y lo vamos visualizando a través del pensamiento de Zitarrosa; pensamientos que se hacen patentes en sus poemas, en sus canciones, en sus reprtajes que Terribili arma como un gran rompecabezas histórico a través del material que sus hijas (Moriana y Serena Zitarrosa)y su esposa (Nancy Marino Flo) donan al estado uruguayo.

Cajas y cajas de objetos, papeles, cintas de audio, filmes, fotos, diapositivas, borradores, cartas y afiches de sus actuaciones, son sacadas a la luz para ser restauradas, clasificadas y archivadas. Un trabajo de la memoria de un gran artista comprometido con su arte; con su país y su familia; con un ideal político que contemple una sociedad libre de pobreza y miseria y, por sobre todas las cosas, comprometido con el tiempo álgido que le tocó vivir.

Hay grandes momentos en la película de Terribili: por un lado, las terribles imágenes de archivo de las dictaduras de Uruguay y Argentina, respectivamente, y por el otro, las enternecedoreas secuencias de un Zitarrosa íntimo, el del baile de los quince de su hija Moriana, los asados con sus amigos, los juegos en la playa con su familia y una bandada de pájaros sobre las olas del mar que se funden con una vista de eucaliptis mágicos que aparecen como un leit motiv poético a lo largo del todo el film.

La pelìcula cierra con el desexilio, término acuñado por Mario Benedetti, y su llegada a un Uruguay democràtico. Un recibimiento caluroso y esperado; un recital en el que no faltaron las proclamas políticas y sociales y algunas reflexiones finales sobre el trabajo del artista.

A 30 años de su muerte, vale la pena acercarse a esta especie de collage de la memoria que realizó Melina Terribili sobre la figura de un ser íntegro, coherente y totalmete lúcido que se llamó Alfredo Zitarrosa.