#BAFICI2019: Crítica de Fin de siglo, de Lucio Castro

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La película de Lucio Castro aborda el encuentro (sexual y afectivo) entre dos hombres jóvenes. Ganadora del Premio a la Mejor Película de la Competencia Argentina, Fin de siglo aporta una mirada sensible sobre el paso del tiempo y las decisiones más significativas que pueden cambiar el curso de una vida.

Un joven argentino radicado en Nueva York (Juan Barberini, visto en El incendio) viaja de vacaciones a Barcelona, en donde de forma casual se pone en contacto con otro joven interpretado por Ramón Pujol, un español que trabaja para la televisión, en Berlín. Lo que comienza como un encuentro sexual deriva en un relato en donde las capas del tiempo se superponen; recurso que desestabiliza la identidad de los personajes y ahonda, simultáneamente, en la naturaleza de sus deseos.

A partir de un tono, de un estilo de puesta, que por momentos remite a Weekend (Andrew Haigh, 2011), Castro conduce el relato hacia indagaciones que lo vinculan al género fantástico. Las claves de lectura para que el espectador haga su propio recorrido sembrarán la libertad necesaria para interpretar qué ha visto, pero sea cual sea su elección la película no dejar de dar una mirada sobre el amor (más allá de los géneros), el compromiso con la pareja y la paternidad.

Gran parte del éxito de esta apuesta está en la naturalidad con la que Barberini y Pujol le dan cuerpo a sus personajes, dos seres atravesados por la extranjería. Las caminatas también tienen sus reminiscencias, fundamentalmente en el cine de Richard Linklater. Pero más allá de las referencias, Fin de siglo tiene sus propios y singulares méritos, reconocidos en este caso por el jurado que la consideró la mejor película entre las integrantes de su sección.