15 años del Grupo Alejandría: entrevista a Clara Anich, Yair Magrino y Jimena Rodríguez

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Como todo cumpleaños de 15, el de Alejandría tiene un significado especial. En todo este tiempo, el grupo organizó una enorme cantidad de eventos culturales, recorrió cientos de kilómetros llevando la literatura, y armó redes que conectaron escritores, libreros, editores y un público que los sigue a todos lados. Hay mucho para festejar, y el encuentro será el 10 de abril, en el Club Cultural Matienzo.

Charlamos con Clara Anich, Yair Magrino y Jimena Ruth Rodríguez que, superamables como siempre, nos transmiten esa pasión alejandrina que se nota en todo lo que hacen.

¿Cómo era el Grupo Alejandría 15 años atrás y qué quedó de aquellos comienzos?

Clara: Creo que muchas cosas permanecen: seguimos siendo un grupo de escritores y de amigos, seguimos siendo un grupo abierto, horizontal que excede a quienes hoy lo conformamos, que está abierto a la pluralidad de voces, que sigue invitando gente que no conoce y a la que nunca le vimos la cara, que no que se queda en el ciclo sino que sigue haciendo gestión. Pero por suerte, hubo otras cosas que soltamos, como la frecuencia, organizar las fechas sin la rigurosidad del cronograma, sino bajo la ley del deseo.

Hay ciclos y grupos que se sostienen en el tiempo, pero otros quedan en el camino. En el caso de ustedes, ¿qué es lo que permitió esta vigencia de tantos años?

Yair: Grupo Alejandría siempre fue una usina de proyectos. El ciclo es una herramienta más para contribuir a la difusión de la literatura. Hemos sido bastante inquietos y nos animamos a generar proyectos que van en esa línea. Coordinamos concursos literarios durante algunos años, armamos ciclos de charlas y debates alrededor de la literatura digital. Desde hace un tiempo, estamos llevando dos proyectos que nos entusiasman mucho: Clases magistrales, un proyecto en el que la idea es que actores reconocidos de la industria del libro y afines (autores, editores, gestores culturales, abogados, académicos, etc.) expongan su experiencia, las problemáticas para poder tener un pantallazo completo de lo que implica el sector. Y el otro proyecto es el Mapa literario, que conserva la energía primaria del ciclo, es decir, tender puentes entre escritores y lectores. En este caso, llevamos el ciclo al interior, armamos convocatorias de autores locales e intentamos llevar autores reconocidos a diferentes lugares donde no suelen tener acceso. Estuvimos en Gualeguaychú, en Junín, en 9 de Julio, en Mar del Plata, en Pergamino, en Montevideo, en Santiago de Chile. La idea es seguir tendiendo puentes cada vez más largos.

Este salir de nuestra ciudad y recorrer diferentes lugares es una característica de ustedes como grupo. Más allá de esa idea de integrar, ¿con qué objetivos se plantean estas salidas?

Jimena: El objetivo es el mismo que en el fondo motoriza todo lo que hacemos y es compartir la literatura: lo que escribimos, lo que leemos, y seguir ampliando ese horizonte de autorxs y lecturas que nos gustan. Todas las experiencias que tuvimos fueron muy gratificantes, y en la mayoría de los lugares que visitamos descubrimos que la actividad de Alejandría generaba un montón de cosas, más allá del evento o la lectura puntual que a lo sumo dura un par de horas. No sé si lo planteamos como un objetivo desde el principio, pero en la práctica es lo que fue ocurriendo. El espíritu siempre fue intercambiar experiencias y alentar a otras personas a que armen sus propias movidas, que ellos mismos empiecen a tender sus puentes. En Junín, por ejemplo, después de nuestra visita se armaron grupos de lectura con personas de pueblos aledaños, y una editorial armó una antología de la zona. Sabemos que la Biblioteca de 9 de julio, que está relativamente cerca de Junín, hace un gran trabajo en ese rubro también, y empezaron a cooperar entre ellos y a participar mutuamente de las actividades que propone el otro. Cuando nos enteramos de estos cruces, sentimos que el proyecto Mapa literario toma un vuelo que no nos habíamos imaginado o, al menos, no tan rápido. Por eso, lo de la Asociación Civil nos llega en el momento justo; hace un tiempo que venimos reflexionando sobre nuestro compromiso social como grupo y la manera en la que queremos encarar los proyectos a partir de ahora.

Todo el país vive una gran crisis, y la cultura no puede ser ajena, ¿qué hacen ustedes en este contexto cuando los recursos con que cuentan no alcanzan para llevar a cabo sus propuestas?

Yair: Creo que, sin decirlo, los tres tenemos en mente llevar a cabo los proyectos que planificamos, como sea. Alejandría siempre se manejó con presupuestos inexistentes o escasos, salvo excepciones. Estamos, de algún modo, acostumbrados a trabajar en terrenos de escasez. Hay dos variables que influyen en los proyectos: dinero y tiempo. Sin dinero, todo tarda un poco más, pero lo hacemos. En eso, nuestra voluntad es infranqueable. Estamos buscando nuevos modos de hacer las cosas. Es fundamental ser creativos. Entre nosotros decimos que estamos trabajando para poder trabajar.

La celebración que se viene promete ser a lo grande, ¿cómo fue la previa de la preparación?

Jimena: Nos venimos preparando desde el año pasado. Hace meses venimos pensando de qué manera recibir los 15 años y, a la vez, anunciar lo de la Asociación Civil que para nosotros es un paso enorme y otro gran motivo de festejo. Tenemos cadenas de mails larguísimas, charlas interminables de whatsapp, planillas, reuniones, archivos, etc. Muchas veces charlamos qué significaban estos 15 años. No solo para nosotros, sino también qué había pasado en la literatura. De esos encuentros salieron un montón de ideas, pero la que más nos entusiasmó –un poco porque creemos que refleja el espíritu alejandrino de compartir y abrir el juego siempre, y otro poco porque la situación financiera del país nos apretó más de lo que esperábamos (casi te diría que nos estranguló) y tuvimos que aflojarle con el flash– fue la de homenajear el trabajo de todos estos años convocando también a otros referentes del ámbito literario, y especialmente, a otros ciclos de lectura –los más nuevos y los clásicos–, que también generan y generaron espacios como nosotros para practicar algo que en lo cotidiano es cada vez más difícil: escucharnos.

¿Cómo escritores cómo ven la paradoja de que tenemos muchas editoriales -y se siguen sumando- y un mercado tan difícil para vender los libros?

Yair: Argentina debe ser uno de los países con mayor bibliodiversidad en el mundo, y es algo para festejar y que debería ser fomentado desde las políticas culturales. Eso no ocurre, y las editoriales pequeñas y autogestivas están libradas a cierta violencia y desigualdad del mercado. Hay una pluralidad de proyectos que necesariamente enriquecen la oferta. Sería por demás interesante que puedan sostenerse. Pero por otro lado, esta atomización del mercado editorial produce tiradas tan pequeñas que invisibiliza todo este trabajo valioso que se está haciendo. Y en este contexto recesivo, las tiradas se achican, los títulos que se publican son menos…, y de este modo, solo pueden resistir quienes tienen más espalda financiera. Hay un problema de base que no se ataca desde las políticas culturales: la generación de nuevos lectores. Es fundamental empezar a crear el hábito de la lectura en las nuevas generaciones (sin importar en qué soporte lean). Hay una base de lectores que se viene achicando. Hay un proyecto de crear el Instituto del libro que regularía ciertas políticas nacionales con respecto a la industria. Lo tiene el cine, el teatro. Sería lógico que la literatura tuviera uno. Personalmente, creo que se queda un poco corto, pero ante el desamparo que se está viviendo en esta materia, es un proyecto que podría aliviar cierto ahogo del sector.

AleMiércoles 10 de abril, 20.00 h; Centro Cultural Matienzo, Pringles 1249; Entrada gratuita.

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