Osvaldo Bayer presente en el Contracongreso de la Lengua

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El Homenaje a Osvaldo Bayer en el I Encuentro internacional: derechos lingüísticos como derechos humanos, brindado por los intelectuales María Teresa Andruetto, Diego Tatián y Flavia Dezzutto, se realizó en la Facultad de Filosofía y Humanidades (FFyH). Primeramente, la mesa estaba reservada al mismo Bayer quien había aceptado participar y colaborar en el “contracongreso” desde el comienzo de su organización, falleció el pasado 24 de diciembre, por lo que se decidió hacer su sentido homenaje.

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   Diego Tatián, profesor e investigador del CONICET, fue el primero en tomar la palabra, su texto y discurso estaba centrado en Bayer como un hombre de izquierda. En primer lugar, destaca su preocupación, que podemos denominar vital, por los derechos humanos, la búsqueda de justicia y la lucha de clases; la incomodidad de ignorar los símbolos y matices de una sociedad desgarrada. Un tema que estuvo en boca de los tres disertantes fue el de su insistencia en cambiar especialmente los nombres de Federico Rauch y Julio A. Roca de calles, escuelas, y hasta pueblos. Rauch capaz de decir “Hoy, 18 de enero de 1828, para ahorrar balas degollamos a 28 ranqueles” provocaba su repudio y lo llevaba a preguntarse si existe la violencia justa. Uno de sus proyectos, en este sentido, fue el de cambiar el nombre de la ciudad Rauch por Arbolito, seudónimo del ranquel que lo derrotó y degolló en 1829; no pudo lograrlo e incluso le costó una estadía en la cárcel por razones meramente políticas. Sí, en cambio,  renombró escuelas y calles a lo largo del país que llevaban uno y otro nombre. Otra de las preguntas que Tatián reproduce es cómo ser contemporáneo de ese ensañamiento; así la importancia de homenajear a un hombre inmerso en las luchas populares, defensor de los obreros inmigrantes y explotados y asesinados en Argentina en el siglo XX, la reconocida patagonia trágica.

Flavia Dezzutto, vice decana de la FFyH, se expresó con su discurso característico plagado de citas, y de una gran densidad teórica. También, un uso de la metáfora que atrae al auditorio; hablaba de las acciones de Bayer como un introducirse en el infierno, una forma de rebelión que aún así no lo conforma, por lo que sigue buscando y tratando de desglosar los errores históricos y contemporáneos. Además, una marcada intención del autor de hacer de la historia otra cosa, un peregrinar en las ruinas siguiendo testimonios fundados por testigos oficiales. Una obsesión por mover los lugares comunes, sin miedo a pasar una temporada en el infierno. De esta manera se expresaba Flavia, para luego destacar la preocupación por los nombres como una forma de denunciar la marca que significan; querer cambiarlos por la necesidad de otros nombres, cambiar el signo en función a la pregunta acerca de ese lugar en el que vivimos. Durante su vida, rescata nombres de comunidades indígenas, de sus integrantes, se interesa por el problema de la tierra. Otra pregunta que identifica y resalta Dezzutto es la que expresa hasta dónde es posible soportar.

María Teresa Andruetto, reconocida escritora argentina, leyó un texto escrito especialmente para la ocasión mostrando su delicada prosa y su amor por la pluma. La admiración del público se materializó en el momento de los aplausos. En su referencia a la obsesión de Bayer por los nombres, habló de la intención de visibilizar la historia, de saber los nombres de los caciques para quitarlos del lugar de los nadie, de romper con la idea de una masa uniforme etiquetada como aborígenes, indígenas, pueblos originarios y tantas denominaciones que esconden nombres propios, culturas diversas, historias de vidas y de pueblos enteros. Nombrarlos para que existan.