#BAFICI2019: Crítica de “Cronofobia”, de Francesco Rizzi

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Aunque el título nos pueda remitir a esas películas de ciencia ficción de los ’50, a las clásicas sagas al estilo Cronenberg de los ’70 o a las sangrientas historias gore de los ’90, Cronofobia (2019) no es nada de eso. La opera prima de Francesco Rizzi es una historia de amor; una historia de amor oscura, melancólica, desangelada y totalmente enigmática que se va desenvolviendo como esas novelas decimonónicas en que durante páginas y páginas —en este caso, durante gran parte de la primera mitad de la película— todo es un misterio. Desde el comportamiento de los personajes hasta el perfil psicológico de cada uno de ellos. Y es que el director Francesco Rizzi, además de ser diplomado en Dirección Cinematográfica por Cinecittá Studios, es licenciado en Literatura Italiana por la Universidad de Friburgo.

Eso responde en gran medida a la estructura y a la gran sutileza con que se van construyendo los dos personajes principales: Michael (Vinicio Marchioni) y Anna (Sabine Timoteo) quienes componen un trabajo actoral intenso y provocativo. Dos seres que por azar o por causalidad se encuentran en medio de Tesino una ciudad de la Suiza italiana, nocturna y vacía. A partir de allí, sus vidas se entrelazan de una manera extraña e inexplicable, por lo menos hasta que empecemos a entender el por qué de sus comportamientos.

Michael realiza el trabajo “sucio” que le ordenan los jefes de la compañía en donde trabaja: actuar como un cliente fantasma en diferentes lugares —tiendas de ropa, joyerías, hoteles, etc.— para evaluar, o desenmascarar, llegado el caso, a los empleados que están sospechados de robo, maltrato o desinterés en sus respectivos empleos. Es por eso que lo vemos caracterizado de diferentes formas como si de un ser camaleónico se tratara. Claro que esto lo vamos adivinando de a poco. Al principio el desconcierto en sus acciones nos lleva a pensar en un detective, en un neurótico o en un desequilibrado emocional. Nada de eso, pero la semilla de la incógnita ya está sembrada.

Por otra parte, Anna, que vive sola, que tiene problemas para dormir, y que la ausencia de su pareja la llevó al  estado enfermizo de congelar el tiempo dentro de las cuatro paredes de su casa —conserva todo tal cual era su vida antes, hasta tiene ubicados dos platos y una caja de cigarrillos en la mesa del comedor—, trabaja en una tienda de ropas y se descarga todas las veces que sale a correr con un desgarrador grito primal mientras por delante suyo pasa el tren.

La relación de Anna y Michael se va consolidando a medida que ambos se dan cuenta de que un gran vacío existencial se ha apoderado de sus vidas. Como jugadores de ajedrez, se acercan, se separan, se vuelven a acercar para volver a separarse en un juego que provoca un clima de desconcierto y de gran intensidad, no solo en ellos, sino en nosotros como espectadores. En medio, pesadillas que atormentan a Michael, el deseo desesperado de Anna en volver a encontrar la paz de los sueños y sobrevolando todo como un ave nocturna, un secreto que los une y que será develado de una manera sorpresiva.

Con una bella fotografía acorde al clima sombrío que genera la historia, esto es interiores oscuros y exteriores nocturnos, el film de Rizzi es una película perturbadora que narra el amor actual, lleno de inseguridades, atiborrado de experiencias pasadas y dolorosas, anclado en la incerteza de un futuro esperanzador pero siempre a la expectativa de que algo se cruce en nuestro camino, aunque más no sea para que en un abrir y cerrar de ojos vuelva a consolidarse como una experiencia más, aunque claro, podría ser una experiencia redentora. Michael y Anna la encuentran, aunque el costo sea volver a ese estado de indefensión y vacío que se habían propuesto sepultar, pero de una manera menos conflictiva.

Próximas funciones:

Domingo 7, Multiplex Belgrano 1 – 17.10 hs.

Martes 9, Gaumont 2 – 20.55 hs.