Crítica de “Cuesta abajo”, de Pablo Pagés: “ficción paranoica”

0
65

Desde el comienzo de la historia, Cuesta abajo ficcionaliza el tema de la escritura. Así, la novela transcurre en dos planos: en el de la escritura propiamente dicha y en el de la trama policial, donde no faltan el sexo, la droga, la corrupción y los asesinatos.

La muerte de Catalina, “la morocha más cotizada de la zona”, es el punto de partida para que Agustín se meta en una realidad sórdida que transcurre en el barrio de La Boca. En el relato, fiel exponente del policial negro, la ciudad se transforma en un espacio inseguro donde el delito extiende sus redes en todas direcciones. Sin el amparo de la ley, el protagonista se transforma en un investigador que viene a suplantar a una policía ausente de la que también hay que cuidarse.

Otra de las características del policial negro es la presentación de un mundo caótico, en el que la mayoría de las veces la verdad resulta inaccesible, como si la realidad fuera un rompecabezas donde las piezas nunca terminan de encajar. En este sentido, la escritura se presenta como una posibilidad de conferir orden en medio de ese caos, como una manera de acceder a alguna certeza o a alguna posible revelación. Agustín indaga, habla con los involucrados, hace conjeturas y luego escribe. No olvidemos que la pregunta acerca de qué es la verdad es lo que subyace en toda la narrativa policial.

La novela también se instala en un marco histórico-social, en un contexto político que tiene sus raíces en el pasado: el gobierno de Juan Domingo Perón, la siniestra influencia de José López Rega, el golpe militar del 76 son las raíces de lo que ocurre en este presente donde ningún personaje es inocente. Y si bien el autor respeta los códigos del policial negro, los actualiza con uno de los temas del momento, la contaminación ambiental, y los enriquece con un tono poético que se hace presente en las descripciones: “Benítez tuvo la sensación del frío que recorre la espalda como el frío de un cuchillo. Esa sensación que demora el mundo en los segundos, y los segundos se quedan crudos, terribles, tras los ojos gastados como lijas invisibles”.

En síntesis, Pablo Pagés, escritor y guionista, nos trae un texto que podría estar dentro de la ficción paranoica de la que hablaba Ricardo Piglia: “La ficción se vuelve paranoica porque quien la interpreta debe buscar los sentidos e hilos perdidos que hilvanan la verdad […]. No es cierto que se pueda establecer un orden, no es cierto que el crimen siempre se resuelve”.

Cuesta abajo, Pablo Pagés, Bien del Sauce, 2018, 200 págs.