#BAFICI2019: Crítica de Tiro de Gracia, de Ricardo Becher

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El acontecimiento cinéfilo del BAFICI se dio este domingo en la mítica Sala Lugones. El piso 10 del Centro Cultural San Martín fue escenario del evento promovido por el Museo del Cine, de ingreso gratuito, cuyo motivo fue la exhibición de Tiro de gracia. Coparticipante del Grupo de los Cinco- junto a Raúl De la Torre, Néstor Paternostro, Juan José Stagnaro y Alberto Fischerman, quienes se formaron en el campo de la publicidad- Ricardo Becher coescribió junto a Sergio Mulet y dirigió esta película estrenada en 1969. Con Raúl Manrupe como embajador del Museo del Cine, quien presentó la función, Tiro de gracia pudo ser proyectada públicamente.

Con la sala repleta, no sólo el público pudo gozar de esta maravillosa obra, sino que como complemento previo también se proyectaron una secuencia de publicidades realizadas por el mismo Becher para la televisión argentina. Durante este compilado hilarante se pudieron ver cortos publicitarios de cremas de piel, gaseosas, electrodomésticos o exposiciones rurales, cuyo anclaje a la moda estética televisiva contemporánea generaron carcajadas en la gente. Desde Mirtha Legrand cocinando con hornos de ATMA a Cacho Fontana de visita en Nueva York para otorgarle cajas de Terrabusi a Míster T.

Tras semejante prólogo sucedió Tiro de gracia, un rompecabezas anómalo cuyas piezas, disonantes entre sí, buscan representar lo que a esa generación de cineastas -y también a sus antecesores de principios de década- les obsesionaba: filmar el ocio. Con la participación en el elenco de artistas plásticos, publicistas, escritores, músicos y demás partícipes del mundillo artístico de aquel momento Tiro de gracia se sitúa dentro del remolino cotidiano de estos personajes que habitan la noche porteña, entre bares y reuniones privadas en espacios domésticos.

La libertad que goza el director para hilvanar microrrelatos de diferentes personajes, conversaciones aisladas o proyecciones mentales de sus protagonistas resulta inédita para el cine nacional. Sin atender una organicidad narrativa que obedezca ninguna convención propia de cualquier relato dramático, los más de 100 minutos de Tiro de gracia no deparan ningún reposo al espectador, que se ve avasallado por el vaivén vertiginoso con que se suceden los acontecimientos de la película.

Tiro de gracia es, a fin de cuentas, una borrachera épica cargada de anécdotas y vivencias. Detallar la cantidad de escenas que guardan un significado simbólico y sociológico podría ser eterno. La acumulación de situaciones ociosas están hermanadas con aquellas otras trágicas, como un asesinato o una paliza a cinturonazos, que de alguna manera ilustran el hastío ideológico de una generación saturada por los mandatos heredados de sus progenitores. Como cierre cabe destacar la banda sonora a cargo de Manal, quienes no solo musicalizan el film sino que también actúan, destacándose su baterista Javier Martínez en el rol de un atormentado Paco.