#BAFICI2019: Crítica de L’homme fidèle, de Louis Garrel

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L’homme fidèle, del actor Louis Garrel, resultó la ganadora del premio a la Mejor Dirección de la Competencia Internacional de este XXI BAFICI.

En colaboración con Jean-Claude Carrière, Louis Garrel escribió el guión de esta película que recupera el espíritu del cine de François Truffaut. En su segundo film, Garrel interpreta a Abel, un hombre que se reencuentra con la que fue su novia Marianne (Laetitia Casta). Aquel romance no había terminado de la mejor forma: tras anunciarle que estaba embarazada de su mejor amigo y que en diez días se casaban, Marianne lo abandona.

El tiempo pasa, el marido muere y ahora Marianne es una joven viuda con un niño al que debe cuidar sola. Abel decide volver a conquistarla; pero si la historia ya de por sí coquetea con el absurdo, se suma la hermana del muerto, la joven y bella Eve (Lily-Rose Deep), quien estuvo siempre obsesionada por él y pondrá todos sus esfuerzos para “arrebatárselo” .

L’homme fidèle vuelve a la figura del triángulo amoroso (nodal dentro de la cinematografía francesa) con desparpajo pero, al mismo tiempo, cuidando la fibra más sentimental. El hijo de Marianne le agrega al relato un condimento sórdido, cuando revela -con plena convicción- que su madre envenenó a su padre. De allí en adelante, se suceden más situaciones de humor negro, tanto en espacios cerrados como en exteriores; de nuevo, París como una protagonista más, aunque –por suerte- alejada del pintoresquismo turístico.

Comedia sentimental, al fin de cuentas, L’homme fidèle –en sus concisos 75 minutos- vuelve al tópico del amour fou; un desajuste para el universo burgués, una forma de recordarnos que las relaciones amorosas desordenan la vida pero, al mismo tiempo, la hacen más vivible, más intensa.