Entrevista a Luis Caro: letra, música y arte

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Luis Caro tiene una consolidada relación con la música; en especial con el folclore. Acaba de lanzar su nuevo libro País semejante, en una bella edición donde las letras de la música popular se reúnen con las ilustraciones de valiosos artistas y donde se incluyen textos de destacados escritores y periodistas. Conjuntamente, ha lanzado su disco homónimo que se presentará el sábado 13 en Café Vinilo. Aquí nos habla de todo lo que ha hecho para llegar a este momento.

¿Cómo fue que te lanzaste a hacer este trabajo casi de investigación antropológica de nuestro folclore?

Mi relación con la música folclórica argentina comienza en mi niñez. Fui alumno de Lito López, músico correntino. Mi formación musical aborda casi todos los géneros del folklore. Y esta curiosa diversidad la marcó Mar del Plata, que fue la vidriera del llamado boom del folclore de los años sesenta. Todos los grupos y solistas provincianos hicieron largas temporadas aquí y luego algunos maestros se quedaron también a vivir. Adolfo Ábalos, Canqui Chazarreta, Tito Segura, Raúl Carnota, Alberto Merlo. Notables maestros de distintas vertientes: norteños, litoraleños, cuyanos y sureños. Tal vez el origen de la diversidad de géneros sea la característica más particular del trabajo investigativo.

¿Qué otros géneros abordas?  

El folclore y la canción latinoamericana han sido sin duda el otro género que más trabajé. En esta cuestión, tiene que ver mucho la historia personal. Yo viví el exilio de los setenta en varios países sudamericanos. Tuve la fortuna de conocer formas musicales, compositores y grandes maestros como Chabuca Granda, Nicomedes Santa Cruz, Alí Primera, Los Jaivas, Polo Campos, Sara González, Pedro Luis Ferrer y tantos otros. De todos y tantos aprendí, de todos absorbí.

¿Los arreglos del disco tienen algo que ver con el jazz? ¿Cómo ves esta fusión de géneros?  

Cultivar la fusión está buenísimo. Cuando regresé a la Argentina en los ochenta me relacioné con músicos de jazz. Aprendí de ellos, básicamente a escuchar, que es como a la literatura, leer. Es importante escuchar. Alejandro Herrera, Jorge Armani, Javier Puyol, Sebastián Del Hoyo, Alfredo Facciolo. De todos aprendí. Les estoy muy agradecido. Ahora bien, fusionar no es sencillo. Necesitás mucho equilibrio y conocimiento del género que querés recrear.

¿Cuál es tu experiencia como músico callejero en Mar del Plata, Buenos Aires y España?

Mi experiencia como músico callejero está más relacionada a Europa. España toda, Italia, Grecia y Reino Unido básicamente. Fue y es la experiencia artística más hermosa que he podido realizar. A partir de ella, leí mucho al antropólogo Marc Auge que nos habla del No lugar. La posibilidad de realizar performances en lugares no convencionales y luego, en mi caso, poder escribir esas experiencias. De este trabajo quedaron tres libros: El Rastro, relatos del metro de Madrid (2003), Morales Moralitos (2012) y Crónicas de Busking (Londres 2015).

¿Cuáles son tus últimos proyectos dedicados al arte y a lo social?  

Quisiera recorrer y tocar el próximo año los campos de refugiados que hay en Europa. Hay mucho dolor, hay mucha necesidad afectiva que la música puede mitigar y hay mucho abuso de los poderosos para denunciar.

¿Cómo diste con los músicos que actualmente te acompañan en este disco?  

Los músicos que me acompañan son familia en el sentido real y poético de la palabra. Mi hijo Juan es baterista y productor. Su amigo del alma, Fermín Ferraris, pianista y arreglador y Nico Pasetti, hijo de un amigo marplatense. Son egresados de la Facultad de Bellas Artes de La Plata en la carrera de música popular. Además de ser talentosísimos tienen sus propios proyectos. Con ellos grabamos también Mareas (2016), mi trabajo anterior.

¿Cuál es el origen del nombre País semejante?  

País Semejante refiere a un país que se atrevía a pensar en el Otro. La Otredad. El reconocimiento del Otro como un individuo diferente y a la vez prójimo. Un país que perdimos en la última dictadura militar y que aún culturalmente no pudimos recuperar. El formato libro/disco es conceptual y comparte claramente la estética con otras disciplinas.

¿Cuál fue el criterio para seleccionar las canciones, citas literarias y obras de artistas plásticos en el libro?  

Los artistas plásticos que se fueron reuniendo forman parte de lo que yo llamo Ministerio de los Amigos. Las citas poéticas tienen que ver con mi pasión por la poesía. Entre los años 80 y 90 musicalicé la poesía del poeta Juan Gelman. Y las canciones fueron seleccionadas de manera subjetiva y caprichosa. Hice lo que pude.

¿Qué tenés pensado para el show del sábado 13 de abril en Café Vinilo?  

Para la presentación de Vinilo me gustaría sonar como el disco, como debería ser el “vivo”. Que estemos ajustados y felices con el grupo. Ninguna pirotecnia, ningún humo, ni chistes fáciles. Quisiera, como dice Enrique Symns, no caminar por los bordes de lo decadente, de lo previsible.

¿Cuál es tu mirada del lugar que ocupa la música popular históricamente en nuestro país?  

Soy pesimista con respecto al lugar que ocupa la música popular en nuestro país. Absolutamente. Habrá que pensar primero qué tipo de país queremos los argentinos. Con la penosa realidad sociopolítica que vivimos no se me ocurre pensar qué lugar ocupa o merece el arte. Simplemente expresar y más expresar, hacer arte con lo que tengamos a mano. Un martillo, una gomera, un dolor, una viola, una esperanza.

¿Cuál es tu vinculación con el teatro?  

Me inicié en los talleres de la Comedia Marplatense que dirigía Gregorio Nachman. Amo el teatro. Trabajé con el titiritero Matías Rodríguez siete años. Fui músico en escena, actor, telonero, cafetero y arreglé también alguna butaca. Ahora digo que escribo teatro, que actúo, que armo la puesta. No sé bien. Es un gran amor el teatro. Es una obsesión. La música, el teatro. Tal vez hayan sido la herramienta o un intento desesperado para contar la historia de mi generación. La generación que más caro pagó la utopía de construir un mundo mejor.

Luis Caro en vivo