#BAFICI2019: Crítica de Los tiburones, de Lucía Garibaldi

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Ganadora del Premio Especial del Jurado de este 21 BAFICI, la ópera prima Los tiburones (2019), de la uruguaya Lucía Garibaldi, recupera alguno de los tópicos del “Nuevo Cine Argentino” pero con su propia identidad e impronta.

Rosina (Romina Betancur) es una chica de 14 años que vive en una pequeña ciudad costera junto a sus padres (los argentinos Fabián Arenillas y Valeria Lois) y sus dos hermanos. Es esa clase de personaje que ubica al espectador en un contexto generacional, que esconde mucho más de lo que dice y que con frecuencia deambula (en este caso, en su bicicleta) porque no tiene mucho para hacer. Con estas marcas (nodales dentro de cierta zona de la filmografía del denominado “Nuevo Cine Argentino”), Lucía Garibaldi construye una película intimista, en donde la familia está presente pero fuera de la órbita de su protagonista.

Durante su tiempo libre, Rosina intenta vincularse con uno de los empleados de su papá (dedicado al mantenimiento de parques y jardines). Con ese chico, que es algunos años mayor, torpemente intentará comenzar “algo más”, aunque todo parezca indicar que del otro lado no haya demasiado interés (más allá de algún acercamiento sexual). Los tiburones a los que alude el título son una posible amenaza (sostenida por algunos pobladores, a partir del encuentro de los restos de un lobo de mar); amenaza no demasiado creíble, por cierto, debido a que en esa zona difícilmente se pueda encontrar aquel tipo de animales.

Este marco, delimitado por la aparente amenaza externa (los tiburones) y la situación familiar (endeble en términos económicos), ubica al personaje en una zona de indeterminación en la que sus decisiones pueden ser tan cuestionables como tiernas y revulsivas. Garibaldi se toma el tiempo de dar a conocer al personaje protagónico, propone pinceladas de humor “uruguayo”, en donde el tempo de la comedia produce situaciones risibles pero tampoco desmesuradas, a tono con esa cotidianidad tan plomiza y ocurrente que vive Rosina. Los tiburones, en suma, resulta una película sensible, capaz de observar la incomodidad que se puede experimentar en el pasaje hacia la adolescencia.