La strada dove si crea il mondo, en el MAXXI de Roma

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Exclusivo para leedor desde Roma

El MAXXI (Museo de Arte del Siglo XXI) siempre es una fiesta por la chance que ofrece de ver instalaciones de artistas de todo el mundo y curadurías que las actualizan como sitios específicos. Planificar viajes y contemplar fechas teniendo en cuenta sus propuestas es clave. En este caso, llegamos a tiempo para ver La strada dove si crea il mondo, que reúne más de 200 proyectos creativos en relación al tema de la calle, “entendida como lugar de interacción entre lo público y lo privado e instrumento de regeneración del espacio urbano”, con un relato curatorial discreto e impecable museografía.

El edificio, diseñado por Zaha Hadid, es único en esta ciudad donde todo el centro se lo lleva el mundo clásico, renacentista y barroco. En sí mismo es un ejemplo de experimentación, laboratorio arquitectónico que no nos cansamos de celebrar por la particular manera que tiene de relacionar circulación de público, ascensos y descensos, espacialidad descentrada y área de servicios.

La strada dove si crea il mondo se deja permear por un fuerte espíritu situacionista. Los proyectos que problematizan la calle como lugar donde suceden las cosas se organizan en núcleos que museográficamente se indican con paredes de colores. Así, se suceden Mapping (con propuestas teóricas y proyectuales sobre la dialéctica planificado/no planificado y construido/no construido), Intervenciones (performatividades del espacio público), Street Politics (activismos), Every day life (vida cotidiana), Good Design (innovaciones tecnológicas), Community (comunidad), Open institutions (instituciones).

Imposible dar cuenta en este apunte de viajera la intensidad y el gráfico de relaciones, citas y mundos que abre todo lo que se puede contemplar aquí. Nos llevamos, además de un inmenso archivo y un catálogo que ya cargamos en nuestras mochilas, la ineludible asunción de que aquello que sea, aquello que hagamos, será en la calle, en el abrazo físico y simbólico con otres, y será fruto de una disputa por lo sensible. Queda agregar a esta impresionante muestra la no menos impresionante certeza de que, excepto algunos casos puntuales, el giro lúdico del arte contemporáneo se asume político y potente en la experiencia colectiva. Nuestra apreciación se rebela activamente cuando nos pensamos desde ella, o quizás, venimos a buscar eso, la sensación de que es la disputa de lo sensible la que nos reclama como creadores y espectadores de otros modos de estar en el mundo, y eso es lo que venimos a buscar cada vez que recorremos ciudades, en una deriva afectiva, y cada vez que entramos a un museo, también.

 

Ilustra la nota: Halil Altindere, MOBESE, Gold Camera, 2011. Cortesía del artista and pilot gallery Estambul. Photo murat-german 2011.