Gabriel López Santiso en el Borges

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LA TEXTURA DEL PENSAMIENTO

Las relaciones de significado entre las palabras, las imágenes y las cosas ha sido un problema filosófico y lingüístico, del que se ha ocupado el arte contemporáneo, trabajo, que a veces con mucho riesgo y pasión ha demostrado, que las cosas no son sólo lo que son, las palabras lo que dicen y las imágenes lo que muestran. Sus significados se cruzan, se vacían o se fugan, en una compleja trama en la que interviene la propia intención del que habla, escucha y mira.
Para Gabriel Lópéz Santiso el arte es la diferencia entre lo que piensa, y lo que puede hacer, su forma de comunicarse es deformar los signos, a partir de símbolos e imágenes con formas imprecisas, en el que lo objetivo y lo subjetivo tienden a unirse, en una estructura donde predominan el ritmo y el color. Y donde el universo es un orden espacial puro, una especie de eternidad siempre presente, actualizada y escindida de cualquier noción temporal. A la vez su forma de vida, y el instrumento que le permite reorganizar el orden interno y al mismo tiempo reconstruir la realidad, que se explica así misma, sólo por medio de la experiencia de su contemplación. Y su obra lo confirma, cuando recorremos con la mirada esas formas arcaicas y percibimos una profunda carga energética, que da cuenta de un estilo fuerte y libre de ataduras, que se vuelve mas sutil con el uso de la acuarela como material. Santiso reconoce en el espejo, una pertenencia de linaje indígena, que manifiesta en una estructura repetitiva, cuyo preci-o-so contenido adhiere a una lógica deleuziana. En ella hay un sujeto latente que se repite a sí mismo, formando otra repetición en el corazón de la primera. Parafraseando a Deleuze en “Repetición y diferencia”, diremos: “que esta otra repetición no es en ningún modo aproximativa o metafórica. Es por el contrario, el espíritu de toda repetición…. Esta repetición constituye la esencia de la diferencia… ella es el sentido primero, literal, espiritual de la repetición.” Pero el interior de esa repetición se encuentra siempre afectado por un orden de diferencia, que marca a su vez el procedimiento elegido, dando cuenta de la fuerza de su estilo, y de la energía de su espíritu. Esta es la mayor conquista que explicita su obra, tanto en el sentimiento, como en el pensamiento. Y tanto para el sentido como para el sinsentido.