Crítica de “El amante de los caballos”, de Lisandro Penelas

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Hay amores prácticos, amores cómodos, amores por conveniencia, pero los verdaderos amores son aquellos que se sostienen en la adversidad o cuando las dos partes son tan distintas que el esfuerzo por unirse es inmenso. Este sería el caso del amante de los caballos, el abuelo de la narradora de esta historia, un hombre con debilidad por el mundo equino, un hombre que fuerza los límites de lo posible. Y su nieta, a su modo hace lo mismo.

La narradora nos sumerge en esta historia insólita de su abuelo para luego meternos de lleno en la de su padre. Una familia con adicciones: alcoholismo, tabaquismo, el juego. Un padre que hipoteca hasta lo que no tiene y un abuelo que deja a la familia por esa pasión incomprensible. La narración de Ana Scannapieco conjuga elementos que hacen a la ternura y creatividad del relato con elementos de crudo realismo. Cuando despega del realismo gana la fantasía, ese mundo de sueños que nos hace escapar de la realidad e incluso abandonar a los propios familiares.

La narradora lo perdona todo, solo perdura en ella el amor hacia su abuelo y su padre; realizar rituales (como fumar o bailar chamamé) para tener más cerca a sus familiares fallecidos, como si perteneciera a una tribu, es el homenaje que ella elige hacerles. Hay un detalle que esconde la obra que conviene no revelar: es lo que le da su tono tan propio y que envuelve toda la trama de cierto misterio. Tiene que ver con una costumbre de la protagonista que también a su manera se vuelve un vicio, pero es lo que le permite curar las heridas y lidiar con ese traumático ambiente familiar que, a pesar de las dificultades que le impone, es aquel que la convierte en quien ella es, el que marca su identidad.

Lisandro Penelas en la dirección consigue que Scannapieco brille verdaderamente en cada gesto y movimiento; ella por instantes se mimetiza con el animal y nos permite adentrarnos en la piel de un susurrador de caballos, una enigmática figura que comprenderemos más a medida que avanza el cuento. De hecho, la obra está basada sobre un cuento de Tess Gallagher, viuda de Raymond Carver, o sea que posee un fuerte carácter narrativo. Scannapieco deslumbra con un relato duro que logra ser más ameno gracias a ese mundo imaginario que construye. La actriz tiene los recursos para hacer que la imaginación de cada espectador cobre vuelo a la par de sus palabras y de sus silencios. También la muy pertinente escenografía colabora a conformar ese mundo exterior que sirve de marco para desplegar o cabalgar una rica y desbordante interioridad.

Ficha artístico-técnica

Actúa: Ana Scannapieco; Música original: Hernán Crespo; Diseño de vestuario y escenografía: Gonzalo Córdoba Estévez; Diseño de iluminación: Soledad Ianni; Fotografía: Ariel González Amer; Diseño gráfico: Martín Speroni; Asesoramiento coreográfico: Sabrina Camino; Producción ejecutiva: Cecilia Santos; Asistencia de dirección: Julieta Timossi y Ricardo Vallarino; Adaptación y dirección: Lisandro Penelas

Este espectáculo es una producción de Moscú Teatro Escuela

Funciones: domingos 17.30 h; Duración: 45 minutos.

El Camarín de las Musas; Mario Bravo 960. Reservas: 4862-0655.

http://www.elcamarindelasmusas.com/

Entradas: $ 350 y $ 280 (jubilados con acreditación); Menores de 30 años presentando DNI 50% de descuento; 2×1 Club La Nación con cupo