Crítica de “Silencio de gato”, de Pablo Aparicio

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No tengo gatos, nunca tuve. Suelo generar un duelo tácito con esos animales, no puedo subordinarme a la belleza que portan. Les tengo un respeto distante, eso sí, su soberbia me hace pensar que si tuviese alguno, la mascota sería yo. Silencio de gato no trata de animales, tampoco del presidente Mauricio Macri, a quién le cabe este apodo vaya una a saber por qué. Los gatos son muy inteligentes y no tienen la culpa de las gestiones neoliberales. De todas maneras el personaje de La muerte, encarnado por Sebastián Saslavsky, se toma la licencia que le permite romper la cuarta pared para hacer alguna alusión a la situación política actual. A Saslavsky le queda muy bien este registro, los monólogos, la pregunta al público que no tiene respuesta. Es versátil para estar inmerso dentro de la lógica de la obra y está siempre atento a su alrededor y al público para poder improvisar.

Es una obra de teatro divertida dirigida por Pablo Aparicio. Sus tres intérpretes (Ariel Cortina, Miguel Rausch y Sebastian Saslavsky) no abandonan en ningún momento la línea de la comedia, pero profundizan en cuestiones complejas e inabarcables: la frustración y perplejidad que les genera, a cada uno desde su rol, la muerte.

La muerte carga con esa impotencia de no haberlo logrado todo, pone en evidencia aquello que no se dijo, las situaciones que no se vivieron.

¿Qué haríamos para revertir lo irreversible, para decir aquello que nos quedó por decir, qué haríamos para poder dar un último beso?

El director elige a un actor varón CIS para su personaje femenino, no me queda claro si la decisión de pedirle al actor esta performatividad de lo femenino es una decisión política, no hay en la obra otros elementos que refieran a esa elección, pero hablando de la muerte, no puedo dejar de hacer referencia a que la expectativa de vida de las mujeres trans en Argentina es de treinta y cinco años.

En una época donde “soltar” se dice con liviandad, en esta historia se le hace una pulseada a la muerte. Se sabe que a la muerte no se le gana pero si se la retrasa, ese tiempo como ese silencio de gato merodeando que tanto me aterra, pura ausencia condensada, un vacío de duelo en la boca del estómago.

La pretensión de revivir lo perdido para hacerle un homenaje a un actor de variedades es una excusa para hablar del lugar del artista en una sociedad meritocrática que desecha aquello que no produce bienes cuantificables, el placer estético que puede producir el arte independiente no están en el capitalismo dentro de esta categoría. Entonces  recomiendo ver esta obra sencilla, que utiliza cajones de madera y una silla para su escenografía y que se vale de recursos lumínicos bellos para su composición porque en sí misma es una manera de pensar el teatro como resistencia a la crisis. Veanlá y hagan política. Resistan.

Ficha artístico-técnica

Autor y Director: Pablo Aparicio; Actúan: Ariel Cortina, Miguel Rausch y Sebastian Saslavsky; Iluminación: Leticia Agesta

Teatro La Gloria (Yatay 890); sábados de abril, 23 h