Entrevista a Mónica Maffía: “En las tablas se mide la estatura de Shakespeare”

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Una notable y larguísima cabellera ondulada y pelirroja se mueve de un lado al otro, como si la mujer arrastrara todos los males del mundo en su pelo. Una mujer que hace de su cuerpo la pantalla para exteriorizar sus sentimientos en plena danza y contorsiones. O una mujer víctima de los abusos de poder de los hombres. Una mujer que es varias mujeres, pero que siempre mantiene un tono de voz muy propio con una presencia escénica que seduce desde el primer momento: Mónica Maffia.

La reconocida actriz, directora teatral, régisseuse y dramaturga que divide su residencia entre Europa y la Argentina, nos cuenta cómo llegó a especializarse en Shakespeare. Recientemente representó La violación de Lucrecia de dicho autor (en una adaptación de su autoría) y Helena (adaptación de un texto de Patricia Suárez sobre Helena de Troya).  Maffía ha pasado por el Colón, el Centro Cultural Recoleta y la Usina del Arte, entre otros lugares del ámbito nacional e internacional. Mientras se prepara para presentar Lilith, luna negra, en España, nos responde unas preguntas sobre este oficio tan especial de trabajar con la voz y la palabra.

¿Cuál es tu relación con la literatura y dramaturgia británica y en especial con la obra de Shakespeare?

Es una relación muy estrecha porque me formé en teatro y literatura en Inglaterra, soy egresada con honores de una universidad británica. Si bien siempre fui una lectora voraz, he ido de chica a ver teatro, ópera, danza y frecuentado salas de conciertos; puedo decir que a Shakespeare lo empecé a ver en toda su dimensión viviendo en Londres.  No sólo por ver grandes y pequeñas  producciones siempre con un nivel de creatividad y excelencia asombrosos, sino porque lo comprendí desde su propia cultura. Shakespeare sigue vivo en la Inglaterra de hoy.

¿Cómo llevaste a cabo tu formación en los clásicos?

En parte lo contesté en la anterior pregunta, pero fundamentalmente se lo debo a mis padres que cultivaron en mis hermanos y en mí el amor por los libros, por la lectura, por los grandes clásicos, la mitología,  la poesía, la investigación, el pensamiento, el debate y también por la música.  Me crié escuchando constantemente música clásica, ópera y tango. Y una parte importante de mi formación fue  a través de la música.  Si bien el piano era lo que más me importaba, tocaba otros instrumentos y me sumé a una orquesta del conservatorio Manuel de Falla que dirigía el Maestro Mario Benzecry, un lujo.  También proseguí mis estudios musicales con grandes maestros en Londres.

¿En qué te influye tu formación como música?

Me lleva a percibir el ritmo como un lenguaje en sí mismo, como un elemento fundamental del arte, sea en una pintura, en una puesta en escena, en la escritura , en la forma de hablar o decir un texto.  Lo vivo como un soporte creativo fundamental que hace que por ejemplo un doblaje me resulte artificial  porque el actor que pone la voz en otro idioma, no pasó por los procesos creativos  que atravesó el actor que compone el personaje que a su vez, es intervenido por la mirada del director  y de la edición final.  El gesto del actor en la pantalla no dialoga con la voz superpuesta.  O por ejemplo en cuestiones de traducción,  están las que pretenden seguir los mismos lineamientos rítmicos del original haciendo oídos sordos a que cierta métrica que fluye bien en un idioma, en otro no funciona, aunque  logren  la misma cantidad de sílabas. La  musicalidad interna del texto original queda ahogada por la forzada adecuación de  la escritura a una fórmula que le es ajena.

¿Cómo fue tu formación actoral?

En cuanto a la formación actoral, en Londres pude indagar en distintas formas de abordar a los clásicos y en particular a Shakespeare. Al vivir allá varios años,  tuve la oportunidad de frecuentar a los grandes actores  en obras fundamentales del repertorio clásico.  En las tablas es donde se mide la estatura shakespeareana, la grandeza trágica, no en el cine.  Es en el teatro donde se puede ver la técnica que dominan los actores para hacer suyos esos roles enormes.  No es solamente talento, hay un trabajo constante sobre la herramienta de trabajo que es el cuerpo del actor.  Hay una cohesión entre el uso de la voz y la construcción del personaje que no se logra desde una aproximación naturalista.  Lo mismo aplica a los antiguos textos griegos y latinos.  Es preciso abordarlos desde cierto lugar que se le escapó a Stanislavsky, porque si no, las grandes obras de teatro de Shakespeare, Esquilo, Séneca, Eurípides, Marlowe, Molière, Aristófanes por decir algunos,  se asfixian y quedan reducidas a discusiones  domésticas.

¿Qué me podés contar de tus trabajos como régisseuse?

En abril del  año pasado, hace justo un año, por mi trayectoria  como régisseuse y libretista, fui invitada al  Primer Foro Mundial de Ópera en el Teatro Real de Madrid donde se reunían los representantes de los grandes teatros líricos del mundo a discutir  todos los aspectos de la ópera de hoy, cuestiones de negocios, criterios artísticos, búsqueda de soluciones; un muy importante  intercambio de ideas.

He trabajado en producciones grandes y en producciones independientes, en el Teatro Colón y en espacios no convencionales.  Y me parece importante poder mantener esa apertura porque hay que poner en uso  distintos resortes de la creatividad.  El espacio, las condiciones de trabajo, la técnica de los teatros oficiales permiten desplegar espectáculos que están vedados  a  espacios pequeños, independientes o con escasos  recursos. Sin embargo, lo artístico tiene que florecer igual, es un desafío que obliga a aguzar los sentidos y hacer volar la imaginación para que surja  lo mejor con los elementos con los que se cuenta, no pidiendo disculpas por lo que falta.

Trabajé en la sala grande del Colón en la ópera Ubu Rex de Christoph Penderecki cuando todavía estaba haciendo la carrera en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón.  Fue una experiencia increíble y aprendí muchísimo ahí.  Pude hacer dos montajes de La Flauta Mágica de Mozart en alemán, en distintos espacios y con distintos solistas y orquestas,  dirigí  Il Tabarro en el Teatro Roma de Avellaneda, donde también dirigí una ópera con libreto de mi autoría  El Fin de Narciso  y en otra oportunidad un espectáculo basado en lírica rusa y ucraniana que llamé  Amor en cirílico.  Es un teatro precioso.

¿En qué año estrenaste La violación de Lucrecia y cómo ves ahora la significación de la obra en el contexto actual?

Estrené La violación de Lucrecia el 23 de abril de 2006.  Me propuse estrenar ese día como  homenaje a Shakespeare que nació y murió un 23 de abril.  En ese momento pensé que serían unas pocas funciones para aquellos a quienes les interesa la poesía. ¡Cómo  iba a imaginar que  recorrería  lugares preciosos y conocería distintos países gracias a este espectáculo o que 13 años después seguiría con él!  En ese entonces no se hablaba de espectáculos sobre violencia de género pero con mi hermana Diana organizamos funciones-debate que atraían mucho público y concientizaban sobre estos temas.

El espectáculo fue elegido por el British Council  como referente de Shakespeare en castellano para  inaugurar la gran celebración  Shakespeare lives 2016 que organizaba junto al Shakespeares Globe Education, National Centre for Writing, (de la ciudad de  Norwich en el Condado de Norfolk ) y el British Centre for Literary Translation (University of East Anglia). El evento se celebró en el Museo del Antiguo Colegio de San Ildefonso

Llamaba mucho la atención y lo sigue haciendo, la vigencia del pensamiento de Shakespeare en La violación de Lucrecia, la forma en que describe cómo el violador va evaluando los pros y contras de avanzar con lo que se propuso, los miedos que tiene, su proceso de  toma de decisiones y cómo se comporta una vez que se resuelve a avanzar.  También es asombrosa la reacción de la víctima, cómo siendo sorprendida, su instinto de autopreservación la lleva a intentar razonar con el violador, recordarle sus deberes como gobernante, como amigo de su marido, etc.

Hice funciones para  magistrados, fiscales, abogados en Santa Fe  y en Paraná. También en Mendoza fue mucha gente del poder judicial.  El espectáculo tiene el  apoyo de la Asociación de Mujeres Jueces de la Argentina y de la Red Argentina de Género, Ciencia y Tecnología. Y también fue declarado “de interés” por el Senado de la Nación. Hoy en día sigue siendo un espectáculo necesario, que conmueve y asombra por la vigencia y la belleza de la escritura shakespeareana y el enfoque sobre el problema del abuso de poder que implica la violación.

¿Cómo fue la adaptación de La violación de Lucrecia y otros textos de Shakespeare?

En cuanto a La Violación de Lucrecia además de traducir el poema, hice una adaptación para darle teatralidad sin cambiar el texto. Quería ser respetuosa de la palabra de Shakespeare pero lo que sí hice fue editarlo porque hay una abundancia de referencias míticas que eran habituales en esos tiempos pero que ahora no se puede dar por sentado que la gente conozca tanto de mitología y además pensando en tiempos escénicos iba a volver morosa la dinámica teatral y sacar el eje de lo medular del  texto.  Me interesan también otros poemas de Shakespeare.  Por ejemplo trabajé bastante con los sonetos.  Empecé a traducirlos por el placer de hacerlo y después como investigadora me entusiasmé con las distintas teorías sobre la dedicatoria enigmática que tienen esos poemas, elegí una y alrededor de eso escribí una obra de teatro que se titula Shhh!!!!.  La presentamos en 4 temporadas y ahora está publicada en mi libro “Micro Teatro-Macro Experiencia” (Editorial Eudeba) con ayuda de Proteatro y la Fundación SGAE.

Ahora estoy terminando de escribir una obra a pedido de dos  actrices españolas,  basada en otro poema de Shakespeare,  Venus y Adonis.  Primero iba a ser una adaptación al estilo de Lucrecia, pero después  prefirieron que volara más y produjera un texto mío, así que obviamente ya no tiene ese título sino La anémona y el jabalí.  Y si todo va bien,  la podremos ver en Buenos Aires porque vendrían muy poquitos días a principios de octubre.  Estamos buscando sala.

Actualmente, ¿dónde residís y desarrollás tu carrera?

Estoy pasando varios meses en el exterior, sobre todo en España donde trabajo bastante no solo en cuestiones artísticas  sino también académicas, como profesora visitante en distintas universidades, dando master clases y seminarios. Soy además  miembro de la Academia de las Artes Escénicas de España y Asesora Editorial (Literatura) en Cambridge Scholars Publishing.

¿Cómo trabajaste el texto Helena de Patricia Suárez? ¿Qué nos podés decir de la obra?

Patricia Suárez me sorprendió un día enviándome  su obra breve La pasión de la perdiz por mail con el mensaje “Hacé lo que quieras”.  Le pregunté si quería que dirigiera o actuara y me dijo “las dos cosas”.  Preferí hacer una sola  e invertí mucho tiempo en pensar quién sería la persona adecuada para dirigir, hasta que finalmente lo charlé con Mónica Viñao y trabajamos muy bien, nos entendimos de entrada e hicimos una búsqueda profunda centrada en el trabajo corporal y la danza.   Mientras tanto Patricia me envió otro texto, una reescritura de la misma obra, también muy breve y con ligeras diferencias: La regresada de Troya . Le pedimos que las uniera en un monólogo y Patricia me dijo que lo hiciera yo.  Finalmente, como estábamos trabajando juntas con Viñao, compartimos también  las decisiones sobre el texto.

Trabajé también por separado -por indicación de la directora- con Diana Theocharidis, una importante coreógrafa de danza contemporánea que decidió que Helena debía bailar con una base de verdadera danza griega para después volar a donde su mente la llevara.  Siendo justamente una obra en la cual la mente de Helena tiene una fragilidad que la hace pasar de la euforia a la angustia, al recuerdo erótico, a la culpa con una constante de humor  de ironía filosa. Así que baila  Helena, bailan sus recuerdos y bailan las luces diseñadas por Miguel Solowej  acompañando los movimientos y pensamientos de Helena.

Hicimos una función especial por el Dia de la Independencia de Grecia en el Auditorio Borges de la Biblioteca Nacional.  Fue asombrosa la recepción del espectáculo, con el público ovacionando de pie.  La función la organizó la Asociación Helénica Nostos y la  Embajada de Grecia. Tenemos toda la intención de reponer el espectáculo a mi regreso de España en junio.