#BAFICI2019: Crítica de “Hombres de piel dura”, de José Celestino Campusano

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El prolífico José Celestino Campusano presentó en la Competencia Argentina del XXI BAFICI Hombres de piel dura, un relato sobre la pedofilia en un contexto rural. Se trata de una de sus mejores películas, dentro de una carrera desigual pero siempre abierta a la polémica.

Desde que presentó en la Competencia Internacional del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata Vil romance (2008), José Celestino Campusano dejó en claro que lo suyo era la polémica, el choque, la “brutalidad” tan bien aludida por el nombre de su productora: Cinebruto. Con el correr de los años, sus películas se presentaron en numerosas ocasiones más en Mar del Plata, pero –tal vez tardíamente- en el BAFICI. Tras Fantasmas de la ruta (2013), uno de los picos altos de su carrera, no tardaría en llegar Placer y martirio (2015) película que dejaba por un momento de lado los ámbitos marginales (con frecuencia, el Conurbano) para sumergirse en el universo de las clases acomodadas. Luego de esta experiencia un tanto fallida, con Hombres de piel dura Campusano parece haber resuelto de mejor manera la ecuación forma/contenido, sin dejar de descuidar su sello autoral pero haciendo algo más complejas las cuerdas de su guión. Asimismo, queda claro que esa “brutalidad” –marca nodal en su estética- se ve cada vez más reducida a la temática y no tanto al cómo; observamos una puesta de planos cuidados, con algunos “lujos” (bastante justificados, por cierto) como lo son las estilizadas tomas aéreas realizadas con dromes.

En su último opus, Campusano nos sumerge en el universo de un chico gay, Ariel, quien vive en un pueblo rural en el que su padre es el “patrón” (con todo lo que eso significa). Tras ser abandonado por su amante (un cura que le lleva unos cuantos años y que intenta iniciar –culpa mediante- un proceso de “recuperación”), Ariel comienza a vincularse con otros hombres. Todos ellos son mayores de edad; las líneas rectoras de los vínculos son el placer culposo, la doble moral, el desprecio por la subjetividad del muchacho, la desidia, la ausencia de contención. En medio de ese drama, el guión (sin dejar de hacer foco en el protagonista) disecciona de forma precisa los modos de socialización entre estos varones, en un retrato del homoerotismo campestre que es crudo y explícito; el “corazón” de la apuesta estética.

De este modo, con un cuidado visual superior y con una fluidez en el devenir de la trama, José Celestino Campusano entrega una de sus mejores obras. Y aunque algunas situaciones no resulten del todo convincentes, lo cierto es que aquí la búsqueda de generar polémica encontró un mejor hilo conductor.