El Museo recupera la memoria. Alonso y Dowek en el MNBA

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Meditaciones de una visitante

Paul B. Preciado escribe que los museos para ser rentables (un imperativo que pesa sobre ellos) deben responder al mercado y presentar obras fácilmente reconocibles, muy convocantes, de manera que el público, aún  siendo local, pueda sentirse turista porque esas muestras estuvieron o estarán pronto en otras grandes ciudades. Viajarán de un museo a otro, de gira por el mundo…como las estrellas del espectáculo. Dice Preciado:

las obras no son consideradas por su capacidad para cuestionar los modos habituales de percibir y conocer sino más bien por su intercambiabilidad sin fin.[1]

Y propone no llamar Museo sino Necromuseo a las instituciones que funcionen así, museos muertos cuyas obras no interpelan, no recuperan memoria, no combaten. Sería mejor:

Apagar las luces para que, sin posibilidad de espectáculo, el museo pueda empezar a funcionar como un parlamento de otra sensibilidad.

A mi criterio, ese parlamento abre una luminosa sesión en el MNBA recuperando una memoria que se ha tratado de invisibilizar y/o negar, a través dos grandes artistas: Carlos Alonso y Diana Dowek. Memoria que revive con tanta fuerza que pasear por las  salas resulta una experiencia intensa; tan fuerte que, por momentos, golpea a la cara a quienes vivimos esas décadas y, seguramente, deja huellas en lxs más jóvenes.

En palabras de Kekena Corvalán, para Diana Dowek la pintura es un campo de batalla y esto queda muy claro en sus Paisajes insumisos donde recupera las movilizaciones urbanas de los años 60 y comienzos de los 70. En los cruces de las calles aparecen, sobre las cebras aparentemente seguras, lxs burguesxs representados pasolinamente por chanchxs, enfrentadxs a una juventud que peleaba por otros ideales.

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Hombres vs. piaras, 1872

Ya en el 76, Dowek pone en escena un enorme paisaje en el que la vegetación paradisíaca resulta intervenida por figuras que se escapan/se persiguen, escenificando lo siniestro. Un elemento que ata buena parte de la obra de esta artista, es el alambre. En un país en el que ese sencillo material ha servido para reparar casi cualquier cosa entre quienes tienen poco y para encerrar las infinitas hectáreas de quienes tienen mucho, se lo puede encontrar aquí atando una muñeca o, censurando una obra de Dowek que nos da la espalda.

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Argentina 78, 1978

Algunas de estas obras se crearon  mientras Daniel Viglietti cantaba A desalambrar. Con tonos oscuros, sin estridencias, Dowek recrea climas que son dolorosos pero exigen ser recordados. Anticipándose a las denuncias por desapariciones de mujeres, en 1971, ubica en uno de sus cruces callejeros un zapato femenino y se pregunta: ¿Dónde está MEM? Esta muestra fue curada por Mariana Marchesi.

Alonso presenta en Pintura y memoria, un gran número de obras de colorido impactante que toman y retoman determinados temas. Fiel a recrear obras de sus artistas admirados hay aquí versiones de La lección de anatomía, de Rembrandt. En una de ellas, los camilleros escapan del bastidor llevándose el cadáver ante los ojos del profesor de anatomía y sus estudiantes;

Lección de anatomía, 1970

La lección de anatomía, 1970.

en otra, el cadáver disecado será el del Che Guevara. Alonso no olvida ni facilita. En los años 70 tomará el tema de la carne (trozos ymedias reses que aparecen en mataderos/carnicerías), ícono argentino y metáfora de la cosificación de nuestros cuerpos, de esos cuerpos que al poder, representado por señores muy elegantes e indiferentes, no les interesan nada más que por el valor que puedan extraer de ellos.

Carne de primera, ph MNBA

Carne de primera No.1, 1972. ph MNBA

Quizás la gran sorpresa de esta muestra sea ver por primera vez, ya que en 1976 fue censurada, la instalación Manos anónimas, incluidas las notas que escribió el propio Alonso para realizarla. Cuando entré en el espacio en que se la recrea había allí un hombre con su hijita, poco tiempo después entraba la madre y la nena, de unos diez años, quiso prevenirla diciéndole: ¡es muy fuerte! Y sí, esa realidad fue muy fuerte y las obras que recuperan su memoria son insoslayables. Esta muestra fue curada por María Florencia Galesio y Pablo De Monte.

Hasta el 14 de julio de 2019

Museo Nacional de Bellas Artes
Av. del Libertador 1473, Buenos Aires

 

 

 

 

[1]Preciado, P. B. (2017); El museo apagado: pornografía, arquitectura, neoliberalismo y museos, Malba, Bs. As.