#BAFICI2019: Crìtica de Nuestro tiempo, de Carlos Reygadas

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El mexicano Carlos Reygadas participó en la Competencia Internacional del BAFICI con su ópera prima Japón, en el año 2002. Desde entonces, con las siguientes Batalla en el cielo (2005), Luz silenciosa (2007) y Post tenebras lux (2012) se hizo habitué de Cannes, en donde fue premiado y se consolidó como un autor, de esos que generan fervorosas adhesiones y fuertes rechazos. En la valiosa Sección Panorama del BAFICI se puede apreciar Nuestro tiempo (2018), relato que en casi tres horas de duración consolida su poética. Hay en su cuarto largometraje momentos álgidos, valiosos en materia estrictamente cinematográfica; pero también hay zonas cuestionables.

En esta oportunidad, Reygadas no solamente escribió y dirigió: también ocupó un rol protagónico junto a su esposa. Además, en la película aparecen otros familiares y amigos del director. Junto a su mujer componen a un matrimonio de clase acomodada que vive en un rancho. Él, además de dedicarse a la cría de toros, también es poeta; ella tiene un negocio que gestiona por internet. La película entrega virtuosos planos secuencia que hacen foco en las relaciones entre varones y mujeres en distintas generaciones. Los más interesantes son aquellos con los que comienza el film, dedicados a los hijos (niños y adolescentes) que –parece susurrar Nuestro tiempo– comienzan a tejer una red de celos y erotismo que aparece consumado en el universo de los adultos. También ingresan en constelación los viscerales momentos de los toros: potentes, gráficos, destinados al impacto.

Reygadas “sabe filmar” (quién puede negarlo), el problemas muchas veces es el para qué. Su sistema triunfa cuando se inmiscuye en comunidades, a las que entiende no sólo en un sentido etnográfico y social sino también íntimo. Por caso, aquí hay una comunidad de a dos que se tensa y llega hacia los niveles de la destrucción; ¿hasta qué punto el hombre de la casa está dispuesto a aceptar los affairs de su esposa con otro hombre? ¿Cuánto hay de “ejercicio de la libertad” en este matrimonio y cuánto hay de reprobación? Tomando distancia del eje más “social del film”, el realizador se concentra de manera extenuante en este tema, al punto que por momentos nos rememorará a la filmografía de Bergman (con resultados menos felices, desde ya).

Lo cierto es que las zonas más ricas del film están en lo que ya había explorado en sus anteriores obras: el vínculo entre patrones y empleados, la observación del ambiente natural (predominan los planos generales contemplativos, en donde la luz deviene protagonista absoluta), esa suerte de aura de maldad (no confundir con la “crueldad” de su compatriota González Iñárritu) que le da a sus historias una dosis de erotismo y de estado de amenaza permanente. También, claro, aparecen las zonas más “caprichosas”, como por ejemplo la poco justificable –en términos dramáticos- secuencia aérea que parece destinada a hacernos comprender lo “arriesgada” y “autoral” que es su propuesta.

Más allá de sus déficits, Nuestro tiempo muestra a un realizador en forma, que no alcanza los picos de Luz silenciosa ni Post tenebras lux pero que aún puede proponer ideas, contradicciones, observaciones sobre un mundo que él conoce muy bien.